Los Kornberg adoran los aforismos. El padre, Arthur Kornberg, que recibió el premio Nobel de Medicina en 1959 junto a Severo Ochoa, formuló uno de mis favoritos: «Confía en la universalidad de la bioquímica». No parece una frase a la altura de Tagore, pero ha resultado de una gran utilidad para los estudiosos de la célula y la evolución, porque la bioquímica, al menos en el planeta Tierra, tiene en verdad una lógica universal. El hijo, Roger Kornberg, que fue galardonado con el Nobel de Química en 2006, nos regala en Materia toda una colección de aforismos con la marca de la casa, empezando con el más abarcador de todos: «La vida es solo química».

¿Es eso una tautología? Desde luego no lo será para un animista ni para un dualista cartesiano, pues ambos creen que las cosas materiales –la química— no son más que una especie de chasis encargado de sujetar el alma, el espíritu o cualquier otra cosa que no se pueda comprender. Pero tampoco es exactamente una tautología para un materialista. Un físico le podrá decir a Kornberg: «Pues claro que la vida es solo química, pero es que la química es solo física, luego la vida es solo física». Y un histólogo le dirá en cambio: «Sí, la vida es solo química, pero química estructurada hasta acceder a un nivel de organización superior; lo llamamos fisiología». ¿Quién tiene razón? He ahí un buen ejercicio para la playa.

Otro aforismo de la factoría Kornberg: «El cerebro es una colección de cables e interruptores». Se trata de nuevo de una idea difícil de refutar. Los cables son las dendritas por donde una neurona recibe las señales de otras y el axón por donde la envía a las demás, y el interruptor es el cuerpo neuronal que transforma las primeras en la segunda (o no). Hasta ahí bien. Lo que podrá argumentar ahora un neurólogo es que un solo trocito de un solo cable de una sola neurona ya constituye en sí mismo un ordenador que, de hecho, se pasa el día haciendo computaciones no lineales. Son cables, sí, pero hechos con unos materiales muy sofisticados, como si nuestros cables consistieran en una ristra interminable de computadoras conectadas en serie.

Otro: «Cuando entendemos las bases químicas de las enfermedades automáticamente podemos concebir estrategias químicas para corregirlas». Naturalmente, una cosa es concebir una estrategia y otra es hacer que funcione. Hay proteínas que constituirían una diana óptima para varios tipos de cáncer, pero que se han resistido durante décadas al ataque farmacológico. Y hay genes que son obviamente la causa de una enfermedad mortal, pero que aún no sabemos sustituir por su versión corregida. Otro buen tema para pensar en verano.

Y mi favorito: «Yo nunca he hecho nada en menos de 20 años». Un buen recordatorio en estos tiempos de presiones cortoplacistas e insistencia en la ciencia aplicada.

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Fuente: El país

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