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Las madres de la distancia | Cultura


“Sí, estoy trabajando mucho”, dice una madre por teléfono a sus hijos, voz cariñosa pero remordida, distancia de miles de kilómetros y de más de un lustro sin verse. Y remacha: “Trabajando mucho para ustedes”.

EN TRÁNSITO

Dirección: Oskar Tejedor.

Género: documental. España, 2016.

Duración: 87 minutos.

Las palabras, seguramente repetidas en tantas y tantas casas españolas dirigidas a moradas de diversos países de Latinoamérica, ejerce de resumen perfecto de lo que pretende contar En tránsito, documental de Oskar Tejedor sobre la terrible situación de infinidad de mujeres que, un buen mal día, decidieron cruzar el charco en busca de una vida mejor. De una vida mejor para sus hijos. A los que poco vieron desde entonces, esperanzadas en un futuro provechoso, y en un reencuentro feliz, quizá allí, quizá aquí, en superiores condiciones sociales y económicas.

Tercera película de Tejedor tras los también documentales Cuidadores (2010) y Notas en movimiento (2014) —el primero, social, el segundo, cultural—, En tránsito se acerca a la dura realidad con una idea central y una estructura tan sencilla como meridiana: doble punto de vista, el de los que se quedaron y el de las que se fueron, preparación para la reunión tras un puñado de años mirándose a los ojos a través de la pantalla de Skype, y reflexión final sobre la evidente dificultad para la complicidad madre-hijos en personas que no han llegado a ejercer de ello o hace demasiado tiempo que lo hicieron.

Con el apoyo moral de una doble vertiente, la religiosa, fundamentalmente católica, y la social, por medio del aliento de las ONG, son madres e hijos en los que abunda la extrañeza, palabra que se bifurca en dos caminos tan distintos como contradictorios: el del sentimiento de falta, y el de un afecto casi esquivo por la ambigüedad de su naturaleza. Y es ahí donde no acaba de llegar la película de Tejedor, mejor cuanto más sinceras y espontáneas son las situaciones, y bastante más discutible cuando el discurso parece mascado, se nota la presencia de las cámaras, e incluso se subraya innecesariamente con textos en off que redundan en lo que ya se está viendo en imagen.

Quizá por ello el mejor momento del documental es el duelo final entre una madre y el exmarido que se quedó allá con sus hijos, en el que ambos exponen sus contrapuestos razonamientos, para que sea el espectador el que, frente a los títulos de crédito finales, reflexione sobre la crudeza de la situación, y la lucha interna entre el remordimiento y la certidumbre de un futuro mejor.




Fuente: El país

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