Desde diseñar y crear prendas en función de algoritmos de búsqueda a producir unidades limitadas en función de los pedidos, la moda bajo demanda («made-to-order») se convierte en un formato que se abre camino, posicionándose como una ecuación ganadora para empresas y consumidores.

Problemas como la generación de grandes excedentes, la sobreproducción debida al modelo “fast fashion” en el que se produce moda casi constantemente, y el impacto medioambiental derivado de producir grandes cantidades son algunos de los problemas que escapan al modelo de producción por demanda que, con ayuda de las tecnologías y las redes sociales ya practican algunas marcas.

Saber qué prendas se llevarán cada temporada es un reto para las firmas, que meses antes comienzan una cadena de diseño y producción de la ropa que se verá en las tiendas y las calles. No todas las tendencias calan en el entramado social, y por el contrario, hay algunos “hits” que se renuevan temporada tras temporada, agotando existencias.

Prendas como el pantalón pitillo llevan varias temporadas en tiendas y en las calles desafiando el vaticinio de los expertos de morir en pos de otro tipo de siluetas, haciendo patente que el peso de la demanda es más fuerte que el de la oferta, incluso cuando esta llega de la mano de grandes inversiones publicitarias, frente a nuevos modelos que se incorporan cada temporada y acaban por convertirse en exceso de stock.

El modelo bajo demanda («made-to-order») es un sistema de producción en el cual se elabora solo aquello que se ha encargado de forma previa, a partir de un pequeño número determinado de pedidos, eliminando producir excesos de “stock” y que ya lleva un tiempo funcionando desde en pequeñas firmas como Maison Cléo hasta en gigantes como Nike, en su plataforma “Nike by you”.

A través de la creación de diseños realistas y customizables, los clientes pueden configurar cómo serían sus zapatillas ideales, eligiendo a la carta cada pequeño detalle antes de encargarlas. También en las nuevas tecnologías se apoya el software “PlatformE”, con el que firmas como Dior o el gigante del lujo Farfetch trabajan, gestionando la relación entre la firma y el cliente.

Otro software que sustenta este modelo es el de “Unmade”, con el que funciona la firma de calzado “New Balance” y que ofrece infinitas posibilidades de personalización de sus prendas, que los clientes pueden ver y probarse a través de gráficos en realidad aumentada.

Con el uso de las tecnologías como principal aliado, cada vez son más las firmas que optan por este modelo de negocio, como es el caso de Paynter, que produce únicamente tres modelos de chaqueta al año, cuya producción solo se lleva a cabo al alcanzar un número mínimo de pedidos.

La marca Olivia Rose The Label solo acepta pedidos en su tienda dos veces al mes, y gestiona todos los procesos de producción desde su taller en Edimburgo. En España, uno de los embajadores de este modelo es la firma Andión, cuyo taller se encuentra en un pueblo cercano a Santiago de Compostela, desde el que producen blusas en las que el cliente escoge el tejido.

También Loewe se suma a esta tendencia, en un apartado que ofrece la opción de personalizar algunos de los bolsos de su página web, a través de la elección de las pieles y también del tipo de asas o los elementos metálicos, además de escoger en una paleta de diecisiete colores.

Esta forma de producir, que es en realidad antigua y recuerda a los orígenes de la Alta Costura, realizada a medida y bajo pedido exclusivo de los clientes, encuentra en las nuevas tecnologías el compañero perfecto para realizar una producción mucho más eficiente y sostenible, evitando la sobreproducción.




Fuente: Agencia Efe

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