Contemplo la sencilla lápida de piedra. Incrustada en la pared blanca, encalada, del cementerio, podría pertenecer a cualquier vecino del pueblo albaceteño de Alcaraz, pero señala la tumba de uno de los bandoleros más temidos del siglo XIX español. Pocos forajidos causaron tantos quebrantos como Francisco Ríos González, “el Pernales”. Nacido en 1879 en Estepa (Sevilla), acabó sus días en el paraje del Arroyo del Tejo, en la sierra de Alcaraz, cuando apenas tenía veintiocho años. La Guardia Civil lo sorprendió junto a un compinche, el Niño del Arahal, y los tirotearon como alimañas.

Tumba del bandolero Francisco Ríos González, ‘el Pernales’
(Wikimedia Commons)






El historial de fechorías del Pernales pone los pelos de punta —su apodo derivaba de “pedernales”, alusión a la dureza con que maltrataba a sus víctimas—, pero no evitó su transformación en héroe popular una vez muerto, en protagonista de leyendas y romances . Dicen que su espíritu aún se permite ocasionales escapadas para robar a los más ricos del pueblo, entregando luego el botín a alguna persona humilde.

El bandolerismo fue un hecho común durante el siglo XIX en el sur de España, donde la mayoría de la población sufría analfabetismo y miseria. Se entiende que algunos campesinos sin trabajo, tierra ni expectativas se echasen al monte. Y monte no falta, desde luego, en este confín de Albacete que forman las sierras de Alcaraz y Segura. Monte virgen, agreste, sin apenas intervención humana debido al despoblamiento, un medio pintiparado para escabullirse del acoso policial.

Sierra de Segura, Bogarra, Albacete
Sierra de Segura, Bogarra, Albacete
(francisgonsa / Getty Images/iStockphoto)


La ruta

El pueblo de Alcaraz es mi punto de partida para la exploración de este territorio. Que nadie espere un núcleo rústico, agrario, tosco: el Renacimiento dejó su impronta en él y de qué manera. La plaza Mayor está declarada conjunto histórico-artístico y presume de ser una de las más bonitas de España, pero el resto de la villa no se queda atrás, con iglesias y palacios muy interesantes. Se nota que, hasta el siglo XIX, Alcaraz compitió con Albacete por el liderazgo regional.





Aquí nació Andrés de Valdelvira, el gran arquitecto renacentista. Él creó la Portada del Alhorí, que hoy da acceso a la Oficina Municipal de Turismo . Merece la pena pasear sin rumbo por el pueblo, perderse por los callejones adoquinados, curiosear en los soportales y pararse cada vez que el trazado urbano obsequia con una panorámica de su entorno.

Alcaraz, Albacete
Alcaraz, Albacete
(JULIAN74 / Getty Images)

Este se caracteriza por dos presencias muy abundantes: los bosques de pinos y el agua. Ambas las certifico camino de Reolid, mi siguiente parada. Es un núcleo minúsculo, con apenas 170 habitantes, pero concentra dos balnearios históricos, con siglo y medio de existencia. Leo que su secreto estriba en “unas aguas sulfatadas, bicarbonatadas y cálcicas, especialmente indicadas para el tratamiento de enfermedades reumáticas, circulatorias o digestivas”.

Una preciosa ruta senderista de hora y media aproximada de duración me conduce hasta mi próximo destino: Salobre. La senda, bien señalizada, me muestra los espectaculares paisajes del Estrecho del Hocino , hogar de nutrias y cabras monteses. Pese a la brevedad, el agradable recorrido de seis kilómetros abarca dos mundos distintos: empieza sobre la roca cuarcita de Reolid, geológicamente perteneciente a la sierra Morena, y termina en las arcillas rojas de Salobre, propias ya de las sierras Prebéticas.






Una ruta senderista de hora y media hasta Salobre

Salobre es conocido por su riqueza frutícola y piscícola, y porque aquí nació el político José Bono, quien presidió Castilla-La Mancha y el Congreso de los Diputados, y fue ministro de Defensa.

Riópar, uno de los corazones turísticos de estas sierras, tuvo una actividad económica bastante distinta en el pasado, basada en la riqueza local en calamina, un mineral del que se extrae zinc. En 1772, el rey Carlos III autorizó al ingeniero Juan Jorge Graubner la construcción de una factoría para la producción de latón, una aleación de cobre y zinc.

Así se crearon las Reales Fábricas de Bronce y Latón de San Juan de Riópar. Fueron las primeras dedicadas a esa actividad en España, y funcionaron de manera muy satisfactoria durante un siglo. Luego, la empresa perdió rentabilidad a finales del siglo XIX y decayó, si bien su cierre definitivo no sucedió hasta el muy reciente 1993. La tradición metalúrgica local se perpetúa hoy a través de la fabricación y la venta de artículos decorativos y de menaje rústico.

También aquí perdura el recuerdo del temible Pernales. La Oficina de Turismo de Riópar recupera el interés por los forajidos a través de una curiosa actividad familiar: “Bandolero por un día”. Sus técnicos ayudan a explorar la comarca, a la vez que familiarizan a los más pequeños con las correrías del Pernales.






La Oficina de Turismo de Riópar recupera la figura del forajido con la actividad: “Bandolero por un día”

Riópar es popular actualmente por su oferta gastronómica y, sobre todo, porque es el acceso natural al parque natural de los Calares del Mundo y de la Sima. La reserva protege un terreno montañoso, atravesado por varios cursos de agua y con paisajes kársticos de gran belleza.

Tiene mucho valor botánico, ya que acoge más de 35 especies endémicas. Entre la fauna, hay 174 especies de vertebrados, incluidas las águilas real y perdicera, el búho real, el halcón peregrino o el buitre leonado.

El paraje más popular del parque es el nacimiento de un río Mundo que, nada más salir del subsuelo, se precipita en una catarata con 50 m de caída vertical. El caudal del salto varía a lo largo del año, siendo especialmente vistoso en primavera y otoño, las estaciones más lluviosas. Cerca de la cascada se abre la cueva de los Chorros, umbral a un extensísimo complejo de grutas y pasadizos del que se han explorado 32 kilómetros.

Cueva de los Chorros en el nacimiento del río Mundo, Albacete
Cueva de los Chorros en el nacimiento del río Mundo, Albacete
(Esteban Javier Millan Rivas from Wikimedia Commons)






Mesones y Molinicos son dos pueblitos sin pretensiones en entornos preciosos. Mucha más prestancia tiene Letur, declarado Conjunto Histórico-Artístico por su monumentalidad. Enclavado en la sierra de Segura, lo baña un jovenzuelo río Segura. Por el amurallado Letur han dejado huella todas las culturas que frecuentaron la región, desde los cazadores neolíticos, quienes sembraron el término de pinturas rupestres, hasta las órdenes militares que poseyeron estas tierras.

Sin embargo, la huella más indeleble la dejó Al-Andalus, cuyo legado se percibe en las casas encaladas y los patios, en el trazado sinuoso de las calles —no se pierdan la calle Albaycín—, en el alcantarillado y el sistema de regadío… Letur rezuma agua por todas partes, llama especialmente la atención la sorprendente piscina de Las Canales, una insólita pileta natural dentro del núcleo, donde los vecinos se bañan y solazan cuando el calor aprieta.


Letur y el legado Al-Andalus

Otro rasgo del pueblo, este urbanístico, es su abundancia en arcos callejeros que salpimentan cualquier paseo: el de Pósito, el de las Moreras, la Puerta del Sol… La iglesia parroquial de Santa María de la Asunción es gótica, aunque su portada ya es renacentista. También lo es el Ayuntamiento, del siglo XVI, con una amplia balconada y una curiosa placa que proclama ”Viva el Rey Amadeo I y la Constitución”. Dicen que es el único monumento que dicho monarca conserva en toda España.





Elche de la Sierra es el pulmón económico y comercial de la zona. Ciudad de servicios y encrucijada de carreteras, no tiene grandes alicientes turísticos, pero permite abastecerse o saciar el apetito camino de Lietor, otro hito comarcal con regusto islámico. Cuando las tropas castellanas conquistaron Alcaraz en 1213, el castillo de Lietor devino la primera línea de defensa andalusí en el valle del río Mundo.

La colorida fuente del Pilar, en la plaza Mayor de Lietor, Albacete
La colorida fuente del Pilar, en la plaza Mayor de Lietor, Albacete
(Public Domain)

La fortaleza contuvo la irrupción cristiana en Andalucía durante treinta años, antes de sucumbir al empuje militar de la Orden de Santiago. Los siguientes años, la población se adornó con hermosas mansiones, casi palacios, pertenecientes a “caballeros de cuantía”, santiaguistas adinerados que defendían la frontera contra los musulmanes a cambio de la exención del pago de impuestos a la Orden. Varias de esas casonas siguen en pie, aportando tronío al núcleo: la de Rodríguez de Escobar, la de los Belmonte, la de los Tovarra…

De aquella época también permanece el llamado barrio Morisco, con tres bonitos miradores sobre el valle del río Mundo. Y aunque sea posterior, la colorida fuente del Pilar, en la plaza Mayor, entronca con el pasado musulmán a través de sus llamativos azulejos de Manises.

Acabo mi recorrido por la sierra de Segura en Ayna, encaramada en plena garganta del río Mundo. El emplazamiento corta el aliento, está a la altura del mismo pueblo, uno de los más pintorescos de la zona. El municipio tiene alicientes múltiples, como las pinturas paleolíticas de la cueva del Niño, el artesonado mudejar de la ermita de los Remedios, los restos del castillo de la Yedra o las serpenteantes callejuelas que forman el casco antiguo.

Anya, Albacete
Anya, Albacete
(Antonio Periago Miñarro – Flickr)

Sin embargo, ya me perdonarán, mi devoción por Ayna se debe a otro motivo: aquí se filmó gran parte de la película Amanece, que no es poco, dirigida por José Luis Cuerda en 1988. Cualquier paseo por el núcleo permite identificar fácilmente muchos emplazamientos, y hasta es probable que crucemos un saludo cortés con algunos de sus extras.

En la salida de Ayna por la carretera CM-3216 hacia el norte, hacia Bogarra, hay una divertida réplica de la moto con sidecar que Antonio Resines y Luis Ciges montan en la película. No se corten, instálense en el vehículo y háganse unas fotos, y no se alarmen si les entran unas ganas locas de preguntar a su acompañante: “Hijo, ¿me quieres?”.

Hueco entre la roca en Riópar viejo, Albacete
Hueco entre la roca en Riópar viejo, Albacete
(JULIAN74 – iStock)




Fuente: LA Vanguardia

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