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La revolución Ocasio

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Una pregunta para nota, ¿sabe quién es Ed Markey?

Tampoco es para torturarse en caso de desconocimiento. Resulta más que probable que, excepto para sus electores y sus rivales en Massachusetts, así como para los expertos y los periodistas especializados en el Capitolio estadounidense, muchos compatriotas del citado señor tampoco acertarían con la respuesta.

El senador Markey es el coautor de un plan para combatir el cambio climático denominado
New Green Deal
, nombre que evoca el New Deal de Franklin D. Roosevelt para luchar contra la gran depresión en los años 30.


Obsesión conservadora

Los medios de la derecha insisten en despreciar a esta latina de 29 años y “de color”






La parte por el todo. A quién le interesa Markey, de 72 años, discreto en su larga carrera, cuando su asociada en ese proyecto “revolucionario” responde por Alexandria Ocasio-Cortez, de 29.

En escasos dos meses en Washington, los datos la avalan: la más joven congresista en la historia del país –insultantemente joven al gusto de no pocos carcamales de la política al uso–, de origen latino y “de color”, que, además, alardea de ser una socialista integrada en el Partido Demócrata.

AOC, su apodo en las redes sociales que domina con maestría, causa cierto vértigo entre lo progresistas moderados –temen una deriva hacia la izquierda–, aunque sobre todo se ha convertido en lo que se denomina “la obsesión conservadora”.

Los medios de la derecha en general y los de Rupert Murdoch en particular –en especial la cadena Fox y el tabloide The New York Post– la persiguen al objeto de descubrir que es un fraude. Se han metido con su novio, con su manera de bailar, con su forma de vestir, incluso le sacaron un desnudo –de los pies– que luego se demostró falso. A costa de la iniciativa medioambiental la han acusado de conducir a la gente “al canibalismo”, porque sólo se podrá comer lechuga y zanahorias. “¡Yo no quiero comerme a las personas!”, exclamó la columnista Katherine Timpf en la Fox.






El año de la mujer

Las dos cámaras del Capitolio cuentan con un total de 127 legisladoras, un récord

“Quiere coger tu coche, reconstruir tu casa, quitarte las hamburguesas, es el sueño que Stalin tuvo y nunca alcanzó”, se escandalizó en la misma cadena Sebastian Gorka, un asesor de Trump que tuvo que dejar la Casa Blanca por su complicidad con los supremacistas blancos.

El propio Trump se burló del plan el pasado sábado. “Si no sopla el viento, se acaba tu electricidad”, afirmó para deleite de sus bases pro carbón contaminante.

Ocasio, sin embargo, siempre tiene una respuesta. No se olvide que estudió en la Universidad de Boston, pero que se curtió detrás de la barra de un bar donde servía cócteles. Ahí aprendió mucho de las impertinencias de los clientes y se cultivó en dar réplica a los ebrios de autoritarismo.

“La idea de que una mujer pueda ser tan poderosa como un hombre es algo con lo que nuestra sociedad no pueden lidiar. Pero yo soy tan poderosa como un hombre y eso les trastorna”, dijo esta semana en The New Yorker.

Tras surgir en octubre del 2017 el movimiento #MeToo en contra de los abusos sexuales y en revindicación de la igualdad, y bajo una presidencia tan poco paritaria como la de Donald Trump, uno de los denunciados, que silenció con dinero a un par de amantes, la mujeres irrumpieron como grandes protagonistas en las elecciones de medio término del pasado noviembre.





Un récord de 127 (106 demócratas) lograron escaños en el Congreso, 25 en el Senado y, por primera vez, más de 100 (102 en la cifra exacta) en la House. Su techo se sitúa en el 23.7% del conjunto de 535 legisladores. De las 102 que ejercen en la cámara de representantes, un total de 35, más de un tercio, son debutantes.

Y de todas, la que lidera ese aire fresco, no existe duda de que Ocasio es la heroína o la mala, “esa pequeña chica” como les gusta ridiculizarla a los comentaristas de la ultraderecha.

Ella sostiene que experimenta la sensación de hacer pluriempleo. Por un lado se desempeña a tiempo completo como congresista y, a su vez, se ve focalizada como la gran villana americana o la nueva esperanza.

Ashley Reese escribió en Jezebel: “Las mujeres a menudo son caracterizadas o bien de arpías horribles, como Hillary Clinton, o de idiotas guapas cuya locura está ligada a su atractivo sexual y, para los críticos, Ocasio se encuadra en esta categoría”.

AOC les desmiente. En la comparecencia ante el congreso del Michael Cohen, exabogado y exreparador de entuertos del presidente, la joven latina ganó la partida a todos y gracias a sus preguntas se allanó el camino para reclamar las declaraciones de renta del Trump, documentos que esconde como si ahí estuviera la clave de su impostura.








Fuente: LA Vanguardia

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