La líder del DUP, Arlene Foster, tras una reunión en Downing Street el 10 de septiembre. En vídeo, declaraciones de Foster el pasado 15 de septiembre. Foto: AFP | Vídeo: REUTERS

Los unionistas norirlandeses del DUP, que con sus diez diputados han sido estos dos últimos años el sostén parlamentario del Gobierno conservador, se resisten a dar su brazo a torcer. Arlene Foster, la líder del partido, y Nigel Dodds, su portavoz parlamentario, han emitido este jueves un comunicado conjunto en el que rechazan el acuerdo del Brexit alcanzado con Bruselas, «tal y como están las cosas». Señalan sus reparos respecto a tres cuestiones: todo lo relativo al nuevo espacio aduanero, las disposiciones que contemplan el «principio de consentimiento» (que la Asamblea de Irlanda del Norte tenga voz en la decisión) y aspectos relacionados con la gestión del IVA en el territorio. Su lenguaje, aparentemente duro (este comunicado se difundió antes de conocerse el acuerdo, pero fuentes del partido confirmaron su decisión tras difundirse el nuevo pacto con la UE), mantiene sin embargo cierta precaución que lleva a muchos analistas británicos a concluir que Johnson podrá convencerles finalmente. En los últimos tres días ha dedicado horas de reunión con Foster y Dodds para lograr su apoyo.

Como todo lo que tiene que ver con el Brexit, la amenaza de unas elecciones generales inminentes ha contaminado la toma de posición de los diversos actores. El DUP logró imponerse en Irlanda del Norte a otras fuerzas unionistas más radicales, y su acuerdo de estabilidad parlamentaria con la ex primera ministra, Theresa May, en 2017, les otorgó más poder del que jamás habían soñado en la política de Westminster. Los euroescépticos más radicales vincularon sus decisiones a la línea marcada por los unionistas, e hicieron bandera del sacrosanto principio de integridad territorial del Reino Unido para dar la batalla al famoso backstop, la salvaguarda irlandesa diseñada por la UE para preservar la paz alcanzada en los Acuerdos de Viernes Santo de 1998.

La llegada al poder de Johnson, un euroescéptico jaleado por los suyos y bendecido —de momento— por la suerte, ha disminuido la capacidad de influencia del DUP. Sus votos, aunque aún lo sean, ya no son tan relevantes. Sin embargo, su posición política en Irlanda del Norte es delicada. Surgen ya las voces críticas internas que huelen a rendición y se disponen a hacer ruido. Los cambios demográficos en la región han fortalecido la posición de los republicanos del Sinn Féin, partidarios de la reunificación de la isla y de la permanencia en la UE. Los acuerdos de paz diseñaron un mecanismo de gobierno de «doble llave» en el que todas las decisiones parlamentarias y ejecutivas debían adoptarse con el acuerdo de republicanos y unionistas. El Gobierno se compartía por turnos. Pero el DUP cometió muchos errores y protagonizó escándalos que han llevado a la parálisis de la región. La Asamblea de Belfast está suspendida, Londres ha recuperado temporalmente las competencias territoriales, y la sociedad norirlandesa comienza a mostrar su hastío ante un partido muy conservador en lo social, que se resiste por ejemplo a homologar y hacer más permisivas las leyes de interrupción del embarazo.

Johnson deberá demostrar la habilidad suficiente como para salvar la cara de sus socios norirlandeses y permitirles presentar como una victoria lo que, a todas luces, ha sido un inevitable choque con la realidad de su propio poder e influencia.




Fuente: El Pais

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