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La tierra del “candidato de Lula” | Internacional


Con un saco de cinco kilos de arroz en las manos, Damiana da Conceição, de 33 años, muestra cómo hacía para conseguir el único alimento que llegaba a la mesa cuando era más joven. “Caminaba con mi madre hasta [la ciudad de] Inajá. Me ponía el saco en la cabeza y volvía”. Vecina de la zona rural de Manari, en Pernambuco, el ama de casa relata que le llevaba un día entero ir y volver del municipio vecino, a más de 30 kilómetros de distancia. Hoy, los cinco kilos de arroz que Damiana recibía se han transformado en la tarjeta del Programa Bolsa Familia, que utiliza para sacar 427 reales (unos 109 dólares) al mes, la única renta de la casa, donde vive con sus cuatro hijos.

Damiana cuenta la historia del saco de arroz para explicar por qué todavía vota “a Lula”. “Después de que apareciera Lula, todo mejoró. Ahora incluso puedo ir al mercado”, dice. Pero la “mejora” que relata dista de unas buenas condiciones de vida. La casa donde vive hoy ya no es de barro, sino de cemento, pero todavía utiliza el fogón de leña que tenía en la antigua casa, que sobrevive en el patio porque no tiene dinero para comprar una bombona de butano. La cisterna, construida durante el Gobierno de Lula, está vacía desde hace más de dos años porque el camión ya no pasa a rellenarla. En el ambiente seco donde vive Damiana, el agua que se utiliza es la del pozo. Cuando hay.

Manari está situada en el sertao de Pernambuco, la zona más árida del país, a 230 kilómetros de Recife, la capital. Con 20.000 habitantes, la pequeña ciudad está entre las más subdesarrolladas, en el peor Estado, a un nivel equiparable al de Haití. Más de la mitad (el 56%) de las familias reciben el subsidio del Bolsa Familia, un número que puede explicar por qué el 79% de los electores votaron a Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT) en 2014, mientras que la media del Estado fue del 44%. “Si no fuera por el Bolsa Familia, la gente de aquí ya se habría muerto de hambre”, dice Maria Elenice da Silva, de 30 años, desempleada y con cuatro hijos.

El Nordeste concentra hoy más de la mitad (el 55%) de la pobreza extrema del país, según un estudio reciente. Entre los estados, Bahía y Pernambuco, son los que más concentran esta franja de la población. A pesar de los números negativos, durante los años del Gobierno del PT, la región, y más específicamente Pernambuco, experimentó un salto en el crecimiento. Entre 2008 y 2012, la economía creció un 4%, por el 2,6% de la media nacional para el mismo período.

Gobernando con buenas condiciones políticas y económicas e invirtiendo en proyectos de distribución de renta, Lula permaneció en la memoria de gran parte de los electores como “el padre de los pobres”, como resume doña Maria Edilene da Silva. No sabe exactamente la edad que tiene —”creo que tengo 28″—, pero sabe responder sin pestañear a quién votará. “Es Lula, ¿no?”, dice, para corregir que ha olvidado el nombre del candidato desginado por el exmandatario encarcelado desde abril, Fernando Haddad. Ella, su marido y sus dos hijos viven en una pequeña casa de una habitación. “Construimos esta casa con el dinero que recibimos de Lula”, explica.

En Pernambuco, Haddad tiene el 33% de intención de voto, según el último sondeo del Instituto Datafolha. De los estados donde se realizó la encuesta, es el único donde lidera la disputa. En el Nordeste, también la única región donde Haddad va en cabeza, el porcentaje de votos llega al 38%. La fidelidad al PT en la región que concentra más de la mitad de la pobreza extrema del país no es meramente pasional. En Manari, solo el 3,8% de la población estaba empleada en 2016, según los datos más recientes del IBGE. En el paro y viviendo en una región semiárida, donde no todo lo que se planta crece, a los habitantes del lugar les quedan pocas alternativas de sobrevivencia que no pasen por la ayuda de los programas sociales.

Doña Maria Luzia Adalto explica, mientras corta leña para cocinar los frijoles del almuerzo, que ella y sus cinco hijos sobreviven con los 535 reales (unos 137 dólares) mensuales del Bolsa Familia. El miedo de perder la ayuda es la mayor motivación para votar al candidato de Lula. “Si no gana el candidato de Lula, eliminarán el Bolsa Familia”, dice, repitiendo lo que pregonaron insistentemente los asesores de la campaña del PT en 2014. El segundo motivo es el desconocimiento. “No sé quiénes son los otros candidatos”, confiesa. No conoce ni siquiera al propio Haddad. “No sé su nombre. Solo sé que es de Lula”. A su lado, doña Pequena da Silva añade: “Voy a saber quién es [Haddad] cuando vea la urna”. Escuálida, madre de dos hijos, vive con 250 reales (unos 65 dólares) al mes. El miedo de perder el subsidio y el desconocimiento del candidato del PT son sentimientos que comparte Damiana, que vive en la casa al lado. “Es aquel que tiene el pelo bonito, ¿no?”, pregunta. “Pero aquí todos votan a Lula. Si ese hombre pierde las elecciones, ¿te imaginas cómo será mi vida?”.

A pesar de la gran dependencia que hay del Bolsa Familia, en el ‘sertao’ de Pernambuco no son solo los que se benefician del programa social los que votan al “candidato de Lula”. En São Domigos, en el distrito de Parnamirim, a 400 kilómetros de Manari, la funcionaria Francisca Edna enumera las razones para creer que allí “solo se vota en Lula”. “Antes las casas eran de barro, la gente no tenía televisión. Ahora tienen hasta antena parabólica”, dice. En el mercado, el comerciante Jeová Pereira da Silva dice que los empleos generados en la era Lula son el principal motivo para escoger a su candidato. “Trajo muchos empleos a la región”, dice. “Si no fuera por él, hoy no habría nadie aquí. Estaría todo el mundo por ahí, por el mundo, buscando trabajo”. Para él, la vía férrea Transnordestina y el trasvase del río São Francisco “no se hubieran convertido en realidad” si no fuera por Lula. “Por eso, aquí no hay dos partidos. Es el PT y ya está”.




Fuente: El país

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