Los aficionados del Atlético esperaban a Joao Félix, el chico de los 127 millones de euros, la criatura que ha heredado el «7» de Griezmann, ídolo en las últimas temporadas y ahora despreciado. Todo cambia en el fútbol de repente y la ilusión por lo que pueda hacer el portugués chocó de frente con la realidad cuando tuvo que abandonar el campo a los 27 minutos de partido por una contusión, un golpe en la cadera.

Hasta que llegó el momento de marcharse, el portugués había dejado detalles de su calidad: una ruleta en el área, aunque no llevara a nada, y sobre todo un pase con el exterior que dejó plantado a Diego Costa delante del portero del Numancia y que terminó con el internacional español reclamando un penalti. Partía de la banda derecha Joao Félix en una formación muy ofensiva del Atlético, una alineación contra las costumbres de Simeone, que juntaba a cuatro jugadores de ataque. Los delanteros eran Morata y Diego Costa y los extremos eran para los dos fichajes más caros de la historia rojiblanca, Lemar y Joao Félix.

El portugués ha llegado al Atlético por sus goles, es lo que le hace un futbolista diferente y esperanzador para la afición rojiblanca, y llega desde los costados hasta el centro para armar a sus compañeros. No le dio tiempo a probar su capacidad de remate. Tampoco demasiado a sus socios en el ataque porque los goles no llegaron de los pies de ninguno de ellos. Aunque Lemar lo intentó con un disparo lejano para terminar un contraataque no demasiado bien llevado por Correa –el sustituto de Joao Félix– y Diego Costa. Tuvieron que esperar los rojiblancos a la llegada de la segunda parte, muy avanzada, para que Vitolo rematara de cabeza el primero lanzándose en plancha.

El Atlético cambió el equipo casi por completo en la segunda mitad. Desaparecieron los fichajes y aparecieron los canteranos. Se fueron Trippier y Lodi, que habían demostrado su afición a subir por la banda para colaborar en el juego ofensivo del equipo. También Mario Hermoso y Marcos Llorente, que había puesto sus cinco sentidos en mantener el orden defensivo del equipo. Muy atento el ex madridista para cortar el peligro que se acercaba a su área y para colaborar con sus centrales.

Se marcharon los nuevos, pero había otros y con ellos llegaron los goles. Marcó Saponjic el segundo, empujando la pelota en el área para terminar un contraataque. Y el tercero, el último, lo anotó Felipe en un córner ayudado por un rebote, aunque lo más espectacular fue su pirueta para celebrarlo. El central brasileño había demostrado su facilidad para el juego aéreo en un remate anterior que despejó el guardameta del Numancia a la esquina. No hubo más goles. Tampoco necesitaba más el Atlético, que había llegado hasta Burgo de Osma para homenajear a Jesús Gil en su localidad natal y para cargar de ilusión a sus aficionados. Para poco más sirven los partidos de pretemporada.




Fuente: La Razón

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