Salud

Locura inducida II


Hace tres meses, en un conciso escrito que titulaba: “Locura inducida”, a raíz de los atentados de Barcelona y Cambrils, reflexionaba sobre el diagnóstico clínico de los terroristas que lo cometieron. Intenté poner de manifiesto lo que es una evidencia científica: que aquellos individuos, como los de París, Niza, Bruselas, Londres, Nueva York, etc, o los etarras del tiro en la nuca o el coche-bomba, son unos enajenados inducidos.

Su cuadro clínico corresponde al de la Paranoia Reactiva o Exógena, que a diferencia de la Endógena, no tiene una base constitucional, es adquirida. Sus delirios, inherentes a toda paranoia, pensamientos e ideas sin base real son crónicos, sistematizados, irrebatibles a toda argumentación lógica e inducidos. Se desarrollan y consolidan por unas circunstancias ambientales excepcionales que, actuando durante un espacio de tiempo muy dilatado, conducen al delirio crónico, a la paranoia reactiva.

Los paranoicos, salvo los muy deteriorados, generalmente endógenos, conservan la capacidad de razonamiento integra sobre cualquier tema o asunto que no tenga nada que ver con sus delirios.

Tres meses después de aquellos terribles sucesos que nos acongojaron a todos, aunque a día de hoy parece que solo existieron para los familiares de los muertos y que dieron lugar a mi escrito Locura Inducida, tengo que hacer unas reflexiones similares clínicamente, centradas también en Cataluña.

¿Se puede afirmar que muchos miles de catalanes o residentes en Cataluña, de los que dicen ser independentistas, tienen un delirio inducido? Rotundamente sí.

Sus pensamientos, sus ideas, sus convicciones, no tienen base real, son sistemáticos, irreductibles a toda argumentación lógica; parten de un sinfín de falsedades y mentiras identitarias, culturales, idiomáticas, represivas, históricas, geográficas y hasta matemáticas, insostenibles. Su origen está en la repetición machacona y constante de todas ellas, con premeditación y alevosía, o sea, mediante el adoctrinamiento total y excluyente por todos los medios de los predicadores interesados.

¿Tienen todos los independentistas este delirio paranoico? No. Los promotores no son paranoicos, son malvados retorcidos que mienten y falsean la realidad a sabiendas para inducir el delirio de los demás, hasta conseguir una masa de población, social la llaman ellos, en la que apoyarse para conseguir sus objetivos.

Todo el circo bufo que montaron con el referéndum del 1 de octubre y la DUI, que luego han negado todos, menos los huidos, ha servido para poner de manifiesto su catadura moral. Renunciaron a todos sus principios en cuatro días; cuando el Estado aplicó la ley y les cerró el grifo de las pelas, se cagaron las patas abajo, como los etarras cuando los detenían. Acatan la aplicación del opresor artículo 155, dicen que lo de la DUI fue una broma, o lo que haga falta con tal de salir del trullo.

Su tipología clínica-humana corresponde a la del fanfarrón, altanero, autoritario, prepotente y negrero, que mientras está en el poder, se considera inmune y sobrenatural. Desplazado del trono, no es más que un pelele gallináceo.

Los problemas derivados de este golpe de estado fallido e incruento, por ahora, no terminarán el 21 de diciembre. La paranoia inducida, los delirios inducidos, mejoraran mucho e incluso pueden desaparecer, simplemente apartando al sujeto de las circunstancias que desencadenaron el cuadro, suprimiendo los elementos provocadores. Pero el odio y la fractura social consiguiente, tan arraigados en mucha gente, no se revierte en cuatro días.

Probablemente estos impresentables y cobardes inductores volverán a contar con el apoyo, en votos y algaradas callejeras, de millones de ciudadanos, a los que han engañado, estafado y utilizado durante años, y se basarán en ese apoyo para volver a las andadas. Y sino, al tiempo.

Médico. Expresidente del Colegio de Médicos de Cáceres




Fuente: La Razón

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