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La verdadera primera vuelta | Colombia


Faltan menos de diez días para la que se convertirá en una primera vuelta presidencial en Colombia. El 11 de marzo, fecha en la que se elige Parlamento, se llevarán a cabo las consultas internas de la derecha entre el uribista Iván Duque, la pastranista Marta Lucia Ramírez y el lefebvrista Alejandro Ordoñez, y de la izquierda entre los exalcaldes Gustavo Petro y Carlos Caicedo.

Se plantea como una primera vuelta electoral, porque aunque la real será el 27 de mayo, los resultados del 11 dejarán claros los verdaderos escenarios para los candidatos a la Presidencia. Y quedarán medidas las fuerzas partidistas especialmente del Centro Democrático y Cambio Radical, los partidos que buscan voto a voto quedarse con el mayor número de curules, así como la suerte del Polo Democrático y de los Verdes.

Esta elección mostrará también cuál será el comportamiento de los ciudadanos frente a “los herederos del asco”, como se les ha llamado a quienes a pesar de investigaciones judiciales y conflictos éticos, dejan como candidatos a sus parientes para no perder sus caudales electorales mientras pagan sus condenas.

Los mayores electores en 2014, Musa Besaile y Bernado Noño Elías están hoy en la cárcel, pero dejaron en sus lugares a sus hermanos Jhonny, el primero, y Julio, el segundo. El conservador Roberto Gerlein se retiró para darle espacio a una cuestionada parlamentaria barranquillera, Aida Merlano.

Sería deseable que los electores castigaran por siempre a esos clanes de la corrupción y escogieran a tantas figuras que merecen continuar en la tarea y me atrevo a mencionar: Angelica Lozano, Clara Rojas, Maria del Rosario Guerra, Olga Lucia Velasquez, Antanas Mockus, Juan Carlos Lozada, Jorge Robledo, Iván Cepeda y Miguel Gómez.

Colombia no puede seguir votando por los mismos que han recogido votos en los municipios que año tras año presentan los peores índices de pobreza, analfabetismo, agua potable, infraestructura, embarazo adolescente, minería ilegal y cultivos ilícitos. Es cierto que las gestiones dependen de los alcaldes, pero sería ingenuo asumir que el atraso en municipios con una relevancia política, e incluso departamentos completos como Sucre, donde hay el mayor número de congresistas por habitantes, uno por cada 108.500, no está relacionados. Es esperable un voto castigo en esta elección.

La segunda razón por la cual la elección del 11 de marzo es definitiva, tiene que ver con el resultado de las consultas, donde se medirán las verdaderas fuerzas de la izquierda radical que representa Petro y se definirá el candidato de los uribistas.

De ese resultado se sabrá si la elección del próximo presidente estará nuevamente planteada en la polarización del castrochavismo, encarnado en Gustavo Petro, y el uribismo, en cabeza de Iván Duque, como plantean las últimas encuestas, que a pesar de su desprestigio, son el único sondeo con el que se cuenta hasta el momento.

Se da por descontado el triunfo de Petro en la izquierda y aunque todos los caminos conducen a Iván Duque, no se descarta que la candidata Marta Lucía Ramírez logre poner los votos suficientes y repita como en 2010 el triunfo de Noemí Sanín sobre Andrés Felipe Arias. Entre las últimas jugadas del Centro Democrático aparece el apoyo que recibió el precandidato Duque del ex gobernador Luis Alfredo Ramos, quien tiene pendiente una decisión de la Corte Suprema por un proceso de parapolítica. Ramos, aunque curiosamente no se sabe si tiene un voto o ninguno, pareciera una figura a la que todos quieren tener al lado para dividir al conservatismo. 

En cualquier caso, el escenario que queda por conquistar es ese centro en el que solo se encuentra Sergio Fajardo con su fórmula vicepresidencial, Claudia López. Claramente Fajardo resulta hoy un candidato que quiere imponer una forma de hacer política sin maquinarias y cuya propuesta de modelo de sociedad ha anunciado dará a conocer próximamente. La escogencia de Claudia López esta semana no se sabe si le dará votos, pero sin duda le aporta la valentía con la que ha enfrentado a sus contradictores, la lucha contra la corrupción, y la forma como hace respetar a las minorías en un país homofóbico.

En ese mismo centro, aunque un poco más desdibujado, Humberto de la Calle sigue dando la pelea por defender su coherencia en la apuesta por la paz que hoy tiene a las FARC desarmadas. De la Calle carga con la responsabilidad de haber logrado el fin de un conflicto de 50 años, pero que Colombia aún no ha agradecido y por el contrario, castiga y asume como responsable de todos sus males. Y además se enfrenta a la manera como el ELN con sus ataques terroristas inválida la opción de la negociación como fórmula de resolución de las guerras.

Humberto de la Calle había rechazado a Petro para ir a una consulta que hoy, según los expertos, podía ganar, unificando el centro izquierda, porque muy seguramente, el país sí habría votado por Humberto de la Calle, para evitar el triunfo de Petro. Antes ya Fajardo había rechazado hacer una consulta con De la Calle. Hoy en el centro, todos tienen su pedacito, sólo su pedacito. Van divididos mientras la derecha se unifica. Ahora falta ver a quién escogerá Vargas Lleras como su fórmula vicepresidencial.

Por ahora y en estos días previos vale la pena un poco de sosiego, eliminar las cadenas que llegan por las redes creando miedo frente a unos para favorecer a los otros. Ya es suficientemente terrible vivir en nuestras fronteras el dolor de los hermanos venezolanos como para no saber qué debemos elegir y qué no. También ya hemos vivido en carne propia de lo que son capaces cada uno de los aspirantes actuales como para dejarnos engañar de esos lobos con piel de oveja.

Creo que de los extremos no hay regreso, y aunque no soy tibia, la invitación del ministro de Salud, Alejandro Gaviria con su Decálogo del Tibio, resulta el refugio perfecto para no desesperar. Por mi parte suscribo tres: No me hago mayores ilusiones con la política, desconfío de los discursos fundacionales, y por eso, ni resignación ni desmesura. Ni billetes de un peso ni de 100.000.




Fuente: El país

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