El aumento del precio del CO2, la caída del coste del gas y la mayor competitividad de las renovables no solo están llevando a que la generación de electricidad con carbón esté en mínimos históricos en España y Europa. También implicará pérdidas millonarias. El 79% de las centrales de carbón europeas no son rentables y en 2019 las pérdidas rondarán los 6.600 millones de euros, según un informe elaborado por el grupo de expertos Carbon Tracker. España es el segundo país con más impacto de la Unión Europea y las eléctricas propietarias de las centrales se exponen a pérdidas de 992 millones.

Alemania –con un impacto previsto por los analistas de Carbon Tracker de 1.900 millones de euros– es el país más golpeado de la UE por esta tormenta que desde primavera está haciendo que muchas de las centrales de carbón de la UE no estén funcionando porque, simplemente, no resultan competitivas. En el caso de España, las cuatro centrales de Endesa –entre ellas la de As Pontes (A Coruña), la más potente– se exponen a 488,4 millones de pérdidas. Le siguen las plantas de EDP con 279,4 millones y las de Naturgy con 92,5. Por último, las centrales de Viesgo e Iberdrola tendrían 82 y 49,4 millones de pérdidas respectivamente, según el modelo de Carbon Tracker.

Apocoalypse Now se titula el informe elaborado por estos analistas, que advierten del riesgo de que esas pérdidas se intenten compensar con ayudas estatales. Estos analistas apuntan a que las pérdidas no son coyunturales y seguirán más allá de este año debido a la caída de costes continua de la eólica y la solar y a los bajos precios del gas natural, el principal competidor del carbón.

A esto se le une el alto precio del CO2 (dióxido de carbono) en el sistema de comercio de emisiones europeo, donde están obligadas a acudir las plantas que queman carbón y gas para comprar derechos que le permitan operar. La tonelada de CO2 en ese mercado ronda ahora los 25 euros tras años en los que no superaba los 10. Este sistema se ideó precisamente para desincentivar el uso de las plantas que más emisiones expulsan a la atmósfera, pero los precios bajos hacían que esta herramienta fuera ineficiente. Pero cuando el precio de la tonelada ha aumentado –tras una reforma del mercado aprobada por las instituciones europeas–, las centrales de carbón han empezado a perder competitividad frente a las de gas, que emiten la mitad de CO2 para generar la misma electricidad.

Sriya Sundaresan, una de las analistas de Carbon Tracker encargada del informe, admite que en un escenario hipotético en el que el precio del dióxido de carbono “cayera drásticamente” las pérdidas “podrían reducirse”. Pero esta especialista advierte de que hay un tercer factor importante: “la entrada en vigor de las nuevas regulaciones de la UE para luchar contra la contaminación atmosférica en las grandes centrales”. Estas normas hacen que, a partir del año que viene, las plantas tengan que tener filtros más potentes para reducir los contaminantes que expulsan a la atmósfera, lo que hará que los costes de funcionamiento aumenten también, “compensando cualquier caída de los precios del carbono”, explica Sundaresan.

En definitiva, se trata de una situación “estructural”, como admiten fuentes de Endesa. El caso de esta compañía –propiedad de la italiana Enel– es paradigmático. Posee cuatro centrales térmicas en España que generan electricidad quemando carbón. Para dos de ellas, las que usan combustible nacional –todas las minas del país han cerrado porque tampoco son rentables–, la empresa había solicitado ya la clausura. Las otras dos, que se nutren de carbón importado, iban a seguir operando hasta finales de la década próxima. Para ello Endesa había invertido alrededor de 370 millones en las obras para cumplir la nueva normativa anticontaminación de la UE. Pero la situación del mercado es tal –las plantas casi no han funcionado desde primavera– que la compañía ha anunciado ya que también cierra estas dos centrales.

España no figura entre los países europeos más dependientes del carbón en Europa. Sin embargo, ocupa el segundo lugar en cuanto a pérdidas. Ninguna de las centrales de carbón del país es rentable, explica Sundaresan. Esta especialista apunta a que una de las principales razones es que España tienen unos mayores costes de carbono, algo motivado por el hecho de que las plantas “son más antiguas” y, por lo tanto, menos eficientes.

Planes de cierre

Los especialistas de Carbon Tracker recuerdan que en 2017 publicaron un informe en el que advertían de que las centrales de carbón europeas no operarían más allá de 2030, precisamente por la caída de costes de las renovables, las nuevas normas anticontaminación y el incremento de los precios del CO2. Ahora sostienen que esa previsión del fin del carbón en 2030 es conservadora.

Hay países europeos –como Francia, Finlandia, Italia o Reino Unido– que ya han fijado calendarios para dejar el carbón a lo largo de la próxima década. Sin embargo, el informe recuerda que Alemania no tiene intención de hacerlo hasta 2038, algo que según este grupo de expertos es “incompatible con el Acuerdo de París” de lucha contra el cambio climático.

El análisis señala a España como uno de los países que se resisten a fijar un calendario de cierre; el plan que el Gobierno envió a Bruselas este año y que está siendo revisado por la Comisión era ambiguo en este apartado y deja la puerta abierta a que siguiera funcionando alguna central más allá de 2030.

El caso polaco

Alrededor del 80% de la electricidad en Polonia se genera con carbón; sin embargo, el informe apunta a que en este país las eléctricas no tendrán pérdidas a final de año. Esto se debe, por un lado, a las fuertes ayudas estatales que reciben las centrales. Sriya Sundaresan apunta además a que el mercado no es competitivo. “La mayor parte de su generación proviene del carbón, que fija el precio del mercado de la energía”, explica.




Fuente: El Pais

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