El Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena es el principal evento mediático de la clásica. Su fórmula es magistral. Una de las mejores orquestas del mundo, uno de los mejores directores del momento y la música de los Strauss como denominador común. Cuenta con una sólida tradición, como lo demuestran sus 80 años de historia. Y congrega frente al televisor a una media de 50 millones de espectadores de casi un centenar de países. Cada año parece lo mismo, pero siempre es diferente. En esta ocasión lo dirige, por vez primera, el maestro letón Andris Nelsons. Debuta como coreógrafo el español José Carlos Martínez en las escenas pregrabadas de ballet. Se escucharán nueve composiciones nunca antes programadas, entre ellas música de Beethoven, en conmemoración de su 250º aniversario. Y volverá a palmearse, para terminar, la Marcha Radetzky, que este año sonará en un arreglo liberado de molestas adherencias nazis. De todo ello, y de mucho más, se trata en esta guía.

Capital de la música clásica

Descarten imitaciones, pues el principal Concierto de Año Nuevo se celebra en Viena. La capital austriaca lo es también de la música clásica. Aquí han vivido y trabajado los principales compositores desde el siglo XVIII, como Haydn, Mozart, Beethoven y Schubert, pero también Brahms, Bruckner, Mahler o Schönberg. Casi podría escribirse la historia de la música de los últimos 300 años sin abandonar sus calles. Pero la imagen de Viena como capital musical clásica ha sido el resultado de una exitosa construcción de la política cultural austriaca. Una forma modélica de contrarrestar su declive, tras la caída del Imperio austrohúngaro y su anexión a la Alemania de Hitler. Cada 1 de enero, Viena brilla al compás de la música de los Strauss. Y, más concretamente, de Johann Strauss hijo (1825-1899), el compositor más prolífico e interpretado en este evento.

Polémico origen

A pesar de su innegable belleza y glamur, esta cita musical tiene un origen sombrío. Surgió de la propaganda nazi en una Austria anexionada como provincia del Tercer Reich. Clemens Krauss dirigió su primera edición, el 31 de diciembre de 1939, al frente de una Filarmónica de Viena declarada Judenfrei («limpia de judíos»). Pero, desde 1941, tiene lugar en su fecha correcta. El victimismo austriaco, que evidencian películas como Sonrisas y lágrimas, blanqueó esos orígenes nazis. Y, tras la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en un escaparate de la excelencia cultural de Austria. Hoy forma parte, además, de las tradiciones del comienzo de año en millones de hogares de todo el mundo.

Sala Dorada

El director letón Andris Nelsons, en el ensayo del Concierto de Año Nuevo, el pasado 27 de diciembre. FLORIAN WIESER EFE / EPA

Se celebra en la llamada Sala Dorada del Musikverein, el famoso edificio de conciertos que construyó la Sociedad de Amigos de la Música de Viena, en la Karlsplatz. Se inauguró, en enero de 1870, y este año celebrará su 150º aniversario. Un diseño del arquitecto danés Theophil von Hansen inspirado por el clasicismo griego. Lo atestigua su decoración, con esas hileras de cariátides o las representaciones de Apolo y las nueve musas en el techo. Pero también su forma, inspirada en la sección áurea. Un paralelepípedo rectangular o «caja de zapatos» que alberga una de las mejores acústicas del mundo.

Un mar de flores

La Sala Dorada del Musikverein se decora anualmente con un espectacular despliegue de adornos florales. En el pasado eran regalo de la ciudad italiana de San Remo, pero desde 2015 se hace cargo de la decoración el Departamento de Parques y Jardines de la Ciudad de Viena, que lleva más de siglo y medio adornando los parques de la capital austriaca. La sala se convierte en un mar de 30.000 flores. Este año se han diseñado combinaciones de anturios, rosas, lirios y orquídeas, donde dominarán los tonos pastel. Desde un delicado color púrpura al rosa rojizo y albaricoque, pasando por el amarillo claro, blanco, crema y verde fresco. Todo con la intención de resaltar el brillo de esta sala.

Filarmónicos vieneses

El letón Mariss Jansons dirige el Concierto de Año Nuevo, el 1 de enero de 2016.
El letón Mariss Jansons dirige el Concierto de Año Nuevo, el 1 de enero de 2016. HERBERT NEUBAUER AFP / APA

La Filarmónica de Viena es una de las mejores orquestas del mundo. Surgió, en 1842, para satisfacer la creciente demanda de conciertos filarmónicos en la ciudad. De ahí su nombre, pues Wiener Philharmoniker significa literalmente “Filarmónicos vieneses”. La fundó el compositor Otto Nicolai con los mejores músicos de la orquesta de la Ópera Imperial (hoy Estatal), constituidos en una asociación autogestionada. Es un conjunto muy conservador con un sonido inconfundiblemente autóctono y elegante. Dispone de una tradición instrumental propia, con variantes diferentes de otras orquestas para el oboe, la trompa o el timbal. Y es frecuente encontrar entre sus miembros no solo discípulos de antiguos integrantes, sino también fuertes filiaciones familiares.

Mujeres en la orquesta

La ideología conservadora de esta orquesta ha incurrido en polémicas por sus actitudes sexistas y racistas. Hasta 1997 no se permitió a ninguna mujer tocar en ella, pero hoy dispone de 15 integrantes femeninas de pleno derecho entre sus 145 instrumentistas e incluso cuenta, desde 2011, con una mujer entre sus cuatro concertinos, la búlgara Albena Danailova. Pero este año no la veremos en el primer atril, donde actuará como concertino el violinista Volkhard Steude. Sí veremos, por el contrario, a varias integrantes de la orquesta entre los primeros atriles de los violines segundos, como es el caso de Patricia Hood-Koll, hija del violista Heinrich Koll, recientemente jubilado. El ascenso de las mujeres entre los atriles de la Filarmónica de Viena está siendo muy lento. Se debe, en buena medida, a que cada nueva admisión debe superar un periodo de prueba, tras haber obtenido una plaza en la Orquesta de la Ópera Estatal. Y también, según su presidente, a que las nuevas incorporaciones no se hacen “porque sean o no mujeres, sino porque sean las mejores instrumentistas”.

El director Andris Nelsons

La Filarmónica de Viena carece de director principal. Invita a uno de los más prestigiosos del mundo para cada concierto de abono, gira o festival. Y el Concierto de Año Nuevo es un buen ejemplo. Aunque en el pasado se contó inicialmente con un director estable para esta cita (como Clemens Krauss, Josef Krips, Willi Boskovsky y Lorin Maazel), desde 1987 se propone un director diferente para cada edición. La alternancia comenzó con Herbert von Karajan y le han seguido Claudio Abbado, Carlos Kleiber, Zubin Mehta, Riccardo Muti, Nikolaus Harnoncourt, Seiji Ozawa, Mariss Jansons, Georges Prêtre, Daniel Barenboim, Franz Welser-Möst, Gustavo Dudamel y Christian Thielemann. En 2020 debuta el letón Andris Nelsons (Riga, 1978), que es titular de la Sinfónica de Boston y Gewandhauskapellmeister en Leipzig. Nelsons debutó con la Filarmónica de Viena, en octubre de 2010, y se ha consolidado desde entonces como uno de sus principales directores. Combina un talento desbordante con una sencillez natural y ha grabado, entre 2017 y 2019, la integral de las sinfonías de Beethoven para Deutsche Grammophon.

Los Strauss y coetáneos

La tradición del Concierto de Año Nuevo está relacionada con los integrantes de la familia Strauss, la principal dinastía de compositores de música de baile y opereta vienesa del siglo XIX. El más relevante es Johann Strauss hijo, aunque también se añaden siempre obras de su hermano Josef, el más imaginativo a nivel musical, del patriarca de la familia, Johann Strauss, y, en menor medida, de Eduard, el benjamín de la saga. Esta edición escucharemos obras de todos ellos. Predomina Johann hijo, con seis de las 19 composiciones. Este año se escucharán tres valses suyos con mucha solera, como Donde florecen los limoneros (introducido en 1951 por Krauss y tocado por última vez, en 2013, con Welser-Möst) y ¡Abrazaos, millones de seres! (que primero dirigió Krauss, en 1950, y Barenboim, por último, en 2014) y Disfrutad de la vida (que sonó con Krips, en 1947, y Jansons dirigió la última vez, en 2012). Menos tradicional es la polca Fiesta de las flores (Maazel ha sido el único que la ha incluido, en 1996). No obstante, el vals más conocido volverá a ser En el bello Danubio azul (como propina, desde 1945, en que lo introdujo Krauss) junto a la polca rápida Tritsch-Tratsch (dirigida en 1943 por Krauss y por Jansons, en 2012, en versión coral con los Niños Cantores de Viena).

Este año se conmemorará el 150º aniversario del fallecimiento de Josef Strauss. Y por esa razón se han programado cinco obras suyas. Tres son novedades en el Concierto de Año Nuevo: el exquisito vals Saludos de amor, la pomposa Marcha Liechtenstein y la polca francesa Cupido. También será suya la polca rápida que abre los bises: En pleno vuelo, que introdujo Boskovsky, en 1972. Pero la mejor composición de Josef Strauss será la última del programa: el vals Dinamos (Misteriosas fuerzas de atracción), que inspiró a Richard Strauss su “Ohne mich…”, al final del segundo acto de la ópera Der Rosenkavalier (lo introdujo Krauss, en 1949, y no se escuchaba, desde 2014, en que lo dirigió Barenboim). Tampoco faltará música del pequeño de los Strauss, Eduard, con dos composiciones que son novedad en el Concierto de Año Nuevo y dan muestra de su maestría como creador de polcas. A destacar la polca rápida De improviso por encima de la polca mazurca Flor de escarcha. Y del patriarca de los Strauss, Johann padre, tan solo se escuchará, al final, la popular Marcha Radetzky.

También suelen incluirse obras de compositores coetáneos o relacionados con la orquesta vienesa como Joseph Lanner, Franz Lehár, Otto Nicolai y Franz von Suppé. Este año se abrirá el concierto con otra novedad: la variada obertura de la opereta Los vagabundos, de Karl Michael Ziehrer, un compositor coetáneo y rival de los Strauss, cuya música suena en el Concierto de Año Nuevo esporádicamente desde 1972. Y volverá a haber una novedad del director Josef Hellmesberger hijo, que sustituyó a Mahler como titular de la orquesta vienesa en 1901: su pegadiza Gavota. También sonará otro galop de Hans Christian Lumbye, el “Strauss danés”, cuya música introdujo Jansons en el Concierto de Año Nuevo, en 2012, y después Mehta, en 2015. Se tocará su Galop del postillón, que también es una novedad. Pero la obra más conocida, entre los compositores coetáneos, se escuchará al comienzo de la segunda parte: la obertura de la opereta Caballería ligera, de Franz von Suppé, otro de los rivales de los Strauss y que celebró su bicentenario, en 2019 (la introdujo Muti, en 1997, y Welser-Möst la repitió, en 2013).

Beethoven, entre otras conmemoraciones

En el Concierto de Año Nuevo también se añaden, excepcionalmente, algunas piezas de un compositor relevante para celebrar su aniversario. Así sucedió en 1991 con Mozart, en 1997 con Schubert, en 2009 con Haydn, en 2013 con Verdi y Wagner y en 2014 con Richard Strauss. Este año la principal conmemoración será Ludwig van Beethoven, en su 250º aniversario, que residió en Viena, desde 1792 hasta su muerte, en 1827. La calidad de sus sinfonías marcaron un antes y un después, pero también fueron el origen de esta orquesta. Y su dificultad técnica obligó a crear un conjunto profesional para conciertos en Viena con los mejores músicos de la Ópera Imperial. Ese conjunto es la Filarmónica de Viena, que incluyó algunos instrumentistas que estrenaron la Novena sinfonía. Este año se ha programado, por vez primera, música de Beethoven: seis de sus Doce contradanzas, publicadas en 1802, una colección con bailes para Bonn y fragmentos de ballet. A destacar, la número 7 (la escucharemos en cuarto lugar), que fue destinada como finale del ballet Las criaturas de Prometeo, estrenado en 1801, y después se convirtió en el tema de sus Variaciones Eroica para piano, aunque sea más conocido como tema del movimiento final de la Sinfonía núm. 3.

Pero hay otras dos conmemoraciones en esta edición del Concierto de Año Nuevo. Una es el 150º aniversario del Musikverein, que se recordará con dos de las tres composiciones que escribieron los hermanos Strauss para su baile inaugural, el 15 de enero de 1870. Es el caso del vals Disfrutad de la vida, de Johann hijo, como también de la polca mazurca Flor de escarcha, de Eduard. Pero es una pena que hayan omitido la tercera: la polca francesa Saludo de los artistas, de Josef (la introdujo Boskovsky, en 1974, y Jansons dirigió por última vez, en 2012). La otra conmemoración es el centenario del Festival de Salzburgo, la residencia veraniega de la orquesta, aunque también el lugar donde Clemens Krauss creó este formato de concierto monográfico de valses, polcas y marchas de la familia Strauss, en 1929. En el programa de mano se indica que la Filarmónica de Viena tocará el vals Saludos de amor, de Josef Strauss, en homenaje a ese festival, donde actúa todos los veranos desde 1922.

Valses, polcas y marchas

El programa está siempre integrado por polcas que alternan con valses y marchas junto a fragmentos orquestales de operetas vienesas. La polca es una danza de origen bohemio muy popular en Viena en el siglo XIX. Este año escucharemos sus tres variantes: la chispeante polca rápida (como Tritsch-Tratsch, de Johann Strauss hijo), la elegante polca francesa (este año representada por Cupido, de Josef Strauss) y la estilizada polca mazurca (esta edición con la melosa Flor de escarcha, de Eduard Strauss).

Los valses son la parte musicalmente más exquisita del Concierto de Año Nuevo. Obras sinfónicas más largas y elaboradas que las polcas, que conjugan varios valses ubicados entre una introducción lenta y una coda final. Como es tradición, de Johann Strauss hijo se escuchará el más famoso de todos los valses, En el bello Danubio azul. Pero también se han programado dos magníficos ejemplos más: el homenaje a Italia de Donde florecen los limoneros y ¡Abrazaos, millones de seres!, titulada con un verso de la oda de Schiller que Beethoven utilizó en el movimiento coral de su Novena sinfonía, pero, en realidad, se trata de una ofrenda a Brahms que esconde una velada referencia a su Sonata para violín y piano nº 2, tal como ha revelado el concertino de la orquesta, Volkhard Steude. Este año, uno de los valses musicalmente más interesantes será Dinamos (Misteriosas fuerzas de atracción), de Josef Strauss, que, aparte de la referida influencia en Richard Strauss, es una obra maestra de principio a fin, donde la esencia vienesa convive con ecos de Berlioz y Wagner.

Las marchas suelen programarse para el comienzo o el final del concierto. Son obras de ocasión vinculadas a eventos o personajes relevantes, como la marcha que escucharemos como tercera obra del concierto, de Josef Strauss, y dedicada al presidente de la Sociedad Imperial y Real de Agricultura, el príncipe Alois von Liechtenstein. Para terminar, se escuchará la popular Marcha Radetzky, que compuso Johann Strauss padre para honrar al mariscal que sofocó las revueltas del norte de Italia. Habrá también una obertura para abrir cada una de las partes del concierto. Se inicia con la obertura de la opereta Los vagabundos, de Ziehrer, una chispeante comedia de situación cuyo éxito llegó hasta Broadway. Y en la segunda parte se escuchará la referida obertura de la opereta Caballería ligera, de Suppé, con un famosísimo galop que representa a los húsares.

Los bises

Es bien sabido que con el programa previsto no concluye el concierto. Siempre hay tres propinas, es decir, composiciones que se añaden al final y fuera de programa. En el Concierto de Año Nuevo tienen un carácter especial pues están previamente establecidas desde 1958. Aquel año Willi Boskovsky determinó que se incluyera una polca rápida que varía año tras año (en 2020 será En pleno vuelo, de Josef Strauss), seguida por el vals En el bello Danubio azul y la Marcha Radetzky para terminar. En realidad, la tradición de contar con estas tres propinas la inició Josef Krips, en 1946, y la continuó Clemens Krauss hasta 1954, aunque fue Boskovsky quien la consolidó, especialmente tras el inicio de las retransmisiones televisivas del Concierto de Año Nuevo, en 1959.

Feliz año nuevo

Hay varias tradiciones asignadas al público durante el concierto. Una es la felicitación del nuevo año que realiza el director con la orquesta antes del vals En el bello Danubio azul. Aquí es habitual que se interrumpa la música con aplausos al comienzo de la introducción del vals. Lo normal es que el director diga en alemán simplemente: “La Filarmónica de Viena y yo les deseamos…”; a lo que responderá la orquesta: “Feliz año nuevo”. No obstante, algunos directores, como Maazel, Harnoncourt o Muti, han utilizado este momento para realizar un breve discurso.

Palmas en la ‘Marcha Radetzky’, este año desnazificada

Otra tradición en el concierto es el palmeo acompasado del público en la Marcha Radetzky, de Johann Strauss padre, con la que termina. En muchas ocasiones se realiza bajo las indicaciones del director de orquesta. Es lo que ha quedado de un evento musical donde el público se comportaba en el pasado de forma más libre y natural. Por la grabación radiofónica del concierto dirigido por Clemens Krauss, en 1954, sabemos que los espectadores reaccionaban con aplausos al escuchar sus composiciones favoritas, y obligaba a la orquesta a parar y volver a empezar. Sin embargo, nunca palmeaba de forma acompasada durante la música. Esta tradición se inició en la época de Willi Boskovsky en los sesenta, cuando se estableció la Marcha Radetzky como final del concierto. La tradición continuó con Lorin Maazel en los ochenta y adquirió carta de naturaleza definitiva cuando hasta el mismísimo Herbert von Karajan se volvió al público, en 1987, para dirigirlo.

Pero este año, la Marcha Radetzky ha sido noticia por una información revelada en el diario web de la orquesta, el pasado 12 de diciembre. La obra fue introducida por Krips como propina en el Concierto de Año Nuevo de 1946, en un arreglo orquestal del miembro del partido nazi, Leopold Weninger. Nikolaus Harnoncourt abrió la edición de 2001 con la versión original, que tiene una instrumentación mucho más reducida. Pero como propina siempre se ha tocado en la versión publicada por Weninger, en 1914, en la editorial Benjamin-Verlag. En la web se aclara que, con el tiempo, los músicos de la orquesta han ido añadiendo muchos suplementos y variantes al referido arreglo, especialmente en la percusión. Por esa razón, la orquesta decidió realizar este año una nueva versión y desechar la de Weninger, cuyo pasado como arreglista oficial del Tercer Reich les incomoda.

Un festivo toque de humor

Durante los años en que Willi Boskovsky dirigió el Concierto de Año Nuevo (1955-1979) adquirió su condición más festiva y divertida. Se salpicó de disfraces, gags y bromas. Su origen está relacionado con el ingenio del percusionista Franz Broschek. Todo comenzó en 1959, cuando decidió ponerse unas barbas y bigotes de una fiesta durante la polca rápida Eljen a Magyar, de Johann Strauss hijo. La broma divirtió tanto al público que, en adelante, fue nombrado “bromista oficial” del Concierto de Año Nuevo. Cada año se sucedieron pequeñas escenificaciones relacionadas con alguna obra del programa. Tan pronto se vestía de cordobés para tocar las castañuelas, como se disfrazaba de herrero para tocar unos yunques o arrastraba un pollo desplumado antes de disparar una escopeta. El público las acompañaba con las palmas. Para la Marcha Radetzky solía tocar la caja al lado del podio, vestido con atuendo militar austrohúngaro. Y es posible que en esta broma esté el origen del famoso palmeo acompasado actual en esa obra. Hoy es habitual incluir algún detalle diferente durante cada edición del concierto, incluso con la colaboración del propio director de orquesta. En esta edición, Nelsons mostrará al público sus dotes como trompetista, al igual que hicieron en el pasado Willi Boskovsky y Lorin Maazel con el violín.

Retransmisión televisiva

La ORF, la compañía pública de radiodifusión austríaca, retransmite el concierto en directo todos los primeros de enero. Su emisión televisiva fue iniciada en 1959, tanto en Austria como en nueve países a través de Eurovisión (Bélgica, Dinamarca, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Italia, la entonces República Federal de Alemania, Suecia y Suiza). A España llegó primero entre 1962 y 1970, y después a partir de 1973 ininterrumpidamente hasta nuestros días, siempre en Televisión Española y a través de Eurovisión. Para su 62ª retransmisión regresará el alemán Michael Beyer a la dirección, que ya ejerció en las ediciones de 2014 a 2016. Un realizador de estilo preciso y analítico que dispondrá, una vez más, de 14 cámaras de alta definición. En España, la retransmisión de la ORF se podrá ver a través de La 1 en HD, pero también en la web de RTVE y en el Canal internacional (y escuchar por Radio Clásica junto a otras emisoras como Radio 5 o Radio Exterior). Se iniciará a las 11.15 con la cabecera de Eurovisión y el famoso preludio del Te Deum, de Marc-Antoine Charpentier. Y volverá a contar este año con los comentarios del periodista musical Martín Llade. El concierto tiene dos partes, con un intervalo de unos 25 minutos. La primera parte, que durará aproximadamente hasta las 11.50, suele ser algo más seria y convencional. De hecho, hasta 1992 no se retransmitía más que la segunda parte, que empezará a las 12.15 y suele ser más vistosa y atractiva, al incluir la mejor música, junto a las escenas pregrabadas de ballet.

Documental para el intermedio

Desde 1992, los 25 minutos de intervalo se utilizan para emitir un breve documental sobre los tesoros culturales y naturales de Austria. Se realiza en un formato que no precisa de alocuciones habladas al estar pensado para su emisión en muchos países. En esta ocasión veremos, a partir de las 11.51, un documental dedicado a Beethoven en su 250º aniversario, titulado Remolinos de hojas de Beethoven. El cineasta Georg Riha regresa como director, tras su película de 2018 dedicada al modernismo vienés. Volveremos a ver a varios conjuntos de instrumentistas de la Filarmónica de Viena, en esta ocasión ubicados en diversos lugares relacionados con la vida y obra de Beethoven en Austria, como Baden, Gneixendorf y Viena. El documental se inicia, en el siglo XIX, en la Casa Beethoven-Pasqualati. Utiliza como hilo conductor unas hojas de partituras que vuelan de una localización a otra. Y terminan conformando una nueva composición, ya en el siglo XXI.

Ballet con color español

Desde que el Concierto de Año Nuevo se empezó a retransmitir por televisión, en 1959, siempre ha contado con alguna escena de ballet. Están protagonizadas por los solistas del Ballet de la Ópera Estatal de Viena y cuentan con un coreógrafo invitado. Este año será, por primera vez, un español: el coreógrafo y director hasta 2019 de la Compañía Nacional, José Carlos Martínez (Cartagena,  1969), premio Nacional de Danza en 1999 y antiguo bailarín solista de la Ópera de París, donde empezó con Rudolf Nureyev. En esta edición veremos dos actuaciones de ballet, ambas en la segunda parte del concierto, rodadas a finales de agosto bajo la dirección de Michael Beyer. La primera será el vals ¡Abrazaos, millones de seres!, de Johann Strauss hijo. Cinco parejas de bailarines se ubicarán en diferentes localizaciones del Palacio de Invierno del Príncipe Eugenio, sede del Ministerio Federal de Finanzas. En la actualidad, este palacio se ha convertido en el escenario de las negociaciones para una coalición de gobierno en Austria entre los Populares y los Verdes. La segunda escena de ballet coincidirá con las seis contradanzas de Beethoven, como otro homenaje a su 250º aniversario. En esta ocasión, dos parejas bailarán siguiendo los pasos del compositor en Pfarrplatz y Döbling. El vestuario, que en alguna ocasión se ha encargado a un diseñador importante, como sucedió en 2010 con Valentino, será este año, por segunda vez, de la diseñadora inglesa Emma Ryott, una figurinista de ópera y ballet con amplia experiencia que ya participó en 2016.

Y para asistir en 2021

Las entradas para asistir al Concierto de Año Nuevo se venden por sorteo a través de la web de la Filarmónica de Viena y con un año de antelación. Para participar en el sorteo es imprescindible registrarse en la web, entre el 1 y el 29 de febrero de 2020. La orquesta vienesa facilita últimamente toda la información sobre el sorteo en un fichero descargable en PDF, redactado en español. Incluso se ha habilitado un centro de asistencia en línea, donde también se incluye un amplio despliegue de preguntas frecuentes, en alemán e inglés. Los agraciados podrán comprar entradas para las tres oportunidades en que puede verse en directo este concierto. El ensayo general del 30 de diciembre, a las 11.00, por un precio que oscila entre 20 y 495 euros; para el Concierto de San Silvestre o Nochevieja del 31 de diciembre, a las 19.30, cuyo precio oscila entre 25 y 860 euros, o para el Concierto de Año Nuevo del primero de enero, a las 11.15, con entradas que van desde los 35 a los 1.200 euros.




Fuente: El país

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