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“Las madres deben tributar menos y tener voto cualificado”


Envejecer sin miedo

Que las madres tengan más votos cuantos más hijos y paguen menos impuestos es imprescindible, calculadora en mano, para que nuestra vejez no se convierta en una trampa indeseable. Con más poder electoral y menos impuestos incentivaríamos la maternidad y redistribuiríamos la riqueza de forma más equitativa, porque las familias, al comprar más, ya pagan más IVA. Habría que dejar sin contratos con la Administración a las empresas que castigan a las madres por serlo. Y trabajar todos más y mejor, en fin, dice Blanco, para aumentar nuestra competitividad, integrando a los inmigrantes que sustituyen a los hijos que no hemos tenido. O eso o renunciar a nuestra sanidad y pensiones mientras tememos llegar a viejos.

Por qué tenemos pocos hijos?

La pregunta sería por qué los tenemos, y si aplicamos la estricta lógica economicista, la respuesta es porque no lo pensamos bien.

Entonces, ¿si lo pensáramos bien, nos extinguiríamos?

Y la prueba de que la paternidad es más instinto que raciocinio es que quienes tienen más hijos hoy son las clases con menos formación.

Los hijos ya no te aseguran la vejez, pero ¿no son aún la mejor inversión afectiva?

Lo que debemos plantearnos –afectos aparte– es si podemos permitirnos no tenerlos.

¿Y si seguimos importando jóvenes?

Calculemos; la canciller Merkel lo resume en cada cumbre demográfica anual: los europeos somos el 7% de la población mundial –en caída acelerada– y generamos el 25% del PIB mundial –también cayendo– y con él financiamos el 50% del gasto social del planeta.

Con esas cifras Europa es insostenible.

O recortamos sanidad y pensiones o tenemos más descendencia, porque no podemos obligar a los padres a tener más hijos por la patria sufriendo más estrecheces.

¿Por qué cree que no tenemos más?

Porque en España la renta media familiar es de 26.000 euros al año y no sé si da ni para un hijo.

En cambio, tenemos la segunda mayor esperanza de vida de la humanidad.

Y pronto seremos la primera, porque estamos sólo a unos meses de vivir más de media que los japoneses, hoy los más longevos.

¿No deberíamos alegrarnos?

Claro, pero también deberíamos avergonzarnos de ser los líderes de la Unión Europea en pobreza infantil junto a Rumanía y Grecia.

Si no tenemos más hijos, tendremos más inmigrantes y una patria multicolor.

La patria de verdad empezó con la Seguridad Social. Y es esa la que está en peligro. Los inmigrantes ya no es que sean una opción: son inevitables. Cuando yo estudiaba, Egipto, por ejemplo, tenía la población de España: 35 millones; hoy son 110. Y toda África ha crecido igual. Vendrán. Y cada vez más. Es imparable.

¿Hay alguna manera de frenarlos?

Puedes poner una flota de acorazados creando un muro flotante y disparando contra las pateras, pero ese día se acabaría la democracia europea y empezaría su decadencia económica.

¿Qué propone, entonces?

Hay que actuar en tres frentes: incentivar la natalidad, gestionar la inmigración y aumentar nuestra competitividad.

En suma, trabajar más.

Y mejor, si es que queremos defender nuestro modelo social frente a Asia y América. O tendremos que recortarlo.

¿Y cómo integraremos los nuevos modos de convivencia, familia y reproducción?

Es otro factor a gestionar. Las chicas, por ejemplo, superan a los chicos en los estudios y empiezan a superarlos consiguiendo los mejores empleos. Por eso, muchas mujeres con talento ya no encuentran una pareja a su altura.

¿Se conformarán con la que encuentren?

Muchas jóvenes se van de Galicia y Asturias, porque ya no tienen allí varones de su nivel. Por eso hay que actuar sobre el fracaso escolar masculino. ¿Ve? Todo está relacionado.

¿Los padres de familia deben tener un voto más cualificado que los solteros sin hijos?

Es una propuesta que ya hicieron políticos franceses. Pero yo daría ese voto cualificado –cuantos más hijos, más poder electoral– sólo a las madres y no a los padres. Porque son ellas las que asumen la mayor carga parental. Así los gobiernos espabilarían para ­ayudarlas.

A ver si algún partido se anima a incluir el voto maternal cualificado en su programa.

Mientras tanto, el envejecimiento de la población va a plantearnos retos dramáticos: cada día en este país mueren ancianos en silencio y soledad sin redes asistenciales ni afectivas que les apoyen. Necesitamos más recursos para ellos.

Veo que no va a pedir la renta universal.

Al contrario, necesitamos aumentar nuestra competitividad: trabajar más y mejor creando mayor riqueza y repartiéndola. Y eso también exige gestionar la migración mientras incentivamos la natalidad. Todo a la vez. Y ya.

¿Alguna otra propuesta más concreta?

Penalizar en la contratación pública –que en la UE es el 20% del PIB– a las empresas que discriminan a las mujeres por ser madres. Si esos empresarios no favorecen la maternidad, pues la Administración tampoco a ellos.

Si se hace, ¿cuándo veríamos resultados?

Antes, más medidas: en tributación propongo el modelo francés, que es la tributación per cápita. Se suman los ingresos de la unidad familiar y se divide por el número de personas que viven bajo el mismo techo.

¿Y así, con más hijos, menos impuestos?

Al aplicar la cuota, como el impuesto es progresivo, salen bases más pequeñas para quienes tienen más hijos, que así pagan menos.

Los que aportan menos que paguen más.

Además, las familias que tienen hijos también gastan más y, por tanto, generan más ingresos por IVA para el Estado. Es justo compensarles.

Sería una tributación más justa.

Es una manera de reequilibrar la gran carga tributaria que tiene el modelo español, que penaliza sin considerar las cargas familiares de cada ciudadano. Un niño de clase obrera cuesta unos 5.000 euros al año y los 300 de desgravación actual por él son un insulto.




Fuente: LA Vanguardia

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