Estados Unidos tenía este jueves decidido un ataque contra Irán como respuesta al derribo de un dron estadounidense el día anterior, pero canceló la operación en el último momento (madrugada del viernes en Teherán), con los aviones ya en el aire y los buques en posición. Donald Trump dio detalles dramáticos, con ligereza, en su cuenta de Twitter: la represalia por un dron sin víctimas podía costar 150 vidas y le pareció “desproporcionado”, así que ordenó abortar tan solo 10 minutos antes de la operación. Así es cómo Oriente Próximo estuvo a punto de entrar una fase más aguda de inestabilidad.

El episodio describe, por una parte, la escalada de tensión entre EE UU e Irán, y, por otra, una forma de hacer política exterior —la de Trump— para la que cuesta encontrar precedente o comparación. La noticia de que Washington frenó in extremis una represalia armada contra Teherán fue adelantada por The New York Times de madrugada y confirmada poco después por otros medios. Este viernes, el propio presidente confirmó y aportó datos concretos: “Estábamos preparados para responder desde tres posiciones cuando pregunté cuántos morirían. ‘150, señor’, fue la respuesta de un general. Diez minutos antes de la ofensiva, lo paré. No era proporcionado al derribo de un dron no tripulado. No tengo prisa. Nuestro Ejército está renovado y preparado para actuar, y es de lejos el mejor del mundo”, escribió en su cuenta de Twitter.

Con el mensaje, Trump convirtió en información para todos los públicos deliberaciones de la máxima gravedad que normalmente no se comentan, de las que se acaban conociendo pedazos en informaciones posteriores, con fuentes anónimas, o de las que los presidentes fuera ya del cargo escriben a toro pasado en los libros de memorias. Si lo que cuenta es cierto, el mandatario muestra las tripas de la geopolítica, en un estilo espontáneo que fascina a sus seguidores. Si no es cierto lo que cuenta, consigue igualmente construir esa imagen y, en el fondo, lanzar un mensaje mixto: advertencia, por un lado, y moderación, por otro, frente al ardor guerrero de halcones como el secretario de Estado, Mike Pompeo, o el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, que eran los defensores de la operación, según la prensa estadounidense. Mientras, tanto los demócratas como los republicanos del Congreso había manifestado ya su rechazo a que EE UU se adentrase en una guerra con Irán.

Entre los objetivos había radares y baterías de misiles iraníes. El régimen iraní había alegado que el derribo del dron estadounidense tuvo lugar en su territorio, mientras el Gobierno estadounidense asegura que tuvo lugar en aguas internacionales. Durante el jueves, Trump había expresado ante la prensa que no consideraba que el derribo del dron hubiese sido deliberado. Si a primera hora de la mañana se limitó a escribir en Twitter un mensaje seco e intimidatorio: “¡Irán ha cometido un grave error!”, luego, en la Casa Blanca, se mostró más moderado, insistiendo en la idea del error, pero un error sincero, de cálculo.

“Me cuesta creer que fuera intencionado, la verdad”, afirmó, “parece que lo hizo algún estúpido”, “algún general o alguien”. A las insistentes preguntas de si habría represalia por parte de Estados Unidos, el presidente insistió en que se iba a saber pronto, pero dejó entrever que sería algo muy medido, al subrayar que el dron no iba tripulado y no había muerto ningún soldado estadounidense. “La situación sería muy diferente de no ser así”, advirtió. Diputados republicanos y demócratas fueron convocados por la tarde a la Casa Blanca.

El régimen iraní hizo este viernes una exhibición similar de fuerza y autocontrol combinados cuando la Guardia Revolucionaria respondía a Trump asegurando que ellos también tuvieron en su punto de mira un avión militar de EE UU con 35 personas a bordo y decidieron no derribarlo. Horas antes fuentes oficiales iraníes confiaron a la agencia Reuters que el mandatario estadounidense advirtió a la República Islámica de un “ataque inminente”. El mensaje del presidente habría llegado al Gobierno de Teherán a través de Omán, un país que mantiene buenas relaciones con ambos países y ya ha actuado de mediador entre ellos en el pasado. Sin embargo, un portavoz iraní desmentía horas más tarde esa información.

“Estados Unidos no ha enviado ninguna carta a Irán a través de Omán; ese asunto no es cierto”, declaró el portavoz del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Keivan Khosravi, citado por PressTV. Irán advertía asimismo a EE UU que le responsabiliza de cualquier ataque contra su territorio. Lo hacía a través del embajador suizo en Teherán, que también representa los intereses de Washington, ya que ambos no tienen relaciones diplomáticas desde el secuestro de los diplomáticos estadounidenses en 1979.

El gravísimo incidente de este viernes confirma los temores que se han ido acumulando desde que hace dos meses Washington intensificara su campaña de máxima presión contra Teherán, un año después de haber roto el acuerdo nuclear firmado por las principales potencias en 2015 al considerar que Teherán lo estaba incumpliendo. La escalada verbal y el postureo se han traducido en riesgos concretos. EE UU ha reforzado su presencia militar en Oriente Próximo. Irán ha cancelado algunos de sus compromisos con el acuerdo nuclear. Y en medio de los reproches mutuos, seis petroleros han sido objeto de sabotajes, aún por aclarar, que han hecho temer una disrupción del abastecimiento de crudo y encarecido los seguros para el transporte marítimo en la región.

En un gesto que da a entender que Arabia Saudí ha estado al tanto de los planes de Washington, el príncipe Khalid Bin Salmán, viceministro de Defensa y hermano menor del heredero al trono, tuiteaba este viernes que se había reunido en Yedda con el representante especial de EE UU para Irán, Brian Hook, “para explorar los últimos esfuerzos para contrarrestar los actos hostiles iraníes y la continua escalada que amenaza la estabilidad y la seguridad de la región”. El príncipe reafirmaba el apoyo de su país a la “campaña de máxima presión sobre Irán” de su aliado y protector.

La Guardia Revolucionaria difundió el viernes imágenes del derribo del dron y de sus supuestos restos rescatados en el mar, como prueba de que violó su espacio aéreo. Al igual que ocurriera con los vídeos con los que Estados Unidos quiso probar la responsabilidad de Irán en los sabotajes, el vídeo iraní es insuficiente para sacar conclusiones. Sin embargo, todos los portavoces del régimen insistían en que lanzaron repetidas advertencias antes de derribarlo. Saber si fue así, es clave para determinar si Teherán trató de provocar a la Administración de Trump o si Washington confío demasiado en su tecnología y demasiado poco en la de su rival.




Fuente: El Pais

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