El cabeza de lista de Azul y Blanco, Benny Gantz, deposita su voto junto con su esposa en las afueras de Tel Aviv. En vídeo, la crónica de la jornada electoral del corresponsal de EL PAÍS. Foto: Getty | Vídeo: Juan Carlos Sanz

Los electores acudían al mediodía de este martes sin interrupción al colegio electoral Hillel, en el corazón de Jerusalén, mientras el Comité Electoral Central daba cuenta de una creciente tasa de participación sobre  las legislativas del pasado abril. El repunte de la afluencia a las urnas en unos comicios repetidos, a causa del fracaso de Benjamín Netanyahu en la formación de Gobierno, apuntaba a un recuento tardío debido al estrecho margen entre los grandes partidos previsto en los resultados. El propio primer ministro compartía este criterio. “Les puedo garantizar que estas elecciones serán muy ajustadas, como ya dijo el presidente [Donald] Trump”, declaró a la prensa tras depositar su voto en Jerusalén.

Emigrado desde Italia hace siete años junto con su familia el ingeniero milanés Rafael, de 77 años, aventuraba tras depositar su voto en el colegio Hillel que Israel se dirige hacia “un Gobierno de unidad nacional entre el Likud (conservador) de Netanyahu y Azul y Blanco (centro) ante el bloqueo político”. “A mí me gustaría un Gobierno más de derechas”, confesaba sin desvelar el sentido de su sufragio, “pero esa es la realidad política más previsible”. Los dos principales partidos se encuentran empatados a 32 diputados en una Kneset (Parlamento) de 120 escaños, según los últimos sondeos publicados, y tienen dificultades para poder formar una coalición con mayoría por sí solos.

En la periferia de Tel Aviv, mientras tanto, el cabeza de lista de Azul y Blanco, el exgeneral Benny Gantz, llamaba a pie de urna a votar a poner fin a la “corrupción” y el “extremismo”, en alusión a los escándalos que salpican a Netanyahu a la presencia de la extrema derecha y los ultraortodoxos en la coalición de Gobierno saliente. El número dos de la alianza centrista acudió a las playas del Tel Aviv para pedir el voto a los bañistas de la ciudad laica mientras, según advirtió, «Netanyahu saca a sus partidarios de sus casas». 

El primer ministro, en la estela de una agitada recta final de la campaña, siguió introduciendo más presión en el debate político al pronosticar que los partidos árabes integrados en la Lista Conjunta iban a obtener 15 escaños y convertirse en tercera fuerza de la Kneset gracias a la alta participación en las zonas con mayoría de población árabe.

El líder del Likud apeló así a la movilización de los electores nacionalistas y conservadores para intentar sacar ventaja a sus rivales en los comicios. La oposición denunció que las enrevistas que concedió a emisoras de radio en plena jornada de votaciones violaban la legislación electoral. Facebook suspendió los mensajes automáticos de campaña en la página del Likud por orden del Comité Electoral Central.

Además de la tendencia al aumento de la participación en las legislativas, otro hecho destaca en las urnas de Israel: el estricto control de acceso a los colegios electorales. La aplicación de severas medidas de seguridad se produce tras la reciente polémica sobre un proyecto de ley que Netanyahu intentó sin éxito aprobar en el Parlamento a ocho días de las elecciones, que permitiría grabar en vídeo a los votantes en los colegios.

Para hacer frente a las sospechas airadas por el primer ministro, el Comité Electoral Central ha desplegado 3.000 inspectores, la mayoría de los cuales van equipados con cámaras, para documentar cualquier irregularidad en un esfuerzo de transparencia sin precedentes. A los periodistas, a diferencia de anteriores comicios, no les estaba permitido tomar imágenes ni entrevistar a los votantes en el interior de los colegios. “Nunca antes había sucedido esto”, comentaba un fotógrafo independiente israelí que trabaja para medios nacionales. “He tenido que hacer las fotos de forma encubierta”.

Estas nuevas medidas de seguridad contribuirán previsiblemente a causar un retraso significativo en el escrutinio. La directora general del Comité Central de Elecciones, Orly Adas, dijo la semana pasada que esperaba poder anunciar resultados con un 80% de los sufragios escrutados a partir de las dos de la madrugada del miércoles, una hora menos en la España peninsular. Las televisiones israelíes publicaron sondeos a pie de urna a las 22.00 horas (21.00 en la España peninsular).

Esta coyuntura añade aún más incertidumbre en unas legislativas fuertemente dominadas por la relativa fiabilidad de las encuestas. El matrimonio formado por Sergio y Renata, italianos afincados en Israel y supervivientes del Holocausto, de 82 y 80 años, respectivamente, reconocían que no iban a variar sustancialmente el sentido del voto que emitieron hace cinco meses. “Llevo 13 años viviendo en Israel y siempre he votado a Bibi (apodo familiar de Netanyahu), esta vez, no será diferente”, confesaba con franqueza, el primero, mientras su esposa admitía que confiaba su voto la ultraderecha de Yamina.

Los comicios en Israel trascienden la elección de un Parlamento. Son un plebiscito sobre la continuidad del primer ministro Netanyahu, y no en función de sus políticas, sino ante todo por las sospechas de que cometió fraude y soborno.

Las calles del centro de Jerusalén mostraban un ambiente semifestivo, con las clases suspendidas y la mayoría de las empresas cerradas. Los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania permanecieron clausurados por razones de seguridad, en una jornada electoral que se desarrolló sin apenas incidentes.




Fuente: El Pais

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