Cada barcelonés genera 540 kilos de basura al año, cada 2 días se deshace de una botella de plástico y ya lleva acumulada una producción de 107 gramos per cápita de desechos radiactivos (desde que las centrales atómicas fueron inauguradas en España). Son algunos de los datos del libro de Jordi Bigues x un bon clima, donde repasa la huella ecológica que cada ciudadano deja sobre el planeta.

Nacido en 1954 en Barcelona, activista antinuclear, Jordi Bigues es periodista, escritor y divulgador ambiental. Su paso por Integral imprimió carácter a esta publicación.

Fue dirigente de Los Verdes, y en su larga trayectoria ha pasado por la dirección del grupo conservacionista Acció Ecologista Agró y Greenpeace.





Ahora ha escrito un nuevo libro (x un bon clima), un exhaustivo repaso a la responsabilidad humana, de cada individuo, sobre la estabilidad climática.


Recursos finitos

“El día 25 de enero los catalanes ya se han comido todo el pescado capturado en sus costas”

En su libro, Bigues aborda el agotamiento de los recursos, como la sobreexplotación pesquera, y disecciona con números y decimales esa visión estrecha que hace que no se tenga en cuenta que los recursos del planeta son finitos. “El día 25 de enero los catalanes ya se han comido todo el pescado capturado en sus costas y el 9 de mayo ya han ingerido todo el pescado de las costas ibéricas, y a partir de esa fecha todo el pescado procede de otros continentes”, recuerda como ejemplo de una explotación insostenible.


Huella

“Si quieres reducir el impacto de tus actividades, debes pensar en aquellas que tienen emisiones cero, como correr, pasear, ir por el monte”

P. ¿Cómo definiría su libro?

R. He escrito algo así como una enciclopedia del consumo crítico, basándome en la idea de que es necesario informar sobre el impacto ambiental y climático que comporta cualquier actividad, para que cada uno saque sus propias conclusiones. Se trata de que cada uno asuma su compromiso en este sentido.

P. Usted hizo un libro de gran impacto sobre consejos para reservar el planeta: 50 cosas que tú puedes hacer para salvar la Tierra





R. Sí. ‘La Caixa’ regaló 100.000 ejemplares de la segunda edición. Es la primera vez que se hizo un libro sobre los problemas ambientales presentados de una manera asequible.

P ¿Cómo lo ha planteado ahora?

R. En aquel libro daba muchos consejos prácticos. Era un libro de ayuda: ‘Haz esto, haz lo otro…”. No comportaba demasiados compromisos para el lector; en cambio en éste la fórmula es diferente. Yo explico el tema y el lector saca sus conclusiones, aunque pongo ejemplos prácticos. El libro pivota no sobre la voluntad, sino sobre el conocimiento.

P. ¿Qué tres consejos daría para reducir nuestra huella ecológica? Aquellos que más recomendaría; los que tendrían un efecto beneficioso mayor, por su efecto multiplicador….

R. Hay que compensar la huella que dejamos, y eso significa pensar en cómo retornar lo que hemos recibido; restituir lo que hemos dañado. Pensar: cuántos árboles debo plantar para devolver lo que he recibido en forma de madera o compensar el oxígeno que he contaminado

(LV)






P. Me refiero a acciones concretas..

R. Mi propuesta es protestar, proponer pero sobre todo practicar. Son las tres P. La potencia que tiene predicar con el ejemplo es extraordinaria. La gente piensa que su propia acción es banal; cree que es poco poner un grano de arena en una inmensa playa. Pero pensemos en la fortaleza que tuvo el carácter testimonial de la expresión antinuclear ‘No, gracias’, que expresaba, con amabilidad pero con contundencia, un cambio de estilo. Es algo que parece propio del mundo protestante. Yo no creo que exista Dios, pero cuando muera, si hay diosa allá arriba, no me preguntará si he acabado con el hambre en el mundo, sino cuántos árboles he plantado o qué pequeñas cosas que tenía a mi alcance hice o no hice.


Las tres P

“Mi propuesta es protestar, proponer pero sobre todo practicar con el ejemplo. La gente piensa que su propia acción es banal. No lo es”

P. ¿Qué acciones debemos emprender?

R. Hay que situarse en el terreno de las soluciones. Hay que pensar si queremos ser parte del problema o parte de la solución, y de qué manera con tus decisiones y acciones diarias cotidianas tenemos presentes el impacto climático que se produce con cualquier actividad. En el libro explico, por ejemplo, el impacto climático que tiene la actividad deportiva. La máxima aspiración de muchos es tener un coche y correr en un coche deportivo. Pero si quieres reducir el impacto de tus actividades, debes pensar en aquellas que tienen emisiones cero, como correr, pasear, ir por el monte.






La estela de Noam Chomsky

“Las futuras generaciones deberán hacer frente al cambio climático y a la persistencia de las armas nucleares en el planeta”

P. ¿Dígame dos o tres cosas que hay que hacer para reducir la huella ecológica?

R. En primer lugar, es fundamental que los residuos orgánicos estén bien recogidos selectivamente en casa. Son verdaderamente y en sentido estricto los residuos que generamos en la familia; el resto nos viene impuesto por el modelo de distribución industrial. Eso es importante. En segundo lugar, es importante aprender a calcular las emisiones de CO2 de cualquier actividad doméstica. Antes, pensábamos que lo que tenía más impacto climático era la producción de electricidad; pero en mi caso compruebo que el mayor impacto procede, por este orden, del gas, los residuos domésticos, los electrodomésticos y el consumo de electricidad.

P. Estamos poco informados…

R. Nos falta una ciudadanía más informada. Y la información no debe ser entendida como un cúmulo de desgracias, sino la oportunidad cotidiana de vivir en paz con el planeta. La actitud ecológica debe ser asociarse al bien vivir, a disfrutar de la vida, del día a día, apreciando lo más pequeño que puede haber, como el canto de un mirlo por al mañana. El vitalismo consciente es muy poderoso.





(LV)

P. ¿Qué ha aprendido al hacer este libro?

R. El libro se dirige a la gente normal, a la gente que necesita ordenar las ideas. Después del bombardeo que sufrimos con las campañas de publicidad verde, es necesario que el ciudadano se oriente con sus propias conclusiones. Es el reto. Yo no quiero vender una receta, sino una manera de pensar, conectada con el pensamiento crítico y entendiendo el ecologismo no como un privilegio de los jardineros europeos sino del nuevo humanismo de nuestro tiempo, porque el resto ambiental tiene una trascendencia también política, como ha explicado Noan Chomsky. Él ha insistido recientemente en que las futuras generaciones deberán hacer frente al cambio climático y a la persistencia de las armas nucleares en el planeta.

P. Habla de responsabilidad…

R. Gran parte de lo que pasa con el cambio climático es que no existe una autoridad ambiental en el mundo que puede ejecutar los acuerdos. Pero también es necesario que cada uno se pregunte qué parte de responsabilidad tiene. No se puede vivir sobre la idea de que la culpa es de los demás.






Militancia

“Greenpeace puso el dedo en la llaga, en donde se estaba produciendo la herida”

P.¿Por qué entro en Greenpeace?

R. Lo que me atrajo y me hizo incorporarme a Greenpeace fue la idea de intentar llegar con una barquichuela hasta el lugar en donde iban tirar una bomba nuclear. Eso es lo que le dio fuerza a Greenpeace. Es poner el dedo en la llaga, en el lugar donde se está produciendo la herida; no desde lejos, desde un sofá, desde un laboratorio o desde la lectura de los medios de comunicación. Es lo mismo que pasó con los estudios que decían que era una barbaridad tirar residuos radiactivos en alta mar. Hubo muchos estudios, pero hizo falta ver la zódiac partida por un bidón que caía para acabar con esa práctica.

P. Yo creo que hay dos tipos de políticos ante el reto ambiental: los que asumen el liderazgo y lo que dicen que el problema es de todos, con lo cual se esconden tras la inacción.

R. Lo que hacen los políticos normalmente es adaptarse a las inercias que encuentran en las instituciones en las que han entrado y no tienen la suficiente valentía para cambiar las políticas. Y eso es lo que más me preocupa. Se dijo al inicio del mandato municipal que Barcelona no aportaría residuos a la incineradora y al final de la legislatura esa promesa no se ha cumplido.

(otros)

P. ¿No valen los programas electorales?

R. Ya nadie lee los programas electorales; la gente sabe que son literatura, que no tienen nada que ver con la acción de gobierno. Y aquí tenemos un problema de liderazgo y de condicionantes. Cuando Josep Enric Llebot (ex secretario de Medi Ambient) logró que se aprobara la ley de Cambio Climático de Catalunya, no pudo incorporar en la ley la idea de que se necesita una economía baja en carbono, porque la planificación económica era una competencia estatal. Y sin asumir la naturaleza del reto difícilmente podremos resolverlo. Nos hemos quedado en el furgón de cola y nos da rabia. Hablamos mucho de los intereses creados, pero los intereses creados suelen se sustituidos por otros. En cambio, las inercias paralizan cualquier cambio.

Jordi Bigues, junto a Roser Amills, en una foto de archivo
Jordi Bigues, junto a Roser Amills, en una foto de archivo
(Kim Manresa)

P. ¿Como ha visto la evolución de Los Verdes?

R. El único diputado obtuvimos fue por las islas Baleares, Joan Boades; y fueron vampirizados y ahogados por Izquierda Unida en su necesidad de sangre fresca por su necesidad de librarse de la marginalidad. Absorbieron a los verdes. Descubrieron que los Verdes, como los geranios, son simpáticos en la fachada de cualquier edificio. Pero no conseguimos cambiar las cosas. Han sufrido muchas veces el vampirismo; le han chupado la sangre.


Equo

“Cualquier manera de abrir camino para que las ideas ecologistas cuajen en las instituciones merece mi apoyo”

P. Como ¿Equo en Unidos Podemos…?

R. Equo es un intento de hacer una fuerza política verde y su inserción en un movimiento más amplio, como es Podemos. Cualquier manera con que se quiera abrir camino para que las ideas ecologistas cuajen en las instituciones merece el apoyo, no hay que tener ningún reparo. Los problemes son demasiado urgentes para pensar en demorar la respuesta.

El libro ha sido editado por el servicio de publicaciones del Ayuntamiento de Barcelona, está escrito en catalán y cuenta con una vistosa infografía y una atractivo diseño en la compaginación




Fuente: LA Vanguardia

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