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La UE advierte de que “no hay progresos decisivos” sobre el Brexit | Internacional


Nadie esperaba grandes avances y la tercera ronda de negociaciones sobre el Brexit ha cumplido con las pobres expectativas. Las conversaciones entre Reino Unido y la UE suman tres meses de tanteo que conforman la mejor prueba de la complejidad de un diálogo cuyas repercusiones tienen en vilo a ciudadanos y empresas a ambos lados del canal. Este jueves concluyó un nuevo capítulo después de tres días de reuniones en Bruselas en medio de una atmósfera enrarecida en la que ambas partes han intercambiado reproches por la falta de avances.

El negociador europeo para el Brexit, Michel Barnier, más directo en la retórica que su homólogo británico, ha asegurado en conferencia de prensa que solo ha habido pasos adelante en temas secundarios como el estatus de los trabajadores fronterizos, el derecho a la seguridad social, los procedimientos en marcha ante los tribunales de justicia o el área de viaje común entre Reino Unido e Irlanda. “No hay ningún progreso decisivo sobre los temas principales”, ha lamentado. Los Veintisiete han fijado tres prioridades para esta primera fase de la negociación: la factura que deberá abonar Reino Unido, los derechos de los ciudadanos británicos y comunitarios, y el futuro de la frontera norirlandesa.

El gran atasco sigue siendo la factura del divorcio. El ministro para el Brexit, David Davis, ha admitido las diferencias. “La UE ha pedido al contribuyente británico un gran montante, no lo ha especificado pero sin duda es muy elevado. Trabajamos para saber si nuestras obligaciones jurídicas están bien identificadas”. Londres ha presentado esta semana un análisis de las partidas que considera justo pagar, pero este se ciñe solo a un escenario de salida sin acuerdo. Davis ha dejado claro que su país no pretende eludir los pagos que legalmente le corresponden, e incluso se ha referido a que también han contraído determinadas “obligaciones morales”, pero las tensiones aparecen cuando se trata de dilucidar cuáles son. Hasta ahora ni Reino Unido ni la UE han hecho pública ninguna cantidad, aunque Bruselas lo cuantifica extraoficialmente entre 60.000 y 100.000 millones de euros.

El ajuste de cuentas incluye esencialmente tres conceptos: compromisos presupuestarios firmados por Reino Unido para años venideros (y aún no desembolsados), derechos de pensión de los funcionarios europeos y préstamos o avales apalabrados en los que Londres se comprometió a participar. Barnier ha llamado a Reino Unido a cumplir con sus deberes financieros ante las reticencias que ha manifestado en los últimos días. “En julio Reino Unido reconoció que tiene obligaciones más allá de la fecha del Brexit. Pero esta semana explicó que sus obligaciones se limitarán al último pago al presupuesto de la UE antes de su salida”.

El político francés estima que Reino Unido no puede esquivar sus responsabilidades en proyectos ya firmados con empresas, universidades, laboratorios o países terceros como Ucrania, a la que se concedieron préstamos, así como en otras partidas como fondos para el desarrollo en África y el Caribe o la promoción de infraestructuras limpias en Europa. “Los contribuyentes europeos no deben pagar a Veintisiete los compromisos adquiridos a Veintiocho, eso no sería justo”, advirtió.

Davis se ha mostrado menos pesimista sobre el rumbo de las negociaciones, pero ha acusado a la UE de mantener una posición “menos flexible y pragmática” que la británica. Londres repite como un mantra la necesidad de que la UE afronte la negociación con flexibilidad e imaginación, pero frente a la insistencia británica en vincular la salida de la UE con el futuro acuerdo comercial, Barnier se ha mostrado intransigente. “Hay puntos de encuentro entre la retirada y la futura relación, no podemos compartimentar la negociación”, perseveró con obstinación Davis este jueves.

La lentitud con la que evolucionan las conversaciones ha puesto en duda el calendario previsto. La cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de octubre en Bruselas aparecía como el momento en que los líderes europeos evaluarían si los avances en los tres grandes asuntos de la primera fase permitían dar un salto adelante para empezar a tratar la relación futura, especialmente el nuevo marco comercial entre Reino Unido y la UE, la gran inquietud de Londres. Como ha admitido Barnier, la posibilidad de que haya un acuerdo para pasar a la siguiente fase en octubre ha perdido peso y ahora se contempla retrasar la decisión hasta la cumbre de diciembre.

Ante la falta de avances, el negociador europeo ha mirado más allá para referirse a un eventual cierre en falso de las discusiones. “La cuestión fundamental a la que debemos responder es saber si el 29 de marzo de 2019 a medianoche estaremos preparados para la salida ordenada de Reino Unido o si sale de la UE sin acuerdo, con todas las consecuencias”. Esa falta de agilidad ha hecho que Barnier, que se ha declarado “impaciente y determinado”, ofrezca intensificar las negociaciones. Hasta ahora, los equipos negociadores se ven una vez al mes durante varios días, pero incluso esa dinámica podría verse alterada si Londres acepta reducir la frecuencia de los encuentros.

La unidad de los Veintisiete se mantiene hasta el momento sin grietas. Ningún Estado miembro ha cuestionado la estrategia negociadora en público, y desde las instituciones comunitarias han salido esta semana mensajes que insisten en la misma línea defendida por Michel Barnier. El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, dijo que los documentos presentados por Londres “no son satisfactorios”, el coordinador del Brexit en la Eurocámara, Guy Verhofstadt, culpó a Reino Unido de la falta de agilidad de las discusiones por la ausencia de propuestas sobre la factura a abonar, mientras que el presidente del Parlamento, Antonio Tajani, reclamó a los británicos “posiciones claras”.




Fuente: El país

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