El nuevo trabajo de Lagartija Nick, una especie de oscuro poema sonoro, es una ambiciosa pieza musical donde las canciones van hiladas, un disco conceptual que busca el hilo entre Guernica, Hiroshima, Sarajevo y Bagdad pero siempre desde el punto de vista de los que sufren la sofisticada e implacable maquinaria tecnológica de la destrucción. «Es un canto a los horrores de la guerra, todos los avances que se dearrollan para ir en contra del ser humano y no a favor de la Humanidad. Y el nexo es esa sinrazón tanto como la increíble capacidad que tenemos de sobrevivir a eso, el increíble apoyo mutuo y solidaridad que también sabemos demostrar», comenta Juan Codorniú, miembro fundador de la banda granadina, sobre el nuevo proyecto que hoy se publica, «Los cielos cabizbajos», sobre una idea original de Jesús Arias, músico, escritor y periodista, hermano de Antonio Arias y fallecido en 2015.

«Para mí, en un terreno personal, esto es un acto de homenaje y de justicia. Es un compromiso de compartir con la gente. Dejó una obra sin terminar que abarca poesía, música periodismo. Y enfrentarme a sus diarios fue muy duro porque ahí hay mucho material que no es un grito a la alegría. Mi hermano tuvo una depresión y me resulta un gesto indecente entrometerme en sus diarios, pero es necesario. No hay filtro, está todo ahí. Pero una vez pasada esa fase del duelo, hay otra que es la reivindicación de él. Compartir la herencia del que no está y el por qué de nuestra pasión su figura».

Auspiciados por Cala Vento

Los textos del disco son el resultado del original de Jesús Arias llevado a la realidad de una banda de rock. «Tenía una mente caleidoscópica y hay desbordamientos conceptuales por todas partes. A veces comienza a hablar de un tema o agarra una historia y la lleva del exterior al interior o al revés. Así que ha habido que acotar y que llevar a la realidad un original casi inabarcable», explica Arias sobre una adaptación que puede leerse en la edición pre reservada (y agotada) del álbum, la segunda referencia de Montgrí, el sello que han abierto Aleix y Joan, los miembros de Cala Vento. «Esto es algo bonito, porque generalmente son los grupos veteranos y consagrados que auspician a los jóvenes y en este caso ha sido justo al revés», explica Codorniú.

«El concepto de fondo puede parecer muy trágico o muy trillado, según se mire, pero yo creo que el arte es el anclaje con la realidad y con el presente. Tiene la capacidad de conmover y de mostrar las ideas y también de situarnos en la reflexión. Nosotros podemos ser en cualquier momento víctimas y verdugos. Criticamos el muro de Trump y nos callamos con las concertinas de Melilla», señala Arias. «Las guerras no se acaban porque no terminamos de entender o de aprender que la violencia sólo genera violencia. La guerra es solo la máxima expresión de la violencia», dice Codorniú. El proyecto, que mueve a una veintena de músicos ha contado con el Coro de la Escuela del Liceo para su primera presentación, pero aspira a movilizar agrupaciones similares en las ciudades que visite. «Es como sacar a Moby Dick de una piscina –dice Arias gráficamente–, pero ya tenemos experiencia a la hora de gestionar contactos, ensayos y músicos. Tendremos cabida solo en un circuito cultural más que de salas y, aunque nos faltan medios, hemos sacado un disco ‘‘accionario’’. Nosotros somos de acción», concluye Codorniú.




Fuente: La razon

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