Tráiler del documental ‘Space Dogs’ (2019), de Elsa Kremser y Levin Peter.

Todo el mundo conoce la expresión Mondo Cane aunque pocos recordarán la película, titulada así, en español, Perro mundo (1962), de los italianos Cavara, Jacopetti y Prosperi. Un falso documental (incluía escenas creativas) sobre los grotescos rituales y costumbres que se dan en las cuatro esquinas del planeta, especialmente en relación con los animales: martirios taurinos (Portugal, España), perros desollados vivos por su carne (Taiwan) y otras matanzas despiadadas, como la de tiburones de los malayos raiputh, que les echan erizos de mar venenosos en sus gargantas. Hay escenas tristísimas de perreras a reventar —la que abre la película pone a un border collie en el “corredor de la muerte”— que contrastan con la del funeral de un perro en un cementerio de mascotas de Pasadena. Los perros acaban pareciéndose a sus amos, y sus mundos también.

Por aquellos años, los soviéticos experimentaban con perros para sus misiones espaciales, pero de eso no pudieron enterarse nuestros escandalosos amigos italianos. Los embutían en escafandras después de someterlos a cortes en el abdomen para introducirles sensores, tubos digestivos y anos artificiales. Acababan sus días en el abismo interestelar —en muy pocos casos eran recuperados— pero mientras pudieron sobrevivir proporcionaron con lealtad inhumana la información necesaria a los científicos de la Carrera Espacial Rusa. De todos los animales astronautas —los chimpancés eran los preferidos de los norteamericanos, pero también hubo tortugas y cobayas— el más popular fue una hembra mestiza de tres años llamada Laika (ladradora, en ruso), que se convirtió en la primera criatura en orbitar la Tierra a bordo del Sputnik 2 (1957). El cineasta y escritor alemán Alexander Kluge detalla así la agonía del animal —que murió a las pocas horas por un colapso térmico— al tiempo que se pregunta si la humanidad puede seguir pensando en una tercera gran revolución cosmológica cuando ni siquiera es capaz de recuperar a un simple animalito de Siberia: “Los ingenieros del centro de control de la Ciudad de las Estrellas oyeron (nadie se atrevió a cortar la comunicación acústica) los esfuerzos de la perra para respirar. La fuerza vital de Laika prolongó aún más la crisis. El animal no se despidió de la vida en la órbita terrestre sin ofrecer resistencia” (El hueco que deja el diablo, Anagrama, 2007).

La sospecha de Kluge regresa ahora como una pregunta obligada en forma de documental. Space Dogs, dirigida por Elsa Kremser y Levin Peter, que se presenta el viernes en el Festival Internacional DOCS Barcelona desde la plataforma Filmin, cuenta exactamente lo que le pasó al primer animal astronauta a la vez que destapa el mundo de los “perros espaciales” soviéticos que eran recogidos de las calles con el único propósito de ser utilizados para experimentos. Filmada desde la perspectiva de un perro, la película se desarrolla en los huecos suburbios de Moscú, una arcadia si la comparamos con la truculencia del subgénero mondo, pero aún así, la historia golpea el alma.

Como si hubieran vuelto a la vida desde lejanías improbables, los perros espaciales de Kremser y Peter nos despiertan del sueño de los grandes acontecimientos por la eficaz mezcla de imágenes documentales, ocultas durante décadas en los archivos rusos, y las actuales de los chuchos y sus cachorros que merodean por los descampados donde en otros tiempos debió de perderse Laika, entre la vaga sonoridad de las charcas y las basuras y el acecho de la estúpida existencia humana resonando a las puertas de un karaoke.

Narrado por la voz cósmica del actor ruso Aleksei Serebryakov (Leviathan), Space Dogs es siniestro como lo son los cuentos de hadas, hasta el punto de dejar en simple anécdota la escena de terror haneckiano protagonizada por un lindo gatito y un perro famélico. Ahora que ciervos, jabalíes y delfines se atreven a asomarse a nuestras calles y playas, el cine, como la vida, regala a hombres y mujeres extrañas esperanzas.

Space Dogs. Dirección: Elsa Kremser y Levin Peter. 2019. Austria. Género: Documental. Duración: 91 minutos. Disponible en Filmin a partir del viernes 22 de mayo.




Fuente: El país

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