“Europa se enfrentaba al reto histórico” de la pandemia del coronavirus “y ha sabido responder con un acuerdo en los mismos términos históricos”, celebró ayer el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al anunciar el pacto alcanzado por el Consejo Europeo para impulsar “un auténtico Plan Marshall para dar una respuesta, en primer lugar, contundente, a la crisis del Covid, pero también mirando hacia el futuro para hacer esas transformaciones que necesitamos hacer si queremos ser una economía resiliente, competitiva, inclusiva y digital y verde durante las próximas décadas”.

El acuerdo, recordó Sánchez supondrá la inyección de 140.000 millones de euros a la economía española en los próximos años, el equivalente al 11% del PIB, de los que unos 72.700 millones serán ayudas directas y el resto créditos. Solo estas transferencias no reembolsables, destacó el presidente, multiplican casi por 10 la cuantía de los fondos de cohesión europeos que permitieron a España equipararse al resto de grandes potencias en los años 90. “El objetivo del fondo de recuperación es movilizar una masiva cantidad de recursos públicos europeos, que va a tener también una consiguiente movilización de recursos privados para la recuperación económica tras la crisis y que, además, esa recuperación sea pronta, sea fuerte y además, sostenible”, expuso Sánchez, convencido de que el pacto “va a trasladar un mensaje muy positivo a los trabajadores y a los empresarios en nuestro país y en nuestro continente”. “Gracias a este programa vamos a poder poner en marcha el Plan Nacional de Reformas, de inversiones para ese crecimiento y esa transformación verde, digital, inclusiva a la cual antes hacía referencia, volcando también recursos económicos en la ciencia, en la Formación Profesional y en la educación”, avanzó.

“El dinero no se va a transferir directamente a cada país, si no que se concederá según los proyectos presentados”, recuerda Raymond Torres, director de Coyuntura y Economía Internacional de Funcas, subrayando que “básicamente se van a priorizar inversiones para facilitar la economía digital, la transición ecológica y todo tipo de acciones para elevar el potencial productivo del país, lo que puede incluir inversiones para mejorar la capacitación de los trabajadores”. “Son los ejes prioritarios, pero los sectores beneficiarios pueden ser muchos. No necesariamente van a ser solo empresas tecnológicas o energéticas, puede incluir a la construcción, por la renovación del parque residencial, incluir la modernización de la industria, llegar al sector del automóvil, va a ser bastante horizontal”, anticipa Torres.

“Este fondo está pensado para dar un empujón a la demanda agregada pero las altas tasas de desempleo en España obligan a priorizar los proyectos que tienen capacidad de generar empleo”, asevera el investigador de Fedea Marcel Jansen, quien considera que, dado que el fondo europeo prioriza las inversiones verdes, además del desarrollo de energías renovables, el país podrá aprovechar esta puerta para “aumentar la eficiencia energética de los edificios” impulsando un ambicioso plan de reforma del parque de vivienda. “Es una manera de utilizar el fondo y generar empleo en un sector, el de la construcción, donde existen dificultades desde la anterior crisis”, defiende. Eso pasa también por dedicar parte de los recursos europeos a formar a los trabajadores en este campo, explica. De hecho, el Gobierno ha diseñado ya un ambicioso plan de rehabilitación de vivienda con el que espera crear decenas de miles de empleos y que aspira a sufragar con fondos europeos.

En cuanto a las inversiones ligadas al ámbito tecnológico, Jansen cree que el destino claro de estas partidas es “la digitalización de las pymes”, a fin de permitir que aprovechen realmente el potencial de la importante infraestructura en redes con la que ya cuenta el país. La modernización de la propia administración pública, dice, es otro de los hitos a abordar con los fondos de la UE.

Los expertos coinciden en destacar, en todo caso, que la mejora de las infraestructuras será otro foco clave de las inversiones del fondo europeo. Solo Adif, que ejerce de motor de la inversión pública, tiene en cartera proyectos de 16.000 millones que aspiran a captar estos fondos.

Para movilizar el máximo de recursos, estiman desde Funcas, “la mejor manera es una cofinanciación” de esos proyectos, que implique movilizar inversión privada, de compañías eléctricas o de energías limpias, ilustran, a fin de multiplicar el impacto de las ayudas europeas. “Dudo mucho que se consigan absorber todos los fondos sin unos nuevos Presupuestos Generales del Estado”, advierte Torres, que ve inviable aprovechar todo el potencial del fondo europeo si la herramienta que vehicule los recursos es una nueva prórroga de las cuentas de 2018.

Desde Funcas asumen que otro sector beneficiario puede ser el sanitario, con mejoras de las infraestructuras, equipos o el personal dentro del pilar de “resiliencia social”, pues descartan que la UE vaya a permitir colgar bajo esa percha la financiación de pensiones o transferencias sociales. Lo que sí tendrá cabida, asume, son “políticas activas de empleo y de capacitación” de los trabajadores




Fuente: El país

A %d blogueros les gusta esto: