Si después de una ruptura se encuentra uno tirado en la cama clamando al techo de la habitación eso de “por quererte estoy pasando yo en mi casa las fatigas de la muerte” que canta Soleá Morente en No puedo dormir, su estreno en Elephant Records sobre los desvelos por una historia de amor que se ha acabado y no hay manera de sobrellevar; conviene aferrarse a la propia experiencia. Recordar que se ha pasado por ahí antes y que, al final, se sale. O al menos se intenta.

El tiempo medio en el que conseguimos superar una ruptura está entre las 11 semanas, a partir de las cuales un estudio publicado en The Journal of Positive Psychology en 2007 apunta a que se empieza a ver la luz, y los seis meses, en los que se habrá conseguido pasar el duelo, según contaba a S Moda la psicóloga experta en relaciones de pareja Lara Ferreiro. Preguntamos a varias personas por su aprendizaje en ese tiempo. Cosas que, a base de ensayo y error, entendieron que no ayudaban a superar la separación y cuya enmienda aplicaron en rupturas siguientes.

1. No es el fin del mundo. María, 30, cuidadora

«A mí la ruptura con mi primer novio, el primero con el que mantuve una relación larga, me ayudó a entender que aunque en el momento parezca que no hay salida, que es el fin del mundo y que no vas a encontrar a nadie que te guste tanto -o esa idea tóxica de que ‘nadie te va a querer igual’-, al final no lo es. Cuando después he tenido más historias lo he visto de otra forma. Sabía que el mal rato acabaría pasando y que es cuestión de tiempo.

Eso también me hizo valorar estar sola y tranquila. Y tener rechazo por cualquier tipo de abuso. Me ha dado seguridad y ahora consiento muchas menos cosas que antes consentía porque pensaba que si mi relación terminaba sería el fin del mundo. Ahora sé que no y no me conformo con poco».

2. Nada de ‘personas tirita’. Alberto, 38, profesor universitario

«Cuando he estado con chicas en relaciones que, aunque no fueran novias como tal, me han gustado o la cosa ha durado y luego lo hemos dejado porque no funcionaba o no avanzaba, normalmente ha habido ese primer impulso de intentar conocer a otra persona. Es también a lo que nos empuja la sociedad: ‘un clavo saca otro clavo’. Con las dos últimas rupturas que he tenido he visto que eso no me funciona para nada y lo intento evitar. Si doy dos pasos hacia adelante en la recuperación y luego me acuesto con alguien es como dar cuatro para atrás. Como quitarte de la droga. Para quitar el mono, mejor acostumbrarte a estar en tu nueva movida. No puedo intimar y prefiero pasar el duelo solo porque es la manera de no taparlo y porque cuando he hecho algo estando jodido porque ha surgido así, luego el bajón ha sido mayor. Al estar vulnerable estoy más expuesto y si luego me gusta un poco esa persona, pasa de mí o no sale bien… No quiero complicarme aún más la vida en momentos de ruptura».

3. La mudanza, de raíz. Lola (pseudónimo), 28, diseñadora

«He estado viviendo más de dos año en pareja con mi ex. Antes de eso no había vivido tanto tiempo con ningún novio (aunque había tenido convivencias intensas pero teniendo cada uno su casa). Al dejarlo yo me he quedado en la casa en la que vivíamos y creo que la decisión más sabia que he tomado ha sido que, el día que saliese por la puerta, no volvería a entrar.

Aunque él ya había encontrado piso unos días después de que lo dejáramos, he preferido convivir -durmiendo separados- algunos días hasta que él pudiera hacer la mudanza definitiva de una sola vez y mientras yo estuviese fuera de la ciudad. Eso de que mientras se estuviera mudando pudiera entrar y salir de mi casa (porque ya sería mía) a sus anchas y de que pudiera hacerlo además como trampa para no desaparecer del todo de mi vida, me agobiaba. Esto me lo hizo más fácil, pero volver y que de repente ya no quede nada suyo, también duele muchísimo».

4. Poner límites. Sara, 32, farmacéutica

«Si lo hemos dejado, lo hemos dejado y punto. Fue el consejo de mi terapeuta cuando acabé con mi novio después de cinco años y luego lo he hecho con cada rollete o relación más o menos seria que he ido teniendo. Decirle a la otra persona que al dejarlo no te puede estar escribiendo siempre que se le antoje porque no te hace bien, decirle que mejor no verse y cumplirlo y que tiene que cambiar su manera de tratarte. A mí me pasaba que quedé varias veces después de dejarlo con mi ex y me hacía cariñitos: me tocaba el pelo, me cogía la mano…. Eso no puede ser, la cosa ha cambiado y ya no somos pareja, así que no me puedes tratar como cuando estábamos juntos. Hay que marcar límites».

5. Cortar la comunicación. Ali, 26, filóloga inglesa

«Nada de llamadas, ni mensajes, ni nada. Lo mejor es cortar directamente toda comunicación. Al menos durante los seis primeros meses. Y si después se quiere intentar volver a ser amigos o simplemente, llevarse bien, se puede intentar. Mi ex, que ha sido el único novio así serio que he tenido antes de mi pareja actual, me dejó de una forma horrible y muy directa y desde ese momento no nos volvimos a hablar más porque yo, que estaba muy dolida, jamás le escribí ni él tampoco. Y creo que funcionó.

De lo que sí me di cuenta es de que ese punto y final de la comunicación también tenía que ser con los amigos en común –eran sus amigos en realidad pero yo me había hecho amiga de algunos por el tiempo en que estuve con él–. Quedé con una de estas chicas un día para tomar algo y acabamos hablando de mi ex prácticamente toda la noche. No me sentí muy cómoda así que, en mi opinión, aconsejo cortar la comunicación también con su entorno hasta que pase la tormenta».

Pepa Marcos (Carmen Maura) cortando la comunicación radicalmente en ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’.

6. Ruptura contundente y sin puertas abiertas. Javier, 31, periodista

«Lo he dejado recientemente con la que ha sido mi primera pareja seria tras tres años de relación. Yo venía de un año complicado en el que he estado muy bajo de fuerzas y teníamos unas vacaciones programadas juntos que no queríamos perder, así que decidimos irnos. Lo dejé a la vuelta, es algo que tenía muy decidido y fui contundente y directo al respecto. Pero al decírselo, él se puso a llorar, yo también, me hizo chantaje emocional y me ablandé. Ahí fue cuando cometí el error de dejar la puerta abierta a una reconciliación.

Él, por su trabajo, lleva un tipo de vida nómada y se iba fuera durante casi un mes. En ese tiempo, aunque hablábamos menos, por comentarios y por su intención de venir a mi cumpleaños y volver a vernos para hablarlo, me di cuenta de que él pensaba que estaba mucho más abierta de lo que estaba en realidad –yo siempre había tenido claro que quería acabar la relación–. Así que tuve que hacerlo definitivo por WhatsApp, que no es la mejor vía pero no quedó otra por la distancia. Por mensajes le pedí que cuando llegara, al día siguiente cogiera su maleta con sus cosas y se las llevará. Lo que pasó ese domingo después de que se fuera con sus cosas fue la peor parte, un segundo luto que me ha tenido una semana sin poder dormir. Lo que aprendo de todo esto es que es mejor estar preparado y mantenerte firme en tus decisiones porque no va a ser fácil de ninguna manera y siempre sufren las dos partes».

7. Segundas partes nunca fueron buenas. Marta, 36, fotógrafa

«Suena a tópico pero para mí es verdad. He tenido varias parejas, chicas y chicos, que han durado una media de año y medio o dos años cada una. Mi primera relación fue claramente más tóxica que las siguientes, y así han sido las rupturas, menos turbias gradualmente. Con el primero hubo muchas idas y venidas y eso que lo había dejado yo misma porque tenía claro que no quería seguir. Y aún así volví porque se me hacía bola, porque por momentos lo echaba de menos o a veces porque me dejaba arrastrar por las circunstancias. Y nunca iba a mejor porque, como he dicho, lo dejé teniendo claro que no quería estar con él.

La novia que tuve después, que fue una relación de pocos meses pero muy intensa, también me costó, y tuvimos un segundo intento aunque yo, igualmente, sabía en el fondo que no quería seguir. Así que ahí ya aprendí la lección: segundas partes no. Ahora lo que hago es pensar de verdad si estoy segura de que quiero que acabe y en el momento de romper, tener más presente esas sensaciones y sentimientos que mientras estaba con ellos me hacían decir ‘no quiero seguir’, para no perder el norte. Mucho mejor, me siento más madura».

8. Ocultar en las redes sociales. Hetty, 24, profesora de inglés

«No me siento bien eliminando a mis ex de las redes sociales porque puede parecer una falta de respeto y tampoco es eso. Pero lo que hago y me suele ir bien para mi salud mental es ocultar sus nuevas publicaciones para que no aparezcan en mi timeline. Reconozco que a veces aún así los he buscado y he entrado a sus perfiles porque me podía la curiosidad por saber qué están haciendo con su vida. Pero luego me he dado cuenta de que no me sentía muy bien por ello. Todos esos pensamientos sobre si tendrá nueva novia, investigando, son bastante tóxicos y al final tengo que seguir mejorando mi fuerza de voluntad. Tengo claro que si me controlara más en eso de stalkear y de verdad fuera consecuente con haberlo ocultado de mi vista en Instagram, superaría todo esto antes».

9. Pensar en mi ex no tiene por qué ser malo. Daniel, 28, publicista

«Mi última ruptura seria tras una relación en la que compartíamos casa, amigos y mucha vida en común fue hace dos años. Sin embargo, poco a poco, mes a mes y así hasta ahora, he aprendido que la ruptura no es solo superar el luto, colocar las cosas en las estanterías nuevas, reconciliar amistades, conocer nuevos cuerpos y cortarse el pelo. Me he dado cuenta de que todas las veces que lo más insignificante me recordaba a él, que mi subconsciente me traicionaba y me traía su espalda en la cocina con el trapo en el hombro no eran recaídas, ni banderas rojas de que me había equivocado y seguía enamorado. Sino que todos los días desde aquella conversación en el sofá forman parte de la evolución, el aprendizaje y la asimilación.

Lo más valioso de la ruptura podría decirse que ha sido aprender de la relación y de las decisiones que se tomaron. Saco crecimiento del autoconocimiento y recompensa al darme cuenta de que tomé decisiones correctas: desde dejarlo, pasando por mantenerme fiel a la idea y no escribirle o montarme pelis sobre volver, hasta llegar a ver los frutos de todo el proceso que he pasado».


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Fuente: El Pais

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