China ha padecido en los últimos meses una sucesión de catástrofes comparable a las 10 plagas con las que el dios hebreo castigó a Egipto. El inicio del desastre se remonta al año pasado, cuando una peste porcina obligó a sacrificar a la mitad de los cerdos del país, un cuarto de la población mundial. En enero se desató en Wuhan la pandemia de coronavirus, que ya deja más de 727.000 muertos y 19,6 millones de infectados en todo el planeta. En mayo, durante la apertura de la reunión anual del Parlamento chino en Pekín, la oscuridad tomó la capital en pleno día a causa de una torrencial tormenta. En junio, las mayores inundaciones en décadas forzaron la evacuación de 38 millones de personas. Ahora, como una maldición que sigue su curso, julio ha traído una nueva calamidad.

Se trata de una invasión de langostas devoradoras de cultivos. El mes pasado, el Ministerio de Agricultura descubrió que ya habían dañado unos 90 kilómetros cuadrados de plantaciones en la provincia meridional de Yunnan, fronteriza con Myanmar, Laos y Vietnam, de donde provienen estos insectos. Las autoridades han ordenado una intervención de emergencia, desplazando casi 60.000 trabajadores y recurriendo a la fumigación masiva de pesticidas para evitar que el perjuicio vaya a mayores.

El insecto en cuestión es la langosta de bambú de espinas amarillas, una especie endémica del Sudeste Asiático que se alimenta de las cosechas de arroz, maíz, bambú y plátano. Este tipo de saltamontes, emparentados con los que causan el caos en el Cuerno de África, son solitarios por naturaleza. Sin embargo, en determinadas circunstancias como en época de sequía pueden realizar grandes migraciones en masa en busca de nutrientes. Sus enjambres han sido mencionados en la Biblia, el Corán o la Ilíada como manifestaciones divinas causantes de terribles hambrunas.

A la hora de hacer frente a la adversidad, no obstante, China cuenta con herramientas que no estaban al alcance de sus contrapartes históricos. En este caso, drones. Según datos ofrecidos por el ministerio, a la hora de vigilar los campos de cultivo las personas involucradas en el operativo han contado con la asistencia desde el aire de más de 50 flotas de estos aparatos voladores autónomos.

Uno de los participantes en la campaña ha asegurado, en declaraciones recogidas por el medio chino Caixin, que “los enjambres se mueve constantemente, por lo que cada municipio y condado debe estar en guardia. Allí donde aterricen hay que seguirlos”. El esfuerzo, de momento, ha valido la pena. “Mientras no llueva, seguiremos matando insectos”, aseguró el trabajador.

Estas langostas han hecho acto de presencia en Yunnan los últimos tres veranos, pero los daños causados este julio han sido particularmente severos, según detallaba un informe realizado por la Academia de Silvicultura de la provincia, provocando una devastación sin precedentes. El Ministerio aseguró la semana pasada que esta “prevención efectiva” estaba funcionando, aunque ya se preparan para la llegada de nuevos enjambres este mes de agosto, cuando los ejemplares que eclosionaron a principios de esta primavera alcancen la madurez. La plaga todavía no ha acabado. Quizá tampoco sea la última.




Fuente: El país

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