Griezzmann, en el ‘photo-call’ de la tienda del Barcelona. ALBERT GEA (REUTERS) / ATLAS

Cuando el Barcelona contrató a Neymar, no fueron pocas las voces que dijeron que chirriaría con Messi porque en el Barça siempre hubo un solo 10. “Dos gallos en un gallinero no encajarán”, soltó a modo de profecía Johan Cruyff. Pareció una conjetura errónea porque los jugadores casaron de maravilla junto a Luis Suárez para formar un tridente demoledor, con Neymar y Messi por los costados y el uruguayo con el gancho a punto. “La gente decía que no nos llevaríamos bien. El resto es historia”, llegó a publicar Neymar en las redes sociales junto a una fotografía con el argentino.

Pero el tiempo le devolvió la razón a Cruyff porque pasadas tres temporadas, el brasileño decidió hacer las maletas porque no quería ser la sombra del mejor jugador de la historia sino escribir la suya propia con el balón entre las botas.

Escogió el PSG, donde tampoco ha sido la piedra filosofal, más pendiente de resolver su retahíla de embrollos judiciales y nocturnos, incluso por detrás de la efervescencia de Mbappé. Pero aplacada la ambición de Neymar de ser el Balón de Oro porque ha entendido que con el talento solo no vale, el Barça y el jugador, también Messi, se mueren de ganas por volver a jugar juntos. No se sabe si eso ocurrirá, pero sí que Leo compartirá al menos este año la delantera con Griezmann, al que se le presupone un difícil encaje porque se sabe que Messi prefería antes el regreso de Neymar y porque también aguardan su sitio Dembélé y Luis Suárez, a la espera de encontrar una salida para Coutinho.

Cuestionado Messi sobre Griezmann en su momento, el argentino fue quedo y lacónico. “No opinaremos”, resolvió. “Si al final fichamos a los dos, seguro que a nadie le parece mal. Otra cosa es que se pueda fichar al brasileño porque el PSG decide el precio”, señalan desde el club, convencidos de que es posible si se abren las negociaciones. Por lo que ahora toca encontrar un sitio para Griezmann. “Es un futbolista referencial que puede jugar en cualquiera de las posiciones de ataque y que dará competencia porque no es una promesa sino un jugador consagrado”, apuntan desde el área deportiva; “puede jugar por dentro, por fuera y maneja bien los espacios, además de que con los años ha mejorado su versión defensiva en el Atlético”.

¿El dibujo de Argentina?

Aunque muchos entrenadores defienden que el sistema es solo una forma de poner a los jugadores en el campo y que luego depende de sus movimientos y ocupaciones, parece obvio que el Barça no puede jugar con el habitual 4-3-3 si quiere mezclar a todos los atacantes o al menos a cuatro de ellos.

Una fórmula que parece convencer a Messi es el 4-3-1-2, dibujo que aplicó Scaloni con Argentina y que dejó a Leo de mediapunta, la posición que ocupaba en sus orígenes. Allí no se desgasta en la presión ni en el ejercicio defensivo, pero requiere de que todos a su alrededor corran por dos. Una tarea que Luis Suárez hace porque entiende el fútbol desde el esfuerzo pero que no le sale de forma natural ni efectiva a Dembélé ni a Coutinho, como tampoco a Malcom o al propio Neymar en su momento. Griezmann, más acostumbrado al derroche físico porque Simeone no negocia, podría sumarse a un dibujo que dejaría de tener extremos y que daría protagonismo a los laterales de largo recorrido y a medios como Busquets, De Jong y Rakitic.

También puede el Barça jugar con 4-2-3-1, sacrificando a un medio para recuperar los extremos y dar a Messi de nuevo el enganche. Pero contando que Suárez es inamovible en el centro del ataque, varios de los extremos —Coutinho, Malcom, Dembélé y Griezmann— deberán asumir las rotaciones como el pan de cada día, al igual que ocurriría si se mantiene el 4-3-3. Si a la receta se le añade Neymar, sin embargo, el barullo sería superlativo.

El Barça, en cualquier caso, busca salida para Coutinho porque así lo pidió el jugador y si llega Neymar atenderá a los clubes interesados en Dembélé, por más que el presidente Bartomeu dijera que es “ahora mucho mejor que Neymar”. Son cábalas por hacer dentro de una realidad: Griezmann es del Barça, ha costado 120 millones y quiere su sitio como también Coutinho y Dembélé, los fichajes más caros en la historia del club. El rompecabezas, aún por resolver, es de órdago.

“El Atlético de Madrid actúa con mala fe”

“Antoine está muy decepcionado por la actitud del Atlético y de sus dirigentes, que actúan con una mala fe alucinante y comunican lo contrario de lo que dijeron en privado”, ha declarado Sevan Karian, abogado de Griezmann a L’Equipe. “Que hagan lo que les parezca conveniente, nosotros haremos lo mismo si es necesario”.

El Atlético insiste en reclamar el pago de 200 millones, el valor de la cláusula de rescisión del contrato del jugador antes de que el 1 de julio pasara a 120, porque “tenemos pruebas” de que el acuerdo se formalizó en marzo, antes de que el importe se rebajara 80 millones.

Griezmann llegó ayer a Barcelona procedente de Ibiza y será presentado hoy después que ayer ya posara en la tienda del Camp Nou.

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Fuente: El Pais

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