El espacio, ubicado en la carretera de Terrassa de Sabadell, ocupa una vieja sucursal bancaria pendiente de convertirse en una escuela para el barrio de Can Feu. Ayer, la plancha de madera que hacía de puerta había sido retirada y el precinto de la policía municipal arrancado. El que fue despacho del director de la entidad se convirtió la madrugada del domingo en el escenario de una salvaje agresión sexual y de las vejaciones que sufrió una joven de 18 años, vecina del municipio.

La habitación tiene una estelada colgada que blinda el acceso a un espacio lúgubre y tétrico con viejos colchones, sofás, mesas, armarios, más banderas y peluches colgados del techo que, como el resto de objetos, parecen haber sido recogidos de cualquier contenedor. Apenas hay espacio para mantenerse en pie sin tropezar con algo. El ambiente está cargado. Huele a sucio. No cuesta imaginar el terror sufrido aquí mismo por la joven.






El último arrestado es el hombre que acosó a la mujer en el bar, que la raptó en la calle y la arrastró hasta el local

En ese mismo espacio fue detenido el lunes sobre las ocho de la tarde el séptimo hombre acusado de la violación múltiple. A esa hora, los mossos de la Unidad de Investigación de la comisaría de Sabadell trasladaron a la víctima hasta la nave. Antes, consiguieron que la mujer reconstruyera los pasos que había dado la noche del domingo. Su estancia con unos amigos en el bar La República, la llegada después al Sabadebidoo, la salida de este local junto a un amigo italiano y el punto en el que se despidió de él y la chica se quedó sola para regresar caminando hasta su casa, como en otras ocasiones. La joven pudo señalar a los investigadores el punto del recorrido en el que fue asaltada por el hombre que aquella misma noche, en el último bar, la estuvo acosando, pese a su insistente negativa y sus peticiones de que la dejara en paz.





Desde ese punto, la mujer fue obligada por la fuerza a caminar unos diez minutos hasta la antigua sucursal bancaria. La joven fue la que señaló a los investigadores el local exacto en el que fue violada. Al llegar, los policías se percataron de que había un hombre en el interior. En el momento en que le estaban identificando, la joven escuchó su voz y advirtió a los mossos de que se trataba del mismo individuo que la había acosado en el bar, que la había abordado en la calle y arrastrado por la fuerza hasta la nave, donde la habían violado varios. El hombre fue detenido.






La joven aseguró que había sido agredida sexualmente por tres hombres

En el lugar, la joven amplió lo que ya había contado a los investigadores en la declaración que hizo en comisaría el domingo, en cuanto abandonó el hospital Taulí, donde estuvo acompañada por una policía municipal y un cabo que no se separaron de ella, hasta que llegaron los padres de la víctima.

Ayer, los investigadores completaron el atestado que presentarán hoy cuando los siete detenidos pasen a disposición judicial. Anoche, los mossos sólo habían determinado la autoría de uno de los arrestados, a la espera de que en el día de hoy se practiquen en el juzgado ruedas de reconocimiento para tratar de ver si la víctima puede reconocer a los otros dos agresores sexuales.

Desde el primer momento, la joven aseguró que había sido agredida sexualmente por tres hombres, mientras otros tantos entraban y salían de la estancia, sin hacer nada para impedirlo. Los investigadores no han encontrado indicios de que las agresiones fuera grabadas.

Las vejaciones se prolongaron durante casi tres horas, hasta que la joven logró escapar, medio desnuda, cubierta con su abrigo y con la ropa que pudo recuperar en una mano. Caminó desorientada hasta la ronda de Ponent, donde unos vecinos que pasaban en coche la vieron y pararon para socorrerla. Justo en ese momento uno de los agresores que había salido de la nave tras ella, se detuvo cuando vio que una pareja ayudaba a la víctima. La joven empezó a gritar asustada y señaló al hombre como uno de sus agresores. El individuo llevaba en la mano la riñonera de la joven con sus pertenencias personales.








Fuente: LA Vanguardia

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