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Lady Gaga, retorno a los orígenes


En 1962 François Truffaut entrevistó a Alfred Hitchcock con la intención de desentrañar los mecanismos del cine del mago del suspense. Durante esa extensa serie de entrevistas –se pasaron una semana hablando–, y que luego dio lugar a un fantástico libro, el director inglés le confesó a al francés uno los trucos que utilizaba para salir con vida de una crisis creativa. Hitchcock denominó a esa práctica con la expresión de «run for cover»: corre para cubrir en castellano. Y consistía en algo muy simple: cuando no sepas qué camino tomar en tu carrera, haz una cosa que conozcas y que sepas hacer bien para salir del paso. De esta forma, decía el realizador de «Psicosis», recuperarás las buenas sensaciones, no perderás tu estatus como artista, y ganarás tiempo para pensar tu siguiente movimiento.

¿Por qué esta pequeña introducción cinéfila para hablar de Lady Gaga? Pues la razón es evidente: la cantante norteamericana se ha aplicado el cuento de Hitchcock para salir del bache post «Artpop» (su disco más desangelado) y de la aventura «crooner» con Tony Bennett en el simpático «Cheek to Cheek». Su nuevo trabajo, «Joanne», publicado hace poco menos de un año, y su gira, que la semana que viene recala dos noches en Barcelona, indican un claro retorno a sus raíces. Sí, ha decidido refugiarse otra vez en el pop hedonista pero también confesional (el título de su nueva obra es un homenaje a su tía, Joanne Germanotta, fallecida antes de que ella naciera) con retranca, y en los videoclips de recorta y pega de colorines, recobrando así una versión óptima de la Gaga que mejor ha funcionado.

Cultura «trash»

Una de las cosas más importantes de la vuelta a casa de la artista es la recuperación de la inmediatez en su música. «Born This Way» y
«Artpop», llegaban, cada uno, casi a la hora de duración. Dos álbumes farragosos y difíciles de escuchar del tirón, llenos de canciones de relleno. Justo lo contrario de «Joanne», que dura apenas treinta y nueve minutos, y que hace pensar en su debut de 2008, «The Fame», y en sus singles posteriores («Bad Romance», «Telephone»). Una parte del mérito de ese «back to basics» hay que atribuírselo a Mark Ronson (habitual de Adele, Duran Duran o Bruno Mars) y Michael Tucker (conocido con el sobrenombre de BloodPop); los únicos dos productores que junto a Lady Gaga han participado en todas las canciones. La asociación entre este trío ha dado como fruto el trabajo más orgánico y felizmente epidérmico de la neoyorquina; es el que menos arreglos superfluos tiene, y el que presenta mejor su faceta vocal como intérprete.

Otro guiño a ese rescate de las buenas-viejas sensaciones es la vuelta de Jonas Åkerlund al universo Gaga tras casi siete años de ausencia. El afamado director de videoclips, responsable de los dos cortometrajes, ya de culto, que ilustraban con imágenes «Paparazzi» y «Telephone», firmó hace unos meses un divertidísimo clip para «John Wayne», uno de los hits de Joanne. En él, Åkerlund y Gaga recuperan la pasión por la cultura trash y la serie B vista en los nueve minutos de «Telephone», para realizar un colorista vídeo que homenajea el cine de explotación y de acción americano de los 60. Esas ganas de pasarlo bien, las sinfonías de imágenes sucedidas a la velocidad del rayo y las dotes de «entertainer» transmedia de la estadounidense, presentes en los vídeos del realizador sueco, también se han trasladado a su nueva gira. El Joanne World Tour ha sido definido como un festín sensorial, lleno, claro, de los habituales cambios de atrezzo y vestuario. Las críticas de los primeros shows resaltan también que el peso del concierto recae en la voz en directo de Gaga, sin hacer un uso abusivo del playback –un recurso que utilizan muchos artistas «mainstream» en sus giras.

Si los fans de la Gaga se las prometían felices con este retorno a los orígenes, cuidado, porque hace tan solo unos días, la menuda cantante dejó caer que tenía la intención de abandonar la música una temporada tras este tour. Para, acto seguido, confesar la enfermedad que se le ha diagnosticado recientemente: la fibromialgia (que causa un dolor muscular crónico de origen desconocido, sensación de fatiga y otros síntomas). Es más, el 22 de septiembre se estrena en Netflix «Gaga: Five Foot Two», un documental sobre su proceso creativo y su ya legendario espectáculo en la pasada Super Bowl, pero que también toca sus problemas de salud. «La enfermedad que sufro y de la que hablo en mi documental es la fibromialgia. Y deseo ser de ayuda para concienciar y conectar a la gente que la sufre», escribía recientemente en Twitter, red social donde la Gaga también ha empezado a compartir consejos que ayudan a paliar los efectos de esa dolencia.




Fuente: La razon

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