El escritor y cineasta David Trueba elige para Librotea aquellos títulos que más le han marcado en su vida. Una estantería en la que sobre todo destacan las autoras anglosajonas y la literatura sentimental e íntima. 9 novelas que dan título a esta estantería y un libro de poesía imprescindible en las letras norteamericanas.Comienza con Middlemarch, de George Eliot. “Recuerdo el momento de la primera lectura, el agradecimiento por su esfuerzo estructural y la sincera cadencia en la construcción de emociones”, afirma.Le siguen coetáneas como Jane Austen con su monumental Orgullo y prejuicio, “una novela de iniciación que con el tiempo vas descubriendo que es novela de culminación. El talento de verdad casi siempre es discreto y transparente”, y Charlotte Brönte con ese otro gran clásico que es Cumbres borrascosas,  que, según Trueba, “junto a El Rojo y el Negro de Stendhal eleva el despreciado valor literario que se le concede al amor a algo imperecedero”.

Ya en el siglo XX se publicaron novelas como Mi Antonia, de Willa Carther con la que confiesa que se cayó del caballo “del esnobismo impuesto por la jerarquía sobre la novela de ese país y caí rendido a la más bella fabricación novelesca”; también llegó a las librerías la gran novela de Barcelona, La plaça del diamant, de Mercé Rodoreda, que es para Trueba, “la gran novela sobre la guerra civil española, y que es, como no podía ser de otra manera, una novela sobre los civiles en la guerra, escritura con tersura, tensión y sobre todo la poderosa voz que ya nunca te abandona”.  De la literatura sobre Barcelona –y sobre la España franquista rescata a su vez Nada, de Carmen Laforet, porque “hay pocas novelas en la España de ese tiempo que cuenten tan bien el extrañamiento y la fuga hacia el interior en un país imposible. Me temo que tras escribirla, solo era posible el silencio y la amargura”.

Otros autores de la segunda mitad del siglo XX son Vladimir Nabokov, “un escritor que fundó un género y hasta una nacionalidad propia, convirtiéndose él mismo en una obra de arte”, afirma, y de quien recomienda Lolita, una novela que “permanece como un ejercicio radiante para ensamblar lo narrativo y lo estilístico. Junto a Pnin, uno de esos libros que nunca dejaré de leer”; Truman Capote y El arpa de hierba, “una de esas lecturas que me decidió a dar el paso definitivo hacia la escritura, quizá porque te deja romper la pared y entrar en ella y en su autor como pocas veces sucede”; y Natalia Ginzburg con Las pequeñas virtudes. “Podría ser cualquier libro de esta escritora, pero quizá con el tiempo esta colección de ensayos ha ido cobrando matices de escuela de vida, como sucede con Léxico Familiar”, sostiene el cineasta.Para finalizar, Trueba recomienda la poesía de Marianne Moore. “Concentra lo cívico y lo intelectual como pocos han logrado”, señala.




Fuente: El Pais

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