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«Las grandes editoriales acabarán con el sustento de cientos de músicos»


No corren buenos tiempos para la Sociedad General de Autores. Con los músicos divididos sobre los programas de música de madrugada (hay dos grandes bloques que han expresado su opinión sobre el tema y emitido sendos comunicados), ahora llega el turno de los compositores, que como José Ramón Flórez –productor también con más de 65 millones de discos vendidos– acusa a las multinacionales de tomar el poder en la entidad de gestión y lucrarse a costa de los autores españoles.Flórez ha iniciado acciones legales contra la gestora de derechos tras años de reclamaciones y reuniones con las sucesivas directivas. Ha denunciado que desde 1987 las cuentas no le cuadran. Sin embargo, sus trabajos siguen sonando en las voces de Paulina Rubio, Lucero, Sergio Dalma e Isabel Pantoja, entre otros artistas.

–¿Por qué ha iniciado acciones legales contra la SGAE?

–La reclamación es por falta de diligencia continuada en la administración de mis derechos, que no se limita únicamente a España, sino también al extranjero a través de diferentes entidades como SACM (Sociedad de Autores y Compositores de México), BMI (Broadcast Music Inc.) y Ascap (American Society of Composers, Authors & Publishers). Del cálculo que hemos hecho se desprende que el perjuicio originado asciende a varios millones de euros.

–¿En qué consisten las obligaciones de la Sociedad General de Autores?

–Según figura en los contratos de adhesión es responsable de gestionar y administrar los derechos y, con ello, emitir, custodiar y vigilar las fichas de registro. Según éstas la SGAE hace el reparto. En mi caso, desde 1987 no me cuadran las cantidades entre lo que ingreso a través de la sociedad de gestión y las ventas.

–¿Y es cuando se decide a actuar?

–Me decidí a revisar la documentación y me encontré con que a lo largo de estos años se han manipulado las fichas de registro, de manera que una misma canción está registrada con porcentajes diferentes de reparto a los que consta en la ficha original, pero siempre a favor del editor.

–¿Es posible que pueda deberse a un error informático?

–No. De hecho, ha sido precisamente gracias al sistema Teseo cuando han salido a la luz más de 360.000 obras sin identificar, dinero que también ha ido a parar a manos de las multinacionales. Y estos es solo la punta del iceberg y no es la única irregularidad. Cuando puede finalmente acceder a los ficheros analizamos 600 canciones para descubrir que solamente el 3 por ciento de las obras estaban bien identificadas. Aparecen, además, coautores y editoriales desconocidos e incluso contratos caducados desde 1997, pero que para los editores siguen generando ingresos sin soporte documental alguno. Cuando se les pide una rectificación y que paguen lo que han recibido indebidamente, desaparecen. El fraude se ha institucionalizado.

–¿Cree que su caso no es el único, que puede afectar a otros miembros de la SGAE?

–Seguro que sí. De hecho, no soy el primero que ha emprendido acciones legales contra la entidad, aunque sí quien más lejos está llegando. Me consta que en algunos de los casos se ha llegado a amenazar para paralizar los procesos, y en otros simplemente se ha zanjado la cuestión con un adelanto económico.

–¿Cómo es posible que parezca que por fin se va a poner orden en una situación tan preocupante, con mociones de censura incluida como hemos visto en septiembre, y después todo siga igual?

–Es evidente que las grandes editoriales se aprovechan de la desidia de la SGAE, una entidad en la que nosotros ponemos confianza ciega. Incluso firmamos contratos con grandes editoriales con unas condiciones que ningún otro gremio aceptaría. Yo lo único que sé es que la situación es dramática y por eso acudo a la justicia.

–Su denuncia coincide en el tiempo con el conflicto sobre los programas musicales nocturnos en televisión, que ha dividido a los músicos españoles. ¿Le afecta de alguna manera?

–No, porque en mi caso nunca he participado ni me lo han pedido. Pero, de nuevo, forma parte de la misma operativa de las multinacionales que, en este caso, quieren torpedear un sistema que ha permitido a muchos autores poder vivir de la música, pero en el que ellas han sido desplazadas por las editoriales de las televisiones. Las grandes editoriales acabarán con el sustento de cientos de músicos.




Fuente: La razon

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