Pese a que el Ejército decretó toque de queda tanto para Santiago como para Valparaíso con el objeto de controlar las protestas violentas que estallaron el jueves en protesta por el alza del metro, cientos de chilenos desafiaron a la autoridad militar y política la noche del sábado y madrugada de este domingo. El ministro del Interior del Gobierno de Sebastián Piñera indicó 716 personas se encuentran detenidas, 241 de ellas por no respetar el decreto que impide la circulación y que estuvo vigente en la capital entre las diez de la noche y las siete de la mañana. El ministro del Interior, Andrés Chadwick, informó de al menos tres fallecidos y un herido de gravedad, que tiene el 75% del cuerpo quemado, en medio de un saqueo de un supermercado en el municipio de San Bernardo, en el sur de la capital. En medio de un operativo militar en una zona popular del sur de Santiago, en tanto, resultaron heridas de gravedad otras dos personas.

Los helicópteros desde anoche sobrevuelan Santiago de Chile, controlado por unos ocho mil militares. En este momento, otras cuatro regiones del país se encuentran con estado de emergencia, que implica restricciones a la libertad de traslado y de reunión a los ciudadanos: Valparaíso, Biobío, Coquimbo y O’Higgins. No es claro si el toque de queda se ampliará para la noche de este domingo en la capital y en el resto de las ciudades, donde se han registrado incidentes violentos. En el puerto de Valparaíso hubo ataques al comercio, estaciones de metro y la sede de El Mercurio de Valparaíso –el periódico de mayor antigüedad en lengua castellana– fue incendiada. En todo el país se vive una situación compleja, a la que la ciudadanía no está acostumbrada, salvo por desastres naturales. Algunas aerolíneas cancelan sus vuelos, supermercado y centros comerciales han decidido cerrar por razones de seguridad, se han registrado cortes de luz y la gente busca los comercios abiertos para abastecerse de alimentos.

La última vez que se había decretado el toque de queda en Chile fue en 1987, en los últimos años de dictadura. A diferencia de entonces, la ciudadanía parece no tenerle temor a la autoridad militar. Cuando a las diez de la noche comenzaba a regir el decreto en la capital, cientos de personas seguían manifestándose en las calles pacíficamente, con cacerolazos. Incluso en zonas acomodadas de Santiago, como Providencia, La Reina y Las Condes. En paralelo, las protestas desbordadas: en diferentes lugares del país, saqueos de supermercados y grandes tiendas, donde la gente robaba tanto alimentos como electrodomésticos. Circula una explicación: quienes lideran las protestas son menores de 30 años, que no vivieron el régimen militar (1973-1990) y, por lo tanto, no le temen.

Las medidas que pueda tomar el Gobierno de Sebastián Piñera este domingo serán cruciales. Aunque el presidente anunció anoche que suspendería el aumento del pasaje del metro –que había subido de 800 a 830 pesos (1,13 a 1,17 dólares)– y que convocaría una mesa de diálogo “amplia y transversal” para encontrar respuestas a “demandas tan sentidas como el costo de la vida” de la ciudadanía, no parece cercana una solución al conflicto. Mañana, nuevamente un día laboral, se pondrá a prueba el funcionamiento de una ciudad, en buena parte destrozada: el metro de Santiago, orgullo de los chilenos por su orden y buen funcionamiento, presenta daños que llegan a los 300 millones de dólares, según han informado a las autoridades. Cerca de 2,8 millones de usuarios lo utilizan diariamente y todavía resulta impredecible el funcionamiento de la ciudad con enormes dificultades de transporte.

Las protestas han marcado un punto de inflexión para toda la política chilena, que no ha sabido ni interpretar ni canalizar el descontento que emerge en forma de manifestaciones desde 2006 en adelante.




Fuente: El Pais

A %d blogueros les gusta esto: