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‘Las distancias’: el mal rollo de las viejas amistades | Cultura


Elena Trapé, en medio, entre Miki Esparbé y Alexandra Jiménez, en el rodaje de ‘Las distancias’.

¿Es Berlín la nueva capital del cine español? En los últimos dos años, varias películas españolas han desarrollado allí su trama, bien desde el lado de la comedia, bien desde el cine de autor. El éxito de la ciudad alemana como trasfondo fílmico se debe a su capacidad para atraer emigrantes y estudiantes españoles en la vida real. Y por tanto Elena Trapé (Barcelona, 1976), con su fino olfato para el retrato generacional ya demostrado en Blog (2010), ha decidido desarrollar allí Las distancias, Biznaga de Oro en el último festival de Málaga y premios a la mejor dirección y actriz (Alexandra Jiménez) en el certamen andaluz.

El drama, que desarrolla en un fin de semana en el que un grupo de excompañeros de la Universidad se planta por sorpresa en casa de uno de ellos en Berlín, suena a verdad. “Cuando empecé a pensar en el guion, los temas de la decepción y del desencanto estaban muy presentes a mi alrededor”, recuerda Trapé. “En las conversaciones, en las preocupaciones surgían sin parar. Las distancias no es autobiográfica, pero tiene que ver con mi cercanía”. La cineasta cree que puede que el corazón de su drama sea universal, aunque no tanto generacional. “Espero que mucha gente se vea identificada más allá de la edad. Para mí, el viaje y el reencuentro entre amigos sirven como excusa para hablar de la melancolía del tiempo pasado, cierto, aunque más me interesaba que esa reunión se celebra fuera del escenario habitual. Y eso me sirve de detonante para que los personajes se enfrenten a sí mismos”. A eso se llega con la invasión de un espacio privado (la casa de alguien que “no está receptivo”), la convivencia y los motivos por los que cada uno se ha plantado en Berlín. “Todo egoísmo”, ríe Trapé.

Al inicio de la redacción del guion, Trapé y sus guionistas crearon cinco perfiles que se acercaran a sendos prototipos. “Porque al final cada uno en un grupo asume un rol. Trabajamos mucho el background: qué habían estudiado, en qué idioma hablaban, cómo era la relación previa entre cada uno”; recuerda la cineasta. “Hemos dado la información suficiente, creo, para los espectadores, pero a la vez les permitimos, porque esa era nuestra intención principal, que construyan su puzzle”. ¿Y quién se impuso en el idioma y el carácter, el actor al personaje o el personaje al actor? “Teníamos la opción de adaptarnos, y sin embargo no fue necesario. Olivia [a la que da vida Alexandra Jiménez] hablaba castellano desde el principio. Curiosamente, a Eloi, que se comunica en catalán, le da vida Bruno Sevilla, que hizo las pruebas en ese idioma perfectamente… y es de Almería. Bruno tiene facilidad para los idiomas y había vivido algunos años en Barcelona, eso que llevaba ganado”.

Olivia está embarazada. A su alrededor levanta algunas suspicacias con su comportamiento, como que fuma. “Quería retratar la vivencia de la maternidad de forma distinta. Eso de la conexión mística con el feto, de la epifanía que surge tras ponerle música y que se comuniquen… En mi entorno no lo he visto. En el cine hay mucho hombre en crisis y poca mujer en el mismo camino. Me interesaba mucho darle dimensión a esa mujer embarazada, a la que censuran cada movimiento”, aclara Trapé. Lo que no tiene tan claro es que existan un nexo entre Blog y Las distancias: “No sé, los que lo veis desde fuera lo afirmáis. Yo… Me atrae el grupo de amigos como estructura, ya que como una familia es un lugar donde te puedes sentir muy seguro y a la vez muy atrapado. Cuando uno quiere cambiar su rol en ese esquema, obliga a que los demás se reubiquen y eso nunca es fácil”. Como ya se mostraba en Reencuentro, de Lawrence Kasdan. “Es una película que he visto mil veces y que me encanta”.

Antes de acabar, Trapé quiere agradecer el premio de Málaga, porque le ha ayudado a sacar la cabeza en una cartelera “muy llena”, y recordar el trabajo de los actores el esfuerzo. “Los cinco han estado genial. En un principio jugamos a que el de Miki, el hombre asaltado en Berlín por los amigos, desapareciera de la narración. Sin embargo, es imposible que el espectador no quiera más de Miki, y se ganó el derecho a volver a salir. Y Alexandra… No hay más que ver la película para apreciar su talento”.




Fuente: El país

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