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Lo oscuro | Cultura | EL PAÍS


Veo en lo oscuro de la escritura un obstáculo de relación. Mientras contemplo en lo oscuro de la pintura una voluntad de llegar a más. Puede parecer un perogrullo: lo oscuro en la escritura es una incapacidad neuronal mientras en la pintura es una significación parental.

Todas las comparaciones pueden ser odiosas o, por el contrario, muy amorosas. Pueden ser un sinsentido o un camino que conduce a la comprensión. La escritura se hace oscura cuando el decir se convierte en un embrollo, un bollo chamuscado, mientras en la pintura lo oscuro nace, a menudo, de una clara decisión. Los cuadros por los que pasó el tiempo son oscuros por oxidación y basura, pero precisamente ese fosco reflejo de la edad da cuenta de su realidad. Lo oscuro en escritura es, con frecuencia, juventud histórica, mientras en la pintura nunca es separable de la ancianidad. Se hace el autor viejo a la par que su tonalidad y de ella se deduce una obra que hace pensar y sentir en emblemas de enfermedad y defunción. En la escritura, quien enreda su discurso o su exposición, es víctima de un quehacer enmarañado. En la pintura, en cambio, el martirio y su tortura son consecuentes con el color.

La redacción es hermosa, extraordinaria cuando acierta, pero sigue muy expuesta al óxido de su error. En la pintura, por el contrario, el uso determina, frente a frente, el grado deseable de su dolor o su candor. Una escena siniestra es susceptible de recibir tratamientos semejantes con el texto o con el lienzo pero jamás el primero traspasará el teatro -afín a su creación- mientras el segundo brinda, en su carne tumefacta, la verdad.

En la pintura, sin las severas reglas de la sintaxis, el cuadro aparece al modo de una exhalación. Hedionda o perfumada, pero no, como en la escritura, con una ineludible respiración artificial.

¿Artificial? Claro que sí. Porque ¿quién puede escribir sin artificio si todo se apoya sobre este fementido andamiaje fundacional? El amor no distingue el límite preciso entre la mentira y la verdad pero conoce la diferencia del corazón impulsor Lo oscuro es un menos en el discurso impreso pero no así en el concurso general del cuadro. Lo oscuro será acaso un estado circunstancial en la escritura, pero en la pintura será, conscientemente, un fin. Lo oscuro nos somete en el texto tenebroso, pero en la pintura nos salva a la luz de su vacua intención. Su pecado o su vocación.




Fuente: El país

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