Jesús Martínez, jardinero jubilado de 55 años, es uno de los vecinos de Cadalso afectados por el incendio. En el vídeo, imágenes del incendio. Foto: ULY MARTIN / Vídeo: ATLAS ATLAS

“Empiezo a creer en los milagros”. Jesús Martínez, un jardinero jubilado de 55 años, todavía no sabe cómo su casa sigue en pie. No es para menos. En su porche, donde todavía tiene una mesa de hierro y un par de sillas desvencijadas, tres bombonas de gas siguen intactas junto a la escalera. Una llena y dos vacías. “Con eso es suficiente, podría haber saltado todo por los aires”, cuenta desde el jardín de su pequeña parcela, situada junto al vivero de Cadalso de los Vidrios (3.000 habitantes, cerca del embalse de San Juan), uno de los pueblos, junto a Cenicientos, más afectados por el fuego originado en Toledo el pasado viernes y que pasó en cuestión de horas a los pueblos colindantes de la comunidad de Madrid, una zona de alto valor ecológico donde se ha registrado el que ya es el mayor incendio en la región en lo que va de siglo -en cuanto al número de hectáreas quemadas: 3.300 aproximadamente-. Dos de los tres focos del fuego han sido ya controlados.

La calle de tierra por la que hay que pasar para llegar a la casa de Martínez alterna zonas verdes -las que se han salvado milagrosamente- y el negro desolador del rastro del fuego. Las paredes de su hogar siguen blancas, intactas. Pero sus árboles se han teñido de ceniza. Ni el pino, ni la mimosa, ni los tres membrillos o el níspero han sobrevivido. Tampoco las cuatro gallinas que vivían en su patio, muertas “por la asfixia del humo”. No pudo salvarlas porque el viernes por la tarde se fue a pasear con su perro Golfo y ya no pudo volver a entrar. “Lo debieron pasar fatal”, se lamenta. Él fue uno de los 2.000 evacuados por las autoridades, pero se quedó en la calle con su perro durante toda la noche porque no podía dormir en el polideportivo que habilitaron para los vecinos,“con la que estaba cayendo”. Vive en esa casa de alquiler desde febrero de 2018, justo cuando adoptó a Golfo, y cuando decidió huir “de la locura de Madrid”. “Esto era maravilloso, un remanso de paz, pero ahora me levanto por la mañana y las vistas son deprimentes”. Justo en la parcela de enfrente, donde el jueves veía olivos y muchas brozas, “tantas que no podía distinguir bien qué tenía enfrente”, todo quedó arrasado en cuestión de horas. “Esa parte es de un señor mayor que no viene nunca y llevaba sin limpiarlo la tira de tiempo. Por eso se ha quemado todo. Debería ser obligatorio limpiar las brozas de tu parcela para evitar estas cosas”.

Raquel Cordero, de 23 años, sí decidió ir al polideportivo a descansar junto a sus padres y su hermano de 16 años, con los que vive, también en Cadalso de los Vidrios. Llevaba despierta más de 24 horas, absorta por lo que veía alrededor, cuando el sábado por la noche escuchó por megafonía que debían salir pitando de casa. “Llevaba un día sin dormir, viendo lo que pasaba por la terraza de mi casa. Desde ahí se ve la sierra y Cenicientos, y enfrente la Lancha de la Osa”. Aterrada, vio cómo iba prendiéndose la zona de las canteras, cómo subió hasta la peña, y cómo, sobre las 2.30 y las 3.00 de la mañana, empezó a arder el pico y las llamas bajaron hacia el pueblo. “Era un volcán. Caían presas, el humo era súper intenso y yo no paraba de llorar. Amo el campo, es nuestra seña de identidad, y daba mucho miedo”.

En la misma calle, María Maroto, de 55 años, todavía se pone a temblar pensando en la evacuación. Pasó miedo, sí, pero sobre todo está agradecida a su vecina Saida, alias La Morita, como la llaman en todo pueblo –“porque ella quiere, eh”- que fue la que aporreó las puertas de su piso para que su marido Antonio y ella se despertaran a las 2.30 de la mañana. Maroto se vistió con lo primero que encontró y agarró su joyero y una pequeña caja fuerte y salió escopetada. Se dejó la documentación, eso sí. Pero nada importante. “Yo ya tenía la mosca detrás de la oreja. No nos habíamos ido antes porque mi marido no quería y como llevábamos muchas horas sin dormir, cuando nos acostamos caímos en un sueño profundo. Si no llega a ser por La Morita, que es amiga de mi nieta, no lo cuento, me hubiera asfixiado por el humo porque como hacía tanto calor dormíamos con las ventanas abiertas”, cuenta desde el bar Nómadas, donde trabaja su nieta Natalia y desde donde intenta llamar por teléfono, sin éxito.

Dos repetidores de Telefónica se quemaron el viernes y casi todo el pueblo se ha quedado sin cobertura. Conectarse con el mundo exterior, “para decir que estamos bien”, o sacar dinero es una tarea prácticamente imposible en Cadalso este lunes. Y pagar con tarjeta también. El dinero en efectivo es un valor en alza para ir al supermercado a por comida o al bar a tomar una botella de agua, que escasean también.

Alberto Fernández, vecino de Las Rozas de Puerto Real con su ganado. ULY MARTIN

A seis kilómetros, en Las Rozas de Puerto Real (unos 530 habitantes), han tenido más suerte con las comunicaciones, aunque el miedo que provocó el fuego fue similar. Alberto Fernández, de 18 años, es ganadero por vocación y en cuanto cumplió la mayoría de edad se hizo autónomo. Ya es dueño de 70 vacas y seis caballos. “Para mí esto es mi vida”, explica junto a su rebaño. Cuando vio el fuego en la lejanía, el viernes, hizo piña con el resto de ganaderos de su pueblo, como Cristian Navidad, de 33 años, y se trasladó a Cadalso “a ayudar en lo que pudiéramos”. Navidad dejó a su novia, embarazada de tres meses, en casa de sus padres y se fue a echar una mano en todo lo que pudiera. “Es alucinante, todo el mundo, de un sitio y de otro, se ha volcado muchísimo para ayudar. Desde el primero hasta el último”, agradece Fernández. Lo dice con conocimiento de causa, pues el auxilio se intercambió con el paso de las horas. Las rachas de viento desplazaron las llamas hacía donde pastaban sus vacas en una finca alquilada en Las Rozas de Puerto Real y, de madrugada, empezó un traslado por carretera a vida o muerte. “Tuvimos que entrar a pie, porque con el camión era peligroso, así que las atamos y las guiamos hacia el centro del pueblo”. Ahora descansan a salvo junto a dos ovejas que se encontraron por el camino. “Si alguien las busca, ya sabe que están aquí. No las íbamos a dejar por ahí sueltas”.

Fuentes de la Comunidad de Madrid han confirmado que las condiciones han mejorado este lunes por la noche y que esperan atacar el incendio en las próximas horas. El único foco activo está en Peña de Cenicientos. Ante la nueva situación, los efectivos han bajado de 500 a 350, entre bomberos, brigadas forestales y agentes de la la Unidad Militar de Emergencias (UME). La alerta se ha reducido y el fuego ha dado un respiro. La desolación por el paisaje tardará en irse.

Fin a un lustro sin incendios graves en la Comunidad de Madrid

F. J. Barroso

No es la primera vez que arde la zona comprendida entre Almorox y Cadalso. Al contrario que este año, en 2002 el fuego comenzó en el vertedero de Cadalso, situado en la carretera M-507, en Cadalso de los Vidrios, y se propagó con rapidez por tres frentes distintos, hasta llegar a Almorox. Ardieron casi 700 hectáreas en total. Un año después fueron pasto de las llamas otras 400 hectáreas de monte en Navas del Rey. Agosto de 1999 fue otro momento trágico para el bosque madrileño. Ese mes se quemaron 500 hectáreas en el Monte Abantos, en San Lorenzo de El Escorial. Fue necesario desalojar a más de 80.000 personas.

Con este incendio, que comenzó el viernes por la tarde en la localidad toledana de Almorox, y que ha calcinado ya más de 3.300 hectáreas (800 en la Castilla-La Mancha y 2.500 en la Comunidad de Madrid) se cierra la racha de un lustro sin incendios graves en la región. Supera en extensión al incendio de agosto de 2012, que arrasó más de 1.800 hectáreas de los términos municipales de Robledo de Chavela, Valdemaqueda y Santa María de la Alameda, el peor de los últimos 20 años hasta ahora. El intenso fuego obligó a desalojar a 2.000 personas de cinco urbanizaciones, entre las que se encuentraban los residentes en un geriátrico de la zona.

Fuentes de la Comunidad de Marid han confirmado que dos de los tres focos de que consta el fuego han sido ya controlados, por lo que se puede reducir el nivel de peligrosidad, según recoge el Plan de Incendios Forestales de la Comunidad de Madrid (Infoma)., En la actualidad están trabajando cuatro hidroaviones del Ministerio de Medio Ambiente y 10 helicópteros que están atacando en especial la zona de Peña Cenicientos. Esta zona tiene un altísimo valor ecológico y se ha podido salvar un nido de águila imperial, con dos huevos, que corría peligro.

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Fuente: El Pais

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