El juramento hipocrático reza, entre una de sus frases: «Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo». La Medicina tiene como fin curar enfermedades y educar en salud como medida preventiva. Evitar el tabaco reduciría las 140 muertes diarias que provoca en España, más que los accidentes de tráfico. «El tabaco mata» es una advertencia a la que se enfrentan los consumidores, un 34% de los españoles de 15 a 65 años, según la Encuesta Edades, que se enmarca dentro del Plan Nacional de Drogas del Ministerio de Sanidad, un porcentaje que se ha incrementado en los últimos años.

Las alternativas al cigarrillo tradicional han abierto fisuras, alguna, en la comunidad médica. Por ello, desde LA RAZÓN, y como iniciativa propia, se ha querido averiguar cómo y por qué hay corrientes que defienden estas novedades bajo el argumento de «reducción del daño», como la Plataforma de Reducción del Daño, en la que se han integrado médicos de diferentes especialidades, que argumentan la necesidad de complementar las políticas sanitarias actuales con alternativas menos dañinas ante el repunte de incidencia de fumadores en España. Sin embargo, la gran mayoría de sociedades científicas, instituciones y administración han cerrado filas y no consideran que exista este debate. Para poner luz sobre las dudas que puedan surgir en este tema, acudieron a la sede de este periódico Joan B. Soriano, profesor asociado de Medicina en la Universidad Autónoma de Madrid y médico epidemiólogo en el Hospital Universitario La Princesa (Madrid), y Antonio Sierra, catedrático de Microbiología, Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de La Laguna (ULL), Canarias.

Bien es cierto que en lo único que coincidieron ambos ponentes es en que el tabaco mata. «Fumar es la primera causa aislada de muerte evitable en España», apuntó Sierra, a lo que Soriano añadió que «en el siglo XX se cobró la vida de más de 100 millones de personas y si sigue así en este siglo matará a un billón». Pero este experto alegó que, además de un problema de salud pública, también lo es para el medio ambiente: «Cada año son consumidos seis trillones de cigarrillos; de ellos, 4,5 trillones de colillas van al agua o al campo. Y entonces ya no hablamos sólo de salud personal, sino de salud planetaria. Supone ya el 30% de la basura, la más frecuente que se produce en el mundo».

Y tras un fugaz punto común, surge la crispación, porque cualquier alternativa de tabaco tiene un impacto en la salud humana y desde el punto de vista estrictamente médico, como explica Soriano, «no se puede comparar el cigarrillo electrónico con el tabaco porque es peor el último. Por eso, de ahí que todas las sociedades médicas de España firmaran la Declaración de Madrid, en la cual dicen que los cigarrillos electrónicos tendrán que ser regulados por la Ley del medicamento. Ni se ha de utilizar la Ley de consumo ni la Ley del tabaco. No existe evidencia de que estos cigarrillos ayuden a dejar de fumar».

Antonio Sierra, catedrático de Microbiología, Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de La Laguna (ULL)

«Fumar se considera la primera causa aislada de muerte evitable en España»

«Hay unanimidad, que si yo reduzco un 95% de las sustancias dañinas, voy a reducir el impacto producido»

Alternativas no inocuas

Sierra afirma que las alternativas no son inocuas, pero con la reducción del 95% de las sustancias dañinas, son menos nocivas. «En el “New England Journal of Medicine”, hace cuatro meses, se publicó un trabajo comparando personas que dejaban de fumar con la sustitución de la nicotina y los que utilizaban el cigarrillo electrónico, y el resultado fue que el número de desabituadores se multiplicaba por dos con este último. Responde a la lógica de que además de la adicción a la nicotina, se atiende la dependencia psicológica, que se ha de borrar». A lo que Soriano argumentó que «esto es el doble comparado con no hacerlo. Resulta lo mismo que los parches de nicotina, que suponen alrededor de un 15% al año de desenganchados, por lo que no es un avance. Simplemente, es un estudio en donde incluso los editorialistas dicen que hay errores metodológicos». Porque la toxicidad de la nicotina se ha demostrado, explicó el epidemiólogo de La Princesa: «En el informe que resume la US EPA desde 1987, donde se detallan sus efectos perjudiciales en todos los órganos y sistemas, y textualmente se dice: La dosis letal 50 de nicotina (la que mata al 50%) probable en humanos es menos de 5 mg/kg (menos de siete gotas) para una persona de 70 kg. Se puede suponer que la ingestión de 40 mg a 60 mg de nicotina es letal para los humanos».

Joan B. Soriano, profesor asociado de Medicina en la Universidad Autónoma de Madrid y médico epidemiólogo en el Hospital Universitario de la Princesa (Madrid)

«Una exposición de seis minutos en una terraza con un fumador o vapeador ya modifica la función respiratoria»

«En España el tabaco cuesta un millón de años de vida ajustados por discapacidad, perdidos cada año»

Dejar de fumar no resulta fácil, porque el tabaquismo es una enfermedad compleja que comprende dos esferas: la biológica (adicción a la nicotina) y la psicológica (la habituación gestual y mental al acto de fumar). Y, he aquí otro de los puntos de choque: las nuevas formas del tabaco ¿ayudan a dejar de fumar? El Ministerio de Sanidad, en España, junto a las sociedades científicas y médicas cierran filas en torno a esta corriente y no contemplan en ningún momento que estos se puedan usar para este fin. «Lo que defiendo es que hay que ponerlos sobre la mesa como método de ayuda para reducir el daño y trabajar con ellos, no rechazarlos tajantemente como hace el Ministerio y decir que es el mismo daño, porque ahí sí que hay unanimidad, que si yo reduzco un 95% de las sustancias dañinas voy a reducir el daño producible», apunta Sierra.

¿Menos impacto? En otros países como Reino Unido o EE UU hay más adeptos al tabaco calentado, al vapeo o al cigarrillo electrónico que en España. Sierra explicó que «hay organismos independientes que ya reconocen el papel fundamental que pueden jugar estas alternativas como el American College of Cardiology que ya las está empezando a incluir en su protocolo de abordaje al paciente fumador. Por su parte, la FDA destaca el efecto protector para la salud pública del tabaco calentado». Por su parte, Soriano replicó que «éstos cuentan con una experiencia observacional mayor para detectar efectos adversos, como el Evali, (de sus siglas en inglés Fallo Agudo Asociado al Vapeo y los Cigarrillos Electrónicos), una enfermedad nueva» y argumentó, en oposisión a Sierra que «tanto el American College of Cardiology como la FDA (agencia del medicamento estadounidense), no identifican un efecto protector del cigarrillo electrónico». Y añadió ya hay otros países que legislan, prohibiendo: «En China no se puede utilizar el vapeo en los restaurantes y aeropuertos, allí es equivalente vapear y fumar. En India también, y además ya no se pueden comprar los dispositivos de pipa o cigarrillos electrónicos, está prohibido en todo el país».

Aquí, como siempre «Spain is different», como explicó el epidemiólogo de La Princesa: «En nuestro país, nuestras últimas encuestas confirman que en España la aceptación de estos nuevos dispositivos de vapeo ha sido mucho menor. El 14% de los británicos utiliza cigarrillos electrónicos y en España menos del 2% de los ciudadanos emplea este dispositivo. ¿Cual es el problema? Que dentro de este 2%, existe un 25% de adolescentes que no han fumado y que las estrategias de marketing de las compañías están induciendo a que utilicen estos dispositivos porque son muy atractivos. Entonces es un problema de Salud Pública, que no sólo afecta a los antiguos fumadores o a los que quieren dejar de fumar, sino que además está generando nuevos fumadores». Para Sierra, existe la necesidad de observar si esta «reducción del daño» tiene un impacto positivo a largo plazo. «En el Reino Unido hay tres millones de personas que fuman con cigarrillo electrónico, en Japón el 20% de los fumadores se ha pasado a los de calentamiento, lo que es indudable es que hay una reducción del impacto. Mi discrepancia no es barra libre para estos métodos, sino que se regulen y se estudien como en otros países».

Existen estudios realizados por expertos internacionales o locales como el de la Universidad Complutense de Madrid y el del CSIC que confirman la importante reducción de sustancias tóxicas en este tipo de alternativas. Si bien es cierto que existe una necesidad de confirmar esos efectos a largo plazo. «A fecha de hoy no hay ensayos clínicos rigurosos y con validez científica aceptada por las sociedades, que concluyan que el cigarrillo electrónico reduce el tabaquismo o que disminuya la cantidad de tabaco que se fuma un fumador. Estos ensayos no existen», subraya Soriano, mientras que Sierra aduce que «si se reducen las dosis de sustancias toxicas fruto de la combustión el efecto es menor tal y como ya reconocen organismos de prestigio como el Public Health of England y el Royal Collegue of Physicians.. Habrá que llegar a la sociedad y hacer educación, tampoco vale sólo confiar en los fármacos. Sobre el tabaco, la población no tiene la misma información que los riesgos del automóvil. Hay que darles más salidas y llegar más a la ciudadanía en relación a estas alternativas».

Llegado este punto, cabe pensar que ha surgido un nuevo punto en el que se debe hacer más investigación, más profunda y detallada. Como apunta Sierra, «se debe poner encima de la mesa los informes de expertos sobre el efecto menos nocivo de este tipo de productos». Existen unidades de tabaquismo en España que tienen diseñado un abordaje integral del paciente en la desabituación, aunque no en todas las regiones –debido a la inequidad del sistema–. Por ello, el actual debate incipiente sobre las alternativas al cigarrillo tradicional y la reducción del daño que promulgan buscan poner sobre la mesa conocer qué papel van a jugar éstas en un futuro próximo.




Fuente: La Razón

A %d blogueros les gusta esto: