Vista, este sábado, de la piscina del Club La Costa de Mijas. En vídeo, declaraciones de Javier Toro, abogado y portavoz de la familia las víctimas. FOTO: GARCÍA-SANTOS / VÍDEO: ATLAS

Cinco días después del ahogamiento de tres británicos en una piscina de Mijas (Málaga) las dudas no han hecho más que crecer. Las versiones de la investigación policial y de las dos mujeres que sobrevivieron a la tragedia, únicas testigos, son contradictorias. Difieren en dos aspectos básicos. El primero, si los bañistas fallecidos (un hombre y dos de sus hijos) sabían nadar. El segundo, si el sistema de depuración generó una corriente que arrastró los cuerpos al fondo. ¿Qué pasó entonces? “La investigación no está acabada”, señala la Guardia Civil.

El pasado martes, sobre las 13.30, el servicio de emergencias del 112 recibía una llamada alertando del ahogamiento de tres personas en una piscina de Mijas (Málaga, 80.630 habitantes). Ya habían fallecido cuando los sanitarios llegaron, pero el equipo no hizo público el suceso hasta cinco horas más tarde. “Las circunstancias son tan extrañas que hemos esperado a que se aclarara la situación”, aseguraban entonces desde el 112.

Las reducidas dimensiones de la piscina y el hecho de que fuesen tres muertes a la vez planteaban muchas incógnitas. La Guardia Civil comenzó a resolverlas poco a poco, pero cinco días después las dudas siguen.

El Club La Costa World —fundado en 1984 por Roy Peires— es un complejo turístico dividido en ocho resorts. Los alojamientos están salpicados por una ladera donde se confunden los límites privados y públicos. Hay calles abiertas al tráfico y accesos solo para clientes, que pasean en chanclas y bañador. Muchos turistas han acudido a la cercana playa del Peñón del Cura —donde días atrás se halló el cuerpo de un joven acribillado a balazos— o a la decena de piscinas del club para darse un chapuzón ante temperaturas que han rondado los 20 grados esta semana en la Costa del Sol. En los bares del recinto, la constante son las pintas de cerveza, las pizzas y los partidos televisados de la Premier League inglesa.

La inmensa mayoría de los huéspedes son extranjeros. Especialmente británicos. Como la familia compuesta por el matrimonio de Gabriel y Olubunmi Diya y sus tres hijos —Praise Emmanuel, de 16 años; Favour, de 14; y Comfort, de nueve—. Llegaron el domingo 22 a Mijas con la intención de descansar una semana. El 24, mientras tomaban el sol en las hamacas junto a una piscina, los menores decidieron bañarse. Con capacidad para 89 personas, unos 15 metros de largo y 10 de ancho, disponían de toda la piscina para ellos. Es cóncava. Tiene escaleras de obra en ambos extremos y la zona más honda, con dos metros de profundidad, está en el medio. Un traspié hizo que la más pequeña cayera a esa parte. No pudo salir. Tampoco su hermano mayor y su padre, que intentaron rescatarla, quizá presas del pánico. Desde el bordillo, la madre y la hermana gritaban, nerviosas, sin poder hacer nada. Tampoco pudieron los trabajadores, que trataron de reanimarles, sin éxito, mientras la madre rezaba.

Sistema de depuración

Las informaciones iniciales apuntaron a un problema en el sistema de depuración, que podría haber generado un efecto de succión. Uno de los trabajadores que sacó los cuerpos indicó a los investigadores, según la agencia Efe, que también tuvo problemas para salir del agua. Pero los especialistas acuáticos de la Guardia Civil revisaron motores y válvulas sin encontrar irregularidades. La autopsia indicó que las tres personas fallecieron por ahogamiento.

Pese a todo, surgieron multitud de teorías. “Había que pararlas”, cuentan desde la Guardia Civil, que el pasado viernes hizo pública una reconstrucción de los hechos con esa pretensión. El resumen era simple. Apuntaba a un “trágico accidente” debido a la “falta de pericia de las víctimas al nadar”.

La explicación tenía sentido y ponía punto y final a las múltiples dudas. Hasta que horas más tarde la familia envió un comunicado a través del abogado Javier Toro, de Fuengirola. Firmado por la viuda, Olubunmi Diya, dejaba claro que ella jamás había dicho que sus familiares no supieran nadar. Su marido había nadado de joven y su hija menor había tomado lecciones de natación días antes del viaje. El letrado apuntaba a un posible error de traducción en la declaración de Olubunmi ante la Guardia Civil, que, sin embargo, insiste en que eso es lo que recoge la declaración. “Pero algo extraordinario debió pasar; no solo un accidente”, insistía este sábado Toro.

Según la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo, este año han fallecido 437 personas ahogadas en España, medio centenar de ellas en piscinas.

El portavoz de la familia Diya lanzó ayer al aire la pregunta de por qué no hay socorrista en el recinto donde se produjo el suceso, que sí tiene flotadores salvavidas y carteles bilingües con las normas de uso. La reglamentación andaluza indica que las piscinas “cuya superficie de lámina de agua sea de 200 metros cuadrados o superior” deben disponer de, al menos, un socorrista. La empresa no ha revelado las dimensiones, pero asegura que no las supera. La depuradora está apagada desde el viernes, cuando se instaló un cartel con membrete de Club La Costa World que dice: “La piscina permanecerá cerrada hasta nuevo aviso”.

Desde la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía han asegurado que la instalación “tiene todo en regla”. Sin embargo, fuentes de la Guardia Civil aseguran que aún esperan un informe de la Administración andaluza. La mañana del viernes, una especialista acudió al recinto para ello. “La investigación no está finalizada”, advierten las mismas fuentes. Misterios sin aclarar de un caso excepcional.

Líder cristiano humilde
y comprometido

Dos días después del fallecimiento de Gabriel Diya, su hija Comfort y su hijo Praise Emmanuel, la Redeemed Christian Church of God (Iglesia Cristiana Redimida de Dios) lamentaba la pérdida de uno de sus más significados miembros. Gabriel Diya, de 52 años, dirigía la parroquia Open Heavens, enfocada especialmente a la comunidad africana y ubicada en Erith, localidad en la orilla sur del río Támesis al este de Londres. El hogar familiar se encuentra a media hora de allí, en Charlton, también en la capital londinense. “Era un esposo amoroso y un padre devoto. También un pastor y líder cristiano humilde, amigable y comprometido”, afirma Agu Irukwu, responsable de la entidad religiosa en el Reino Unido, en un comunicado de prensa publicado el viernes. Numerosos vecinos y miembros de su comunidad religiosa han dejado estos días comentarios en su recuerdo en las redes sociales de la iglesia. Gabriel Diya procede de la ciudad nigeriana de Ife, al sureste del país, de medio millón de habitantes. Tanto él como su familia tienen nacionalidad británica, aunque su hijo mayor, Emmanuel, que falleció también junto a su hermana Comfort, tiene nacionalidad estadounidense. La familia, que ha tenido el apoyo de los consulados británico y estadounidense, voló el sábado hacia Londres.




Fuente: El Pais

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