José Manuel Villarejo ha caído en su propia trampa. El excomisario fue arrestado el 3 de noviembre del 2017 después de meses de investigación por parte de la Fiscalía Anticorrupción y la unidad de asuntos internos de la Policía Nacional. El origen de las pesquisas fue la denuncia de un abogado, que reconoció haberle pagado en sociedades en el extranjero hasta 5 millones de euros por realizar un informe sobre un miembro de la familia Obiang, de Guinea Ecuatorial, en una lucha entre miembros del mismo clan. Este abogado llegó a formar parte del círculo más próximo de Villarejo hasta que se sintió traicionado. Por esas fechas, el exalto mando policial ya estaba en la picota investigado en varias causas judiciales como la del pequeño Nicolás o por el apuñalamiento de la doctora Pinto.





A su entorno más cercano confesaba que temía que pudiera ser detenido en cualquier momento y de hecho aseguró tener todo preparado por si eso ocurría: el Estado no aguantaría todo el material sensible que él guardaba.

Sin embargo, de los hechos se desprende que Villarejo no estaba tan preparado como decía para su arresto.

Dos días después de su detención declaró ante la juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela. Agentes de asuntos internos habían localizado todas las gra­baciones que él mismo se había hecho en sus conversaciones con determinadas personas durante años. Lo grababa todo y lo guardaba todo. Y eso le llevó a su perdición. Gran parte de sus afirmaciones en ese interrogatorio, al que ha tenido acceso La Vanguardia, han quedado desmontadas con todo el material incautado y que él mismo poseía en su casa.





El proyecto sobre la familia Obiang lo denominó King. Él dice que esa labor se la encargó el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), para quien trabajaba como agente encubierto. La persona que inicialmente se puso en contacto con él “era un abogado, no recuerdo su nombre, un señor un poco gordito al que sólo vi en pocas ocasiones”.





Pues con ese señor que dice no conocer tiene múltiples conversaciones. Se llama Paco e incluso le llegó a ofrecer trabajar en sus empresas. Le pagó 5 millones de euros y durante años sufragó comidas y regalos y dio dinero a Villarejo y otros comisarios acusados de formar parte de su organización, como Carlos Salamanca.

Este abogado reconoció en el juzgado que pagó esa cantidad a Villarejo y entregó los resguardos de las transferencias realizadas a sociedades en varios países como Panamá. Eso Villarejo no lo sabía cuando declaró. Negó haber cobrado dinero por ese trabajo. “No soy una persona apegada al dinero (…) Yo personalmente no he constituido ninguna sociedad en Panamá. En alguna ocasión lo ha hecho el CNI”, le dijo a la juez.


Un abogado denunció al policía y admitió que le había pagado cinco millones en sociedades en el extranjero

Pero su afirmación pronto fue desmontada después de que la Policía analizara las grabaciones que guardaba con su cliente, al que él no reconoce. “Constituye una sociedad en uno de los cuatro países, Malta o dónde te salga de la polla. Entonces, tú, directamente, ya pom, pom, pom, y nosotros…”, le decía Villarejo a Paco para organizar el pago.





En el juzgado, Villarejo insistió que todos esos trabajos los hacía por orden del CNI, que controlaba los pagos. En cuanto tuvo conocimiento de ello, el servicio de inteligencia remitió un escrito al juzgado en el que aseguraba que “ni tiene ni ha tenido relación contractual, de cualquier naturaleza, ni por medio de convenio público o privado, ni con el citado ni con ninguna de sus empresas”.

Villarejo se mostró como una víctima del director del CNI, ­Félix Sanz Roldán: “Quiere aniquilarme, destruirme. No puede utilizarse el poder para destruir a una persona”. Esta afirmación es precisamente de lo que se le ­acusa: utilizar su información obtenida como agente de Policía y las grabaciones que ha realizado a personas relevantes para chan­tajear, extorsionar y enriquecerse por ello. Él dice a la juez: “Jamás he utilizado la Policía para enriquecerme”. Él asegura en ­privado a sus clientes: “Llevo treinta años haciendo maldades, cobrando y pagando en todos los países del mundo y no me han pillado todavía”.








Fuente: LA Vanguardia

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