Desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) se sigue el brote provocado por la listeria en España muy de cerca. Por ello, uno de los máximos responsables de este área en la institución, que dirige la gestión de la Red Internacional de Autoridades de Seguridad Alimentaria (Infosan) y coordina la Unidad de Evaluación y Gestión de Riesgos del Departamento de Seguridad Alimentaria y Zoonosis, analiza para A TU SALUD el proceso y los pasos dados hasta el momento, además de abordar cómo la bacteria está cobrando protagonismo en los últimos años.

-Desde la OMS, y a su jucio, ¿cómo cree que se está actuando en el brote de listeriosis que se desarrolla en nuestro país?

-Lo cierto es que se han ajustado a todos los pasos que se deben dar en este tipo de hechos, tanto en la comunicación internacional como en el control del origen de la bacteria. Estamos ante un episodio bastante diferente de los que estamos acostumbrados a ser testigos. Se ha encontrado el foco de la infección por listeria y, por ahora, los pacientes están siendo bien localizados.

-¿Cuáles son los pasos más importante en este tipo de alertas?

-Son bastante simples, pero no siempre se consiguen todos en un corto periodo de tiempo, como en el actual, porque los casos aparecen de forma esporádica y no por goteo. En cualquier caso, hay que identificar la cepa bacteriana y cuál es su origen y sus administraciones lo han hecho con diligencia. Después hay que asegurarse de que no queda ningún producto contaminado en el mercado a disposición de los consumidores –al cierre de esta edición, además de la carne, se apuntaba a otros alimentos como chorizos como fuentes de contaminación por listeria–. Además, hay que apuntar el tratamiento de los pacientes identificados y comunicar el problema a nivel internacional para que todas las agencias estén en alerta y sepan que pueden encontrarse con casos importados. En el caso de España, no hay problema de exposición internacional, pero los turistas que hayan visitado la zona puede haberse «llevado» la listeria y desarrollar la infección ya en su país de origen, hasta 60 días después. Por eso, resulta clave la identificación de la cepa.

-¿Qué es lo que le queda a España por comunicar?

-De momento, sólo tiene que enviar la caracterización molecular, genética, de la cepa para poder identificarla. De este modo, podemos saber si tiene “antecedentes” en otro país, ya esté cerca o lejos, y si es de las formas que más circulan o no. Además, servirá para contabilizar bien los casos de ese brote, aunque se den fuera de las fronteras. Un análisis de la infección en sangre puede revelar si es la misma o no.

-¿Por qué es un brote atípico?

-Porque no se ha producido poco a poco, sino que ha sido en bloque. Normalmente, los casos se dan esparcidos en el tiempo, lo que complica la búsqueda del foco. Y sólo con el paso del tiempo y el cruce de datos se encuentran las respuestas claves que necesitamos para acotar el brote. Porque desde que los afectados consumieron el producto hasta que desarrollaron los síntomas puede haber un espacio de tiempo de hasta 60 días. En España esto ha sido bastante sencillo porque había muchos casos al mismo tiempo y recordaban qué habían comido y se identificó rápido el foco de la contaminación. Además, podemos observar que están afectados todos los grupos de riesgo que se contemplan. Incluso, personas sanas que debido a la exposición alta de la bacteria han acudido al hospital.

-En una revisión de datos de la Unión Europea se apunta a que hay un crecimiento importante de la incidencia de brotes provocados por esta bacteria. ¿Han observado a qué responde?

-Sí, hemos analizado por qué cada vez hay más casos. Estamos ante un problema que tiene varias vertientes: por un lado, están las personas que sufren la infección, pero cuyos síntomas no son muy graves y no acuden a un centro hospitalario donde se identifique la cepa; por otro, nos encontramos con que la población de riesgo candidata a padecer la versión más virulenta es cada vez más numerosa. La sociedad cuenta con más personas mayores de 65 años, con enfermedades de base –cardiovasculares, diabetes…–, inmunodeprimidas, en procesos oncológicos… Y junto a todas ellas, todas las mujeres en su etapa de gestación, y los recién nacidos y los niños de corta edad.

-¿Quiénes deben prestar especial atención a este tipo de bacterias?

-Los anteriores mencionados. Hay que hacer mucho trabajo de educación en el apartado de alimentación, pues nos estamos descuidando un poco y debemos extremar el cuidado para evitar este tipo de procesos.

-¿Cómo se puede evitar esto y qué medidas deben ser básicas?

-Hay que cuidar la conservación y vigilar los productos que se consumen. Un ejemplo claro se da con la leche cruda –una forma de consumo de este producto lácteo que se ha malentendido como natural–. Se han dado casos graves en algunos países, como Estados Unidos.

-Dado que tenemos ya muchos problemas de microorganismos resistentes a antibióticos, ¿podría convertirse la listeria en una de ellas?

-De momento, no. Son más resistentes otros virus, pero nos mantenemos en alerta para poder evitar que surja esta posibilidad en un futuro próximo.




Fuente: La Razón