La ablación afecta a más de 200 millones de mujeres y niñas en todo el mundo, algunas de ellas presentes en España

Cortar de raíz la feminidad de una mujer es una arraigada tradición en muchos lugares del mundo. Pero la ablación genital también se convierte en una forma atroz de marcar la vida de una mujer, tanto a nivel físico como psicológico. Por ello, el 6 de febrero se conmemoró el Día Internacional Contra la Mutilación Genital Femenina, una efeméride que pone en evidencia la necesidad de seguir luchando frente a esta práctica salvaje que afecta a más de 200 millones de mujeres y niñas en todo el mundo.

Aunque en España esta costumbre es castigada por Ley, existen muchas las mujeres que viven en nuestro país con la losa a sus espaldas de haberse convertido en una superviviente de la ablación. «El reto global es erradicar esta práctica, pero mientras tanto lo más urgente resulta atender adecuadamente a aquellas que lo han sufrido en sus propias carnes», confiesa Hodan Sulaman, mediadora intercultural de origen somalí y miembro del programa de Prevención de la Mutilación Genital Femenina de Médicos del Mundo. Precisamente con ese objetivo, desde el pasado mes de noviembre el Hospital 12 de Octubre de Madrid cuenta con un protocolo específico de atención a estas mujeres que se ha convertido en un proyecto pionero en la Comunidad de Madrid. «En estos meses hemos atendido a 15 mujeres, todas ellas supervivientes de una ablación, pero que llegan a nuestra consulta cargadas de dudas por la falta de información sobre lo que les ha ocurrido», aseguran Mari Carmen Gutiérrez y Patricia Barbero, ginecólogas del Hospital 12 de Octubre que atienden a estas pacientes.

Graves consecuencias para la salud

El desconocimiento es el primer escollo al que se enfrentan las afectadas, aunque la lista de problemas médicos con los que se topan resulta muy larga: «La mayoría acude a nuestra ayuda porque sienten dolores muy fuertes. De hecho, el cien por cien de ellas tiene molestias durante las relaciones sexuales. Pero eso es sólo la punta del iceberg, ya que la ablación también puede implicar infecciones vaginales de repetición que, a largo plazo, desencadenan en infertilidad e infecciones graves de útero y trompas de Falopio. Además, son habituales las infecciones de orina, que también pueden originar problemas de riñón, sin olvidar que la menstruación de estas mujeres suele ser más dolorosa porque se cierran los orificios naturales», detallan las expertas.

Por todo ello, explicar a las afectadas qué es lo que les ha pasado y las consecuencias que eso tiene en su cuerpo se convierte en el primer paso a seguir, para posteriormente iniciar un tratamiento específico según las necesidades de cada una de ellas. «En algunos casos, el último escalón es la reconstrucción de la zona, aunque eso sólo se produce cuando comprobamos que la mujer está preparada física y psicológicamente para ello», apuntan las ginecólogas. De hecho, la parte emocional se convierte en un ingrediente clave para tratar con éxito a estas mujeres, «ya que suelen arrastrar miedos y complejos durante toda su vida», asegura Sulaman, quien reclama la necesidad de que «este programa incluya también la participación de psicólogos especializados en estos casos».




Fuente: La Razón

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