Cuando Julio Castejón entonaba la letra de ‘Déjalo así’ y berreaba eso de “no hagas que nada lo cambie”, a las once en punto clavadas, una niña perseguía a su hermano delante del escenario, alguna pareja acompañaba con las manos el estribillo y varias familias charlaban con latas de cerveza en sillas de camping. El recinto del concierto estaba a medio gas y muchos de los asistentes ni siquiera sabían que tocaba Asfalto: la banda madrileña estaba sustituyendo, repentinamente, a Def Con Dos. Horas antes, el consistorio cancelaba su actuación en las fiestas de Tetuán escudándose en la condena al cantante, César Strawberry, por enaltecimiento de terrorismo.

“La actitud del Ayuntamiento de Madrid va a ser firme y no va a amparar ni a prestar soporte a Def Con Dos ni a cualquier otro que sea condenado por un delito de odio. Nadie más va a volver a humillar a las víctimas de terrorismo. Se acabó”, escribía el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, tras tomar la decisión. Una decisión que se recibió con estupefacción e indignación en este barrio del norte de la ciudad. “Nos parece feo. Es cohibir la libertad de expresión”, opinaban Luis Ladino y Pedro González, de 22 y 24 años respectivamente. “Lo de Def Con Dos no tiene ningún sentido. Lo han hecho por venganza”, apuntaba un grupo de treintañeros que se había quedado a cuadros: su plan era ver al grupo de Strawberry.

Hasta Castejón, el líder de Asfalto, hizo alusión al imprevisto. “Recibimos una llamada y acudimos. Ha sido muy estresante. Estamos aquí, pero a lo mejor tendrían que estar otros. Los que nos conocéis sabéis cuál es nuestra línea editorial”, decía al terminar la tercera canción. Lino Bermejo, miembro del Colectivo Tetuán-Ventilla y protagonista del pregón, relataba cómo se habían enterado: “Nos ha pillado por sorpresa. No ha habido una comunicación fluida y ha crispado mucho el ambiente”, señalaba este joven de 23 años. “En el acto, por ejemplo, la gente ha pitado a la concejala, Blanca Pinedo (PP). No nos esperábamos esto, menos aún cuando ya estaba consensuado por todos los grupos políticos desde hace tiempo”, lamentaba Bermejo, que consideraba que el “arrebato” había provocado menos afluencia y que se sentía molesto porque afectaba, “como siempre”, a la gente del barrio.

En el espacio de las casetas, la estampa era más reivindicativa. En la gestionada por Asociaciones de Distrito Tetuán en Movimiento, un cartel en la barra rezaba ‘No estamos todas, falta Def Con Dos’ mientras sonaba ‘Pánico a una muerte ridícula’, uno de sus temas. “Ha pasado en menos de 24 horas”, explicaba Cristian Zampini, portavoz del Centro Social Petra Cuevas, “y tiene una terrorífica intrahistoria, porque la contratación de los grupos se realiza a través de una confederación de fiestas donde participamos todos”. “Teníamos los carteles, se había aprobado el presupuesto y, de repente, llega la noticia con las declaraciones de Almeida, que parecían de alguien enajenado”, rememoraba.

“Por cómo ha ocurrido, nos hacen entender que ha sido Vox quien lo ha impedido y el PP quien ha transigido”, analizaba, apenado por la imagen que se intenta proyectar del barrio (que ya se vio envuelto en otra polémica con los famosos ‘titiriteros de Carmena’) y por las pérdidas económicas que suponen para los colectivos que montan casetas. “Es importante resaltar eso. Hacemos una inversión muy importante, con mucho esfuerzo detrás, y nos afecta muchísimo”, recapacitaba Zampini, añadiendo que tenía sentimientos encontrados: “Por un lado, quiero que las fiestas vayan bien, pero por otro quiero que la gente proteste. Estoy convencido de que también es una forma de desviar la atención justo cuando se les anula la moratoria de Madrid Central”.

Rafael Álvarez, vicesecretario de la agrupación socialista, despachaba bocatas al lado. “No entendemos que se haya hecho así, y menos estando ya aprobado por ellos en la comisión de fiestas. No sabemos si ha sido por venganza”, repetía el veterano militante. “Lo peor de todo es que estaba consensuado. Por eso, aparte de todos los inconvenientes que provoque, lo vemos como una forma revanchista de gobernar”, exponía Lourdes Gómez, portavoz municipal de Izquierda Unida. “Es una excusa para dinamitar la cultura de los barrios, a los que se les había dado más competencia en los últimos cuatro años, y una cesión a la ultraderecha”, argumentaba. En los puestos del PP y Ciudadanos, las freidoras burbujeaban con kilos patatas. Unos cuantos trabajadores servían ‘salchipapas’ sin gente del partido y Asfalto remataba, poco después de medianoche, con su clásico ‘Capitán Trueno’.

Sigue con nosotros la actualidad de Madrid en Facebook, en Twitter y en nuestro Patio de Vecinos en Instagram




Fuente: El Pais

A %d blogueros les gusta esto: