Avigdor Lieberman, exministro de Defensa y paladín político de los judíos de origen ruso, ha sido el verdadero triunfador de la repetición de los comicios, que él mismo forzó al negarse a integrar a su partido, Israel Nuestra Casa, en un nuevo Ejecutivo dirigido por Netanyahu tras las legislativas del pasado mes de abril. Lieberman casi ha duplicado, con nueve escaños, sus resultados de hace cinco meses en la ‘segunda vuelta’ celebrada este martes. Su papel arbitral le asigna la llave de la gobernabilidad.

En la madrugada de este jueves, Lieberman ha sido el primero en reclamar un Ejecutivo de gran coalición entre el Likud y Azul y Blanco, en el que su partido aspira a reservarse una cuota de poder. Ante la opción de un Gobierno de unidad nacional, los líderes de agrupación centrista, con el exgeneral Benny Gantz a la cabeza, exigieron durante la campaña que el primer ministro debía apartarse de un para dejar paso a otro dirigente conservador no salpicado por la corrupción.

Netanyahu, que apostó por conservar los plenos poderes con los que ha contado durante la última década, se presenta como el aparente perdedor de los comicios. Cariacontecido, el líder del Likud compareció ya entrada la madrugada ante sus seguidores en un auditorio semivacío en Tel Aviv. Se limitó a decir que había que esperar a la proclamación de los resultados definitivos antes de plantear alternativas de Gobierno. Hace solo cinco meses, Netanyahu proclamó su victoria en una gran celebración. “Intentaré formar un Gobierno sionista fuerte”, aseguró, al tiempo que advertía del peligro de que se pacte un “Gobierno antisionista”.

La mayoría del bloque de partidos de derecha que le aupó al poder en 2015 para un tercer mandato consecutivo, y el cuarto de su carrera política, ha dejado de existir. Al todavía primer ministro en funciones solo se servía sumar una coalición de al menos 61 diputados. El respaldo garantizado por dos partidos ultraortodoxos —el askenazi Unión de la Torá y el Judaísmo (ocho escaños) y el sefardí Shas (nueve)— y de la alianza Yamina (siete), de la extrema derecha nacionalista y religiosa, resulta insuficiente. El retroceso de la abstención ha privado de obtener representación parlamentaria a Poder Judío, fuerza extremista heredera de un partido racista proscrito, que le había brindado su apoyo.

“Hemos cumplido nuestra misión, mientras que Netanyahu parece que no ha tenido éxito”, aseguró con satisfacción el líder de la oposición centrista cuando empezaron a anunciarse los resultados electorales. El empate entre los dos grandes partidos y los bloques ideológicos supone un logro para Gantz y sus asociados, que fundaron a comienzos de año Azul y Blanco. Pero su partido de nuevo cuño ha fagocitado a las formaciones situadas a su izquierda. El histórico laborismo socialdemócrata, sigue estancado en los seis escaños y la nueva Unión Democrática pacifista, no ha superado el listón de los cincos diputados pese ha haberse reforzado con políticos laboristas y con el ex primer ministro Ehud Barak. Sin socios con suficiente peso parlamentario con los que apuntalar el bloque de centro-izquierda, a Gantz –que prometió esta madrugada hablar con todos los partidos– se le presenta ahora la disyuntiva de permanecer en la oposición o aceptar una gran coalición con el Likud.

Incremento de la participación electoral

El Comité Electoral Central confirmó un ligero aumento de la participación respecto a los comicios de abril, que alcanzó el 69,4% del censo, un 1,5% más. La caída de la abstención a pesar de la repetición de los comicios parece haber beneficiado a la coalición de cuatro partidos árabes Lista Conjunta, que ha obtenido 12 escaños, dos más que hace cinco meses. Los líderes de la Lista Conjunta anunciaron durante la campaña que no entrarían a formar parte de un Gobierno de centro-izquierda dirigido por Gantz, aunque se mostraron dispuestos a ofrecerle apoyo en la Kneset en las políticas sociales y de reanudación del diálogo con los palestinos, suspendido hace más de cinco años.

Netanyahu recurrido durante la jornada electoral a una inusual estrategia de derrotismo para intentar que sus partidarios se movilizaran en las urnas. “Les puedo garantizar que estas elecciones serán muy ajustadas”, declaró el primer ministro a la prensa el martes nada más depositar su voto en Jerusalén. En la estela de una hiperactiva recta final de la campaña, el líder del Likud siguió agitando el debate hasta última hora al pronosticar que la Lista Conjunta iba a convertirse –como asía ha sido– en la tercera fuerza de la Kneset gracias a la alta tasa de participación de las comunidades árabes.

Mientras Netanyahu esgrimía la ‘amenaza árabe ante los sectores judíos más conservadores, la oposición le denunciaba por conceder entrevistas y difundir encuestas en una violación de la legislación electoral. Los responsables de Facebook en Israel suspendieron los mensajes automáticos de campaña en la página del Likud por orden del Comité Electoral Central.

En la periferia de Tel Aviv, mientras tanto, el exgeneral Gantz llamaba a pie de urna a votar para poner fin a la “corrupción” y el “extremismo”, en alusión a los escándalos que salpican a Netanyahu y a la presencia de la extrema derecha y los ultraortodoxos en la coalición de gobierno saliente. El líder de Azul y Blanco, acudió a las playas del Tel Aviv para tocar a rebato en la arena junto a los bañistas. “Mientras estáis tomado el sol”, advirtió, “Netanyahu está sacando de casa a sus seguidores.

Gran despliegue de vigilancia contra el fraude

MIRIAM BLANCO

Los electores acudían al mediodía del martes sin interrupción al colegio electoral Hillel, en el corazón de Jerusalén, en una clara señal de que la participación no iba a desplomarse tras la repetición de las legislativas cinco meses después de la anterior votación. Emigrado a Israel en 2012 desde Italia junto con su familia, el ingeniero Rafael M., de 77 años, aventuraba tras depositar su voto que Israel parecía encaminarse hacia “un Gobierno de unidad nacional entre el Likud de Benjamín Netanyahu y Azul y Blanco de Benny Gantz ante el bloqueo político”.

Un estricto control de acceso a los colegios fue la pauta de estas elecciones. La aplicación de severas medidas de seguridad se produjo tras la polémica ley que el primer ministro intentó aprobar en el Parlamento antes de los comicios para permitir grabar en vídeo a los votantes. Para hacer frente a las sospechas aireadas por Netanyahu, el Comité Electoral Central desplegó más de 3.000 inspectores, en su mayoría equipados con cámaras, afín de documentar cualquier irregularidad en un esfuerzo de transparencia sin precedentes.




Fuente: El Pais

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