La pandemia no ha afectado a todos por igual, ha habido (y continúa habiendo) grupos de población especialmente vulnerables a los efectos de la covid-19. Es el caso de las personas que no pueden teletrabajar, de quienes cuentan con viviendas más pequeñas, con el consiguiente hacinamiento… y de las mujeres, quienes están sufriendo especialmente las consecuencias de esta crisis tanto en su faceta profesional como en la personal.

Así lo defendió la presidenta de ClosinGap y presidenta europea de Merck Healthcare, Marieta Jiménez, durante el II Closingap Economic Equality Summit celebrado esta semana. “La dificultad para conciliar cuando los hijos estaban en casa ha cargado de más a las mujeres, con el consiguiente impacto en su trabajo, en su salud, en su ocio y, en consecuencia, en la economía”, comentó la directiva. Según los diversos informes que ha ido publicando ClosinGap a lo largo de sus dos años de vida, la brecha de género deja una huella de 8.945, 23.190 y 201.913 millones de euros anuales en España en materia de salud, ocio y empleo, respectivamente. Las cifras ilustran la realidad, tras las declaraciones de la responsable de ClosinGap, una asociación que conforman empresas como Merck, Repsol, L’Oréal o Vodafone, entre otras. Un reflejo también de que la brecha de género va más allá del mundo estrictamente corporativo. “Las mujeres aportamos no solo a las empresas, sino lo que es más importante, a la corresponsabilidad de los espacios profesionales, laborales y personales”, insistió la vicepresidenta primera y ministra de la Presidencia, Carmen Calvo, que también participó en las jornadas por vía telemática.

Roles de género

“La sobrecarga que han sufrido las mujeres es el problema de trasladar el trabajo a casa, cuando no hemos solucionado el problema de casa. Así, el teletrabajo es una cárcel personal para las mujeres”, comentó el presidente de Mapfre, Antonio Huertas. Una cuestión que va más allá de los hijos y se extiende a todas las labores de los denominados cuidados a terceros. “La atención de personas dependientes también es algo de lo que se ocupan casi siempre ellas”, reivindicó el presidente del grupo social ONCE, Miguel Carballeda.

De hecho, la crisis sanitaria ha contribuido a que los sesgos de género, que cargan a las mujeres las responsabilidades del hogar y los cuidados, vuelvan a emerger y se hagan más patentes que nunca. Un problema al que se añade el peligro del retroceso en términos de derechos sociales que, con frecuencia, acompaña a los momentos de crisis. En los últimos años se han visto grandes cambios en el entorno corporativo en el ámbito de la igualdad, impulsados por los poderes públicos, como es el caso de la equiparación de la baja de paternidad y maternidad, pero sin embargo se debe seguir apostando firmemente por ello para que lo conseguido hasta ahora no desaparezca. “Desde las empresas grandes contamos con capacidad motora y estamos en ello. Sería muy malo que el shock por la pandemia frenara este avance”, comentó la directora general de relaciones externas de Repsol, Begoña Elices,

Además, han sido también ellas las que en un mayor porcentaje han estado en primera línea contra el virus, expuso el director ejecutivo de Global Governance Forum, Augusto López, por lo que también han sido más vulnerables a la hora de infectarse. El experto aprovechó el altavoz del II Closingap Economic Equality Summit para insistir en que, aunque siempre se ha tratado la brecha de género como un tema de derechos humanos –como efectivamente es–, ahora se está viendo que no prestar atención a este aspecto es también una mala política económica.

Economía

El empoderamiento femenino también se traduce en el progreso económico o en la falta del mismo. “Cuando, como consecuencia de la educación, la mujer se siente empoderada como para obtener ingresos, hay un cambio en el nivel económico de la familia. Se dedican más fondos a salud y educación, el ahorro es mayor y las inversiones tienen una tasa de retorno más elevado. Todo ello tiene un impacto en la economía del futuro”, recogió López. En el Banco Mundial, continuó el experto, observaron un incremento del número de niñas que abandonaron la escuela con carácter permanente en distintos países de África cuando estalló la crisis del ébola. Con la actual pandemia de coronavirus ha aumentado un 30% el número de niñas que opta por casarse en lugar de continuar sus estudios en la India. “Es lo que sucede en un momento de vulnerabilidad, pero tendrá grandes repercusiones en el futuro, más siendo un país tan grande”, comentó el responsable de Global Governance Forum.

Cambios sociales

Sin embargo, si bien la crisis ha puesto en una posición especialmente vulnerable a las mujeres, también ha servido para plantear y acelerar una serie de transformaciones sociales. Todas ellas lideradas por las mujeres, según reflejan los diferentes estudios realizados por ClosinGap. Es el caso, por ejemplo, de la movilidad y el consumo, donde ellas demuestran un comportamiento más responsable y respetuoso con el medioambiente que los varones. “La mujer es un vector catalizador con el que hay que contar porque, además, está sirviendo de ejemplo a los jóvenes. No podemos salir de esta crisis sin ella”, reivindicó Jiménez. También Elices tomó nota de estos movimientos: “Las mujeres están marcando estas tendencias porque son las que están liderando las inquietudes sociales”.

Para el presidente del Círculo de Empresarios, John de Zulueta, el confinamiento ha sido el momento de reflexionar sobre el estilo de vida que se seguía y plantear cambios. “Nos ha enseñado a muchos que hay que compartir el trabajo de casa. Ha sido una oportunidad para los hombres pasar tanto tiempo en casa. Hay un tema cultural que frena mucho a las mujeres después de tener hijos, pero tenemos que aprovechar el confinamiento y todo lo que nos ha enseñado la crisis sanitaria para cambiarlo”, desarrolló el directivo durante la presentación del I Informe para promover el valor y la igualdad en las empresas, promovido por la fundación Woman Forward. Una transformación que, según comentó el experto, pasa también por una mayor racionalidad de horarios con carácter general, pues acortar las jornadas tiende a favorecer la incorporación de la mujer al mercado laboral en igualdad de condiciones.

Desde el mundo de la empresa se pueden dar grandes impulsos y aún hay un largo camino por delante, pero los problemas de las mujeres continúan más allá del ámbito profesional. “Todavía somos objeto de violencia extrema y una democracia que no puede proteger a la mitad de la población todavía tiene mucho que hacer”, apuntó Carmen Calvo. Un tema sobre el que también se mostró preocupado López, quien recordó un empeoramiento de los casos de violencia contra la mujer como consecuencia del confinamiento.

Áreas STEM

  • Educación. Una de las grandes brechas en materia de igualdad se produce en los empleos de las llamadas áreas STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés), donde es especialmente complicado encontrar talento femenino. Una desigualdad que hay que atajar desde la educación más temprana, pues las niñas empiezan a percibir sesgos de género desde los seis años, según expuso la presidenta del grupo Red Eléctrica, Beatriz Corredor, en la jornada organizada por la Fundación Woman Forward. Para la directiva, el techo de cristal continúa en los entornos corporativos porque “las mujeres somos más conscientes de nuestras debilidades; los hombres, de sus fortalezas”.
  • Empresas. Este conocimiento debe aterrizarse en iniciativas concretas para paliar la brecha. Un caso práctico es la escuela de electricistas que lanzó Neoenergia (Iberdrola) en Brasil para capacitar a mujeres con formación específica, con el fin de aumentar su participación en el mercado laboral en el sector eléctrico. También a través de su filial en México, el grupo desarrolló en 2019 el primer foro Mujeres con energía, en el que 40 trabajadoras jefes de equipos y con alto potencial de desarrollo tuvieron la oportunidad de compartir sus experiencias e ideas. Así, el año pasado la remuneración anual media total de las mujeres de la compañía fue superior a la de los hombres: 50.086 euros frente a los 47.614 euros de sus compañeros.

Fuente: El país

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