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Loewe encuentra su equilibrio perfecto | Estilo


Ya lo advertía JW Anderson tras presentar este viernes su colección primavera-verano 2018 para Loewe en la Semana de la Moda de París: “Todo gira en torno a las proporciones”. Y al hablar de su propio trabajo lo hacía también, consciente o inconscientemente, de los últimos desfiles de la cita francesa y, en general, del momento que atraviesa la industria del lujo. Intentar conciliar ambiciones creativas y exigencias comerciales constituye un ejercicio tan antiguo como la costura misma. Pero esta temporada se percibe un mayor empeño por encontrar este equilibrio a través de prendas básicas, sencillas, esenciales que, a su vez, refuerzan la corriente minimalista preponderante en la pasarela. Desde el experimental Anderson hasta la mujer que mejor desarrolla el chic funcional, Isabel Marant, pasando por el siempre romántico director creativo de Nina Ricci, Guillaume Henry.

“Vengo de desfilar en Londres con mi propia marca y el planteamiento inicial era reducir todo a lo esencial”, adelanta Anderson. “Además, desde que presenté mi colección de hombre en Florencia estoy obsesionado con la idea de que, a veces, las cosas más normales son las más perturbadoras”. También las más vendibles. Por un motivo o por otro —o debido a ambos— el británico decidió incluir en su colección piezas de más fácil digestión. Empezando por una sencilla camiseta blanca que combina con pantalones de esmoquin negros, hasta una serie de sudaderas y vestidos de algodón estampados con el logo de la marca y rematados con flecos que parecen sacados de una trituradora de papel. La clave de una colección tan sugerente como retadora está, una vez más, en la proporción: en la armonía entre estos diseños y los retorcidos patrones que Anderson defiende. El creador recurre a la asimetría, el contraste entre tejidos y los cortes inesperados para “reconfigurar” una colección que él mismo define como de “prendas clásicas”. Junto a ellas, y ante invitados como Maria Grazia Chiuri, directora creativa de Dior, ha presentado un nuevo bolso reversible, el Gate, junto a dos modelos de zapato con, a priori, poca salida comercial: unas deportivas con punta inspiradas en las babuchas marroquíes y unas “botas dinosaurio” decoradas con púas triangulares.

En Loewe, el juego de escalas definió incluso la escenografía del desfile. Las diminutas esculturas del artista londinense Mo Jupp compartían espacio con enormes tapices que reproducían fragmentos hiperampliados de la próxima campaña de publicidad de la marca, firmada por el fotógrafo Steven Meisel. “Es una metáfora. La ropa tiene un peso cada vez más pequeño en los medios e incluso en algunos sectores de la industria de la moda”, explica el diseñador.

Temporada tras temporada, Virgil Abloh, responsable de Off White, va rebajando la intensidad deportiva de su marca para abrazar un discurso más convencional, aunque sin perder de vista a su máximo referente y musa: Kim Kardashian, celebrity global, instragramer con 100 millones de seguidores y esposa del rapero Kanye West, con el que Abloh colaboró durante más de una década en el diseño de las portadas de sus discos, escenarios y hasta merchandising. La influencia de Kardashian se hizo especialmente evidente en la última parte del desfile, cuando el diseñador de Chicago sacó a la pasarela varios pantalones ciclistas, su prenda favorita. La top Naomi Campbell cerró el desfile luciendo unos color carne bajo una americana de acabado arquitectónico. Una diva interpretando a otra. Toda una ironía que la colección se llamase Natural woman (mujer natural).

También Guillaume Henry incorporó los pantalones ciclistas a la marcial “pero poética” colección que presentó este viernes. En el Hotel de Los Inválidos, frente al templete que alberga la tumba de Napoléon, el director creativo de Nina Ricci hizo desfilar a una legión de mujeres ataviadas con sombreros de gendarmes y hombreras de gala. Las referencias castrenses pronto se tradujeron en faldas-saharianas, guardapolvos de doble abotonadura y casacas de corte regio. La inspiración no fue ningún conflicto colonial, sino “El Quijote”.

Sin prisa, pero sin pausa, el diseñador francés ha ido definiendo la nueva identidad de esta centenaria marca, epítome del chic parisino. Entre sus códigos más reconocibles está el uso de los colores pastel, aunque Henry asegura que se trata de una elección más espontánea que premeditada. “Cuando planteo cada colección no sigo tendencias, pienso en todas las prendas que debería tener el armario de una mujer contemporánea. Por eso utilizo mucho negro y azul marino, pero también tonos que me recuerdan a un día radiante”, argumenta. Entre las piezas que componen este guardarropa se encuentra algún alocado vestido de plumas, interesantes monos de un solo tirante y una serie de amplias gabardinas, que el diseñador ha convertido también en seña de identidad de la casa.

La de Isabel Marant es una mezcla entre funcionalidad, estética deportiva y una dosis variable de despreocupación bohemia. De nuevo, la proporción en la que combina estos elementos cada seis meses ha sido clave para consolidar su marca. Ligeramente más deportiva que en su colección de otoño-invierno, la francesa apuesta ahora por chaquetas toreras con enormes mangas farol, chalecos de plumas y aire retro y leggins. También para el hombre. Porque el jueves por la noche Marant presentó su primera colección masculina. “No es una propuesta transgénero, más bien unisex”, puntualizó la creadora. “Me gustan los hombres andróginos pero que al mismo tiempo son muy masculinos: David Bowie, Kurt Cobain, Mick Jagger… Por eso me atrae esa zona del armario en la que hombres y mujeres intercambian las piezas”. En su caso, de los vaqueros anchos a la sudadera. Básicos revisitados.

Miyake para todos

Las modelos en el desfile de la firma Issey Miyake, este viernes en París.
Las modelos en el desfile de la firma Issey Miyake, este viernes en París. CHARLES PLATIAU REUTERS

Puede que con su estética casi marciana y sus estampados vanguardistas los diseños de Issey Miyake no parezcan aptos para todos los públicos. Pero la firma japonesa reivindica que sus vestidos mosaico —compuestos por centenares de teselas de algodón— y sus túnicas acordeón, que siguen los movimientos del cuerpo como si fueran una armadura articulada, favorecen a cualquier tipo de mujer y no solo al gremio de galeristas, que ha hecho de estas piezas su uniforme.

Para demostrarlo, la marca escogió un casting con modelos de distintas razas, edades y complexiones. Una necesaria oda a la diversidad dentro de una Semana de la Moda como la de París, en la que este viernes y por una vez, el canon de belleza dominante no fue el de las jóvenes blancas, rubias y delgadas.




Fuente: El país

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