Como bien dice el título, Pedro Sánchez quiere presentarse en su libro como un “resistente”, como un político que en poco tiempo ha lidiado con todo tipo de obstáculos pero siempre ha caído de pie. Ese parece ser su principal capital político y Manual de resistencia no puede ser más oportuno: llega a las librerías en plena precampaña para el 28 de abril. Si el ciudadano quiere ir más allá del mitin y del eslogan, el texto le brinda la oportunidad de conocer más profundamente al presidente español. Eso sí, siempre, por supuesto, desde el sesgo del propio protagonista.

Sánchez narra su trayectoria desde finales de 2013, cuando decidió postularse para relevar a Alfredo Pérez Rubalcaba al frente de la Secretaría General del PSOE, hasta la moción de censura a Rajoy del año pasado. En estos cinco años, sus obstáculos han tenido nombre y apellidos: rivales políticos externos pero también los que le pusieron trabas dentro de su partido. De Mariano Rajoy a Susana Díaz, pasando por Pablo Iglesias, Carles Puigdemont o Felipe González, entre muchos otros. Con todos ellos parece querer ajustar cuentas el líder socialista, aunque sin especial rencor.






Mariano Rajoy

Si alguien se puede considerar el rival político de Sánchez durante estos años, este es Mariano Rajoy. Sin embargo, el presidente del Gobierno no es especialmente severo en el juicio a su predecesor en Moncloa. Sobre todo en el capítulo en el que relata como se gestó la moción de censura de primavera de 2018, Sánchez se esfuerza en subrayar que ambos se habían aproximado en lo personal y que, precisamente por eso, quiso darle la oportunidad de una “salida digna”.

“En los últimos meses, con motivo de la crisis de Estado en Catalunya, nuestra relación se había estrechado –explica Sánchez–. No me refiero ya a lo político, sino a lo personal”. Las muchas horas de conversación entre amos en “momentos muy difíciles para España” crearon un “clima de confianza”, describe el líder socialista. “En aquel momento, se me hacía duro, desde el punto de vista personal, plantear una moción de censura”, admite.


En los últimos meses, con motivo de la crisis de Estado en Catalunya, nuestra relación se había estrechado. No me refiero ya a lo político, sino a lo personal”


Sin embargo, hay algunos recados para el expresidente. No deja de ser curioso que el libro arranque con los primeros días de Sánchez en el Palacio de la Moncloa, en los que marca desde el principio diferencias con Rajoy. Y entonces se produce curiosa alusión al conocido gusto por Rajoy por la información deportiva . “Otra decisión inmediata que hube de tomar fue la relativa a los periódicos que recibiría a diario. Cambié la prensa deportiva por la prensa internacional”, explica Sánchez.





Tampoco faltan las alusiones a la poca iniciativa política que, a su juicio, Rajoy demostró en momentos clave. En los episodios de la crisis catalana, Sánchez se esfuerza en poner en contraste su voluntad de adelantarse a los independentistas a una actitud pasiva del exlíder conservador. Aunque reitera que existió clima de confianza, reprocha a Rajoy lo siguiente: “Un gobernante debe siempre anticiparse a los problemas, porque en política llevar la iniciativa es crucial para solucionar las cosas. Muchos españoles echamos de menos esa anticipación por parte de Rajoy, y así lo dije públicamente”.

Rajoy y Pedro Sánchez, durante una reunión en el Palacio de la Moncloa
(Dani Duch)


Susana Díaz

Más que una rival, Susana Díaz ha representado en estos años una suerte de archienemiga de Sánchez. Al menos, para muchos medios. No es que el presidente del Gobierno dedique muchas líneas en el libro a profundizar en los episodios en los que ambos rivalizaron por liderar el PSOE pero hay momentos en los que se le entiende todo. Puede comprenderse que Sánchez prefiera no hacer sangre pero, en todo caso, no deja de ser curioso que evite mencionar, por ejemplo, la acritud de aquel debate de primarias de 2017. “Tú problema no soy yo, eres tú”, le espetó en aquel entonces Díaz a Sánchez. Cero alusiones.





Susana Díaz –la mayoría de veces citada como Susana– aparece en el libro apenas unas 15 veces. Sánchez destaca sobre todo la conversación que ambos mantuvieron cuando él decide dar el paso para relevar a Rubalcaba. “Susana y yo mantuvimos una conversación franca y honesta. Entonces ella tenía muchos activos a su favor. Yo era plenamente consciente de sus cualidades y de los apoyos que concitaba entre los territorios, gran parte de la militancia y líderes autonómicos. Era una mujer con fuerza y empuje”, explica. En aquel diálogo, Díaz confirma a Sánchez que no se presenta, algo que le parece “razonable” al hoy líder de los socialistas. Posteriormente, niega la existencia de un pacto entre ambos para él fuera secretario general y ella, la candidata a la Presidencia del Gobierno.


Leí en la prensa la noticia del adelanto de las andaluzas. Algunos de mis colaboradores me habían dicho que ella lo estaba considerando y yo daba por seguro que me llamaría, cosa que no ocurrió”


Sin embargo, de especial interés es el momento en el que describe un primer distanciamiento con Díaz. Explica como el PSOE celebra una convención autonómica en Valencia un fin de semana y la presidenta andaluza se ausenta por enfermedad. “Su ausencia se convirtió en la noticia más importante. El lunes la vi en un acto público y me alegré mucho de su rápida recuperación”, describe suspicaz. “También por aquellas fechas leí en la prensa la noticia del adelanto de las elecciones andaluzas –continúa– Algunos de mis colaboradores me habían dicho que ella lo estaba considerando y yo daba por seguro que me llamaría, cosa que no ocurrió”.





Pero más allá de estos primeros momentos, Sánchez evita criticarla directamente y traslada sus reproches en genérico. Quizás el más claro sea éste: “Desde el principio tuve esa incómoda sensación de intruso. Mi victoria en las primarias de 2014 se produjo con el apoyo de la federación andaluza, y ya entonces percibí que algunos me respaldaban solo para ganar tiempo hasta que Susana ocupara mi lugar”.

Sánchez y Díaz exhibieron buena sintonía en su último acto juntos, un mitin de presentación de  la candidatura de Juan Espadas a la Alcaldía de Sevilla
Sánchez y Díaz exhibieron buena sintonía en su último acto juntos, un mitin de presentación de la candidatura de Juan Espadas a la Alcaldía de Sevilla
(Raul Caro / EFE)


Albert Rivera

Para Sánchez, hay dos Albert Rivera: el dirigente con el que pactó en 2016 para intentar ser investido presidente, y del que conserva una buena opinión, y el personaje que ahora representa uno de sus máximos opositores, del que llega a decir que “no es de fiar”. El libro certifica el divorcio paulatino entre ambos líderes, tanto en lo político como en lo personal. Precisamente esta semana se ha confirmado que el distanciamiento entre ambos es total y absoluto de cara a las elecciones del 28-A: Ciudadanos aprobó no pactar en ningún con el PSOE.





El primero fue el aliado del pacto del abrazo y Sánchez tiene un buen recuerdo, especialmente en contraste de un Pablo Iglesias del que recelaba. Así explica el líder socialista su primer encuentro franco con Rivera: “Nuestra relación resultó fluida y buena desde el primer momento. Enseguida lo vi como un hombre muy pragmático”. Y continúa: “Su actitud fue constructiva; vi su interpretación de los hechos y cómo comprendía la necesidad de cambio en aquel momento”.


Rivera empieza a contar a la prensa que yo no le he llamado porque quiero pactar con los independentistas. Intoxicación pura y dura. Después de haberse negado a verse conmigo, me acusa de no haberle llamado: el tipo de comportamiento que convierte a las personas en no fiables”


Pero el presidente del Gobierno se esfuerza en resaltar que ese Rivera no es el de hoy, un dirigente que, a su juicio, se ha situado más a la derecha que entonces. Así lo expresa en una ocasión: “Rivera y yo hablamos entonces de una reforma constitucional para alumbrar una España federal y eso entraba en su visión de España, mucho más progresista que donde se ha situado ahora”.

Y ese contraste se nota sobre todo en el segundo capítulo del libro, cuando Sánchez explica su versión de la moción de censura. El líder socialista resalta que se puso en contacto con Rivera para hablar de la moción y que éste le contestó que mejor hablaran los números dos de PSOE y Cs, José Luis Ábalos y José Manuel Villegas. Pero algo cambió, sigue Sánchez: “Ese mismo día, Rivera empieza a contar a la prensa que yo no le he llamado porque quiero pactar con los independentistas y romper España. Intoxicación pura y dura. Después de haberse negado a verse conmigo, me acusa de no haberle llamado: el tipo de comportamiento que convierte a las personas en no fiables”.





Pedro Sánchez y Albert Rivera, en el Congreso de los Diputados
Pedro Sánchez y Albert Rivera, en el Congreso de los Diputados
(Daniel Duch)


Pablo Iglesias

A Pedro Sánchez le ocurrió con Pablo Iglesias lo inverso que con Albert Rivera. Ahora lo ve como un aliado pero en el año 2016, su relación política y personal era más que fría. “Mi relación con Iglesias ahora es mucho más que normal, es fluida y cordial con complicidad. En cambio, con Rivera, con quien entonces fue fluida, ahora es complicada”, subraya Sánchez.

El líder socialista no escatima en reproches a aquel Iglesias distante, al que le sigue responsabilizando de haber bloqueado el “cambio” por motivaciones partidistas. “Yo quería y debía entederme con Iglesias, pero sus desplantes, la tensión interna que me generó, me hizo recordar aquel proverbio árabe: puedes arrastrar a un caballo hasta la orilla del río, pero ni cincuenta hombres podrán obligarlo a beber”, rememora Sánchez.


La historia de España habría sido distinta si el líder de Podemos hubiera interpretado bien la fabulosa demanda de cambio que había”


Y el reproche es evidente. Iglesias debió leer mejor el momento político, afirma el autor del libro. Pero estaba demasiado obcecado, mantiene, por la estrategia del sorpasso. Sánchez cree que Iglesias subestimó el PSOE y a su historia, y así lo deja claro. “La historia de España habría sido distinta si el líder de Podemos hubiera interpretado bien la fabulosa demanda de cambio que había”, remata.

Pero el tiempo (y los vaivenes políticos) lo cambia todo. Y Sánchez reconoce que su relación con Iglesias es otra y que cambió en el momento en el que él vuelve triunfante a la Secretaría General del PSOE. “En esa mayor sintonía, y el reconocimiento mutuo de méritos políticos, sin duda se halla el comienzo de una mejora en la relación que abonó el triunfo de la moción de censura en 2018”, subraya Sánchez.

Iglesias y Sánchez tienen una mejor relación ahora que cuando se conocieron
Iglesias y Sánchez tienen una mejor relación ahora que cuando se conocieron
(Emilia Gutiérrez)


Pablo Casado

No hay mayor desprecio que no hacer aprecio, dice el refrán. La opinión de Sánchez sobre Casado, al menos en este libro, podría ir en esta línea: Y es que el actual presidente del PP apenas aparece en las páginas de Manual de resistencia.

Ciertamente puede alegarse que Casado no fue elegido líder popular hasta julio de 2018, con lo que Sánchez no cuenta con demasiado tiempo para conocer a su hoy rival político. Pero también es cierto que la única mención que existe a Casado en el libro es para subrayar la poca consistencia de su discurso.

Sánchez se refiere a la posición del PP sobre la crisis catalana. En concreto, mantiene que “el problema es que el PP debe tener una posición sobre Cataluña, porque ahora mismo no la tiene” y que había propuestas distintas en el congreso de los populares de julio. “Después Casado, que en su momento apoyó lo que hacía Rajoy, ha comenzado a decir que el 155 se tenía que haber aplicado antes y con más dureza”, sostiene Sánchez. Sin duda, nada halagador. Pese a ello, nada más y, por lo tanto, el libro no revela que tipo de relación personal mantiene con el dirigente popular.


Carles Puigdemont

El expresidente de la Generalitat sí que aparece en Manual de resistencia, aunque la mayoría de veces no es para que Sánchez exprese opinión alguna sobre su personalidad o su actitud política. Obviamente, el presidente del Gobierno critica habitualmente a Puigdemont y al independentismo en general, con el que marca líneas rojas en la cuestión de la unidad territorial y al que reprocha que se sienta mejor con un Rajoy menos dialogante.

Sánchez tiene momentos especialmente hirientes contra el expresident. En los capítulos de la crisis catalana, el actual presidente español atribuye falta de europeísmo a Puigdemont cuando éste ya se encuentra en el extranjero tras la aplicación del 155. “En medio de su huida de la justicia, Puigdemont, además, había revelado su verdadera cara y su corto europeísmo cuando afirmó que los catalanes ‘deberían decidir si quieren pertenecer a esta Unión Europea y en qué condiciones’”.

Más adelante, también lanza una de las críticas a las que más están acostumbrados los independentistas de parte de PP, PSOE y Cs, que es que han dividido la sociedad catalana. Y la extiende al actual president Quim Torra. “Son ellos quienes la han partido en dos. Puigdemont tenía la mala costumbre, heredada por Joaquim Torra, de dirigirse solo a la mitad de la sociedad, la que los apoya, fingiendo que la otra mitad no existe”, asegura.

Sánchez y Puigdemont se reunieron en el Palau de la Generalitat en marzo de 2016
Sánchez y Puigdemont se reunieron en el Palau de la Generalitat en marzo de 2016
(Àlex Garcia)


Inés Arrimadas

En esta lista de rivales, la líder de Ciudadanos en Catalunya no estaría entre los destacados. Sin embargo, si aparece en esta relación es porque Sánchez tiene un recuerdo para ella, y no en términos especialmente elogiosos. El líder socialista alude a Arrimadas a raíz de su victoria en las elecciones catalanas de diciembre de 2017 y le critica falta de iniciativa tras este buen resultado.

Para ello, Sánchez emplea un símil. Se acuerda del personaje protagonista de El candidato, la película de 1972, y que encarnaba Robert Redford. Él mismo explica que este personaje, el aspirante a senador Bill McKay, es un hombre carismático al que un estratega le convence para que siga sus instrucciones y así, lograr la victoria. McKay accede y gana pero se ha construido una “personalidad artificial”, como dice el mismo Sánchez, y después se ve obligado a preguntar qué debe hacer. “A Arrimadas le ocurrió igual e hizo la misma pregunta a Rivera. Cualquiera diría, a la vista de los hechos, que este le dijo: no hagas nada”, concluye Sánchez, en una frase que para nada gustará a la dirigente de Cs.


Felipe González

La relación Sánchez-González es compleja. En todo caso, el histórico líder socialista nunca ha sido un gran aliado de su heredero, especialmente desde la batalla de Ferraz de 2016, en la que Felipe González tuvo un papel en la defenestración de Sánchez como Secretario General. Y mucho menos cuando Sánchez volvió a presentarse a las primarias y desafió a la candidata oficial Susana Díaz, a la que el expresidente brindó su apoyo incondicional.

Sin embargo, Sánchez evita ningún reproche a González y solo le menciona para mostrarle su agradecimiento. En concreto, el autor agradece al expresidente que interviniera tras el resultado de las primeras primarias que gana Sánchez. “Hubo numerosos desplantes –cuenta Sánchez-, en público y en privado, destinados a mí, pero que hacían un daño enorme al partido. Hasta tal punto fue así que el propio Felipe González hubo de intervenir. Yo no se lo pedí, pero se lo agradecí mucho”.




Fuente: LA Vanguardia

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