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La ‘primavera’ de Sudán busca líder


El movimiento de protesta en Sudán dura ya más de un mes y no se detiene. Prueba de ello es que el presidente Omar el Bashir lo está tomando en serio. El dictador está reclamado por la Corte Penal Internacional por genocidio y crímenes contra la humanidad, y si fuera derrocado podría ser detenido en cualquier momento y lugar. Es por ello que ha viajado a Qatar y a Egipto en busca de apoyo, aunque de cara a la galería afirma que los problemas del país no son graves ni mucho menos y que los manifestantes intentan “copiar la primavera árabe en Sudán”. Lo primero no es cierto pero lo segundo sí lo es.





El domingo, cientos de personas protestaron en la capital, Jartum, y en otras dos ciudades próximas a la capital con un cambio de táctica: sentadas y concentraciones en las plazas en lugar de marchas. El cambio es comprensible porque se contabilizan ya 45 muertos en manifestaciones, según organizaciones de defensa de los derechos humanos. El Gobierno reconoce 30. La represión cruenta explica también que haya descendido el número de los que salen a la calle.

Una sentada de protesta, el pasado domingo en el barrio de Bahri, al norte de la capital, Jartum
(AFP)

La agencia Efe fue testigo el domingo de cómo, en el barrio de Burri, en el este de Jartum, la policía dispersaba con gases lacrimógenos una concentración en la que se coreaban lemas como “revolución hasta la victoria”. En Omdurman, una ciudad gemela de la capital, en la orilla occidental del Nilo frente a Jartum, las fuerzas de seguridad acordonaron la plaza de Al Hishra antes de que los manifestantes la tomaran y usaron porras y gases contra ellos. Según la Red de Periodistas Sudaneses, al menos cuatro informadores fueron detenidos el domingo por cubrir las protestas. Además, a seis periodistas que trabajan para medios extranjeros les han sido retiradas sus acreditaciones.






Este régimen tiene que acabar de inmediato. Pronto comenzará un periodo de transición



La Asociación de Profesionales Sudaneses (APS), un sindicato no oficialista, fue de nuevo la convocante de las movilizaciones del fin de semana, pero ya empieza a emerger un líder. El viernes pasado, Sadiq el Mahdi habló en una mezquita en Omdurman y pidió la dimisión de Omar el Bashir. “Este régimen tiene que acabar de inmediato”, dijo. Y añadió: “Pronto comenzará un periodo de transición (…) Apoyamos este movimiento” de protesta. El Mahdi dijo que su partido, la Umma, ha firmado con la APS “un documento por el cambio y la libertad. Juntos, desarrollaremos manifestaciones pacíficas en Sudán y fuera de Sudán”.

Una manifestación en Omdurman en favor de Sadiq el Mahdi. Se aprecia la bandera del partido de la Umma
Una manifestación en Omdurman en favor de Sadiq el Mahdi. Se aprecia la bandera del partido de la Umma
(AFP)

No es casualidad que las primeras manifestaciones, motivadas por el decreto de aumento del precio del pan, la carestía galopante y el desabastecimiento de productos básicos, comenzaran el 19 de diciembre del 2018, el día en que Sadiq el Mahdi regresaba a Sudán después de un año en el exilio. El Mahdi había sido acusado de “instigar contra el Estado, difundir sediciones y noticias falsas, y espionaje”, entre otros cargos, hasta que estos fueron retirados por la Fiscalia y el Gobierno le diera la “bienvenida” al país.





Sadiq el Mahdi, primer ministro de Sudán en dos ocasiones, entre 1966 y 1967 y entre 1986 y 1989, fue precisamente derrocado el 30 de junio de este último año por el golpe de Estado de Omar el Bashir. Desde entonces ha tratado de articular una oposición al régimen y cada vez que ha regresado al país ha tenido que volver a partir al exilio, pasando por Addis Abeba, El Cairo, París, Londres… En la última ocasión, encontrándose en Egipto, el gobierno de Abdel Fatah el Sisi le prohibió la entrada después de que asistiera en Berlín a una conferencia de grupos de oposición, desplazándose una vez a Londres.

El líder opositor Sadiq el Mahdi, en su casa de Omdurman, en una imagen del 2014
El líder opositor Sadiq el Mahdi, en su casa de Omdurman, en una imagen del 2014
(REUTERS)

Omar el Bashir viajó la semana pasada a Egipto y Qatar en busca de respaldo. Fue en El Cairo, donde se entrevistió con Abdel Fatah el Sisi, donde dijo que en Sudán “hay un problema, no diremos que no existe, pero no es del tamaño y la extensión que dicen algunos medios, es un intento de copiar la primavera árabe, con las mismas consignas y la utilización de las redes sociales”. El Bashir tiene garantizado el apoyo de El Sisi, alérgico a todo lo que recuerde a la revuelta de la plaza Tahrir. Sadiq el Mahdi encarna el tipo de islamismo moderado representado por los Hermanos Musulmanes.





En su segundo mandato, El Mahdi gobernó en coalición con varios partidos, uno de ellos encabezado por su cuñado Hasan el Turabi, miembro de los Hermanos Musulmanes y el más influyente pensador islamista de Sudán. El Turabi, impulsor de la ley islámica en Sudán, protector de Osama bin Laden cuando buscó refugio en Jartum y viceprimer ministro de El Mahdi, se apartó de éste en 1988 para apoyar el golpe de El Bashir, con quien finalmente rompió en 1999. Falleció en el 2016.

Omar el Bashir saluda a sus partidarios en un mitin en la plaza Verde de Jartum, el pasado 9 de enero
Omar el Bashir saluda a sus partidarios en un mitin en la plaza Verde de Jartum, el pasado 9 de enero
(Mohamed Nureldin Abdallah / Reuters)

El Bashir cuenta con el respaldo de Egipto pero también con el de Qatar. El emirato no quiere perder influencia en el país y ha hecho una fuerte inversión en el puerto de Suakin, en el mar Rojo, cerca de Port Sudan. Otros países vecinos tampoco quieren perder el paso en Sudán, cuyo ministro del Petróleo, Azhari Abdel Qader, dijo la semana pasada, según la agencia Reuters, que “recibimos asistencia de los Emiratos Árabes Unidos” y que “Rusia y Turquía nos ofrecieron asistencia, incluido combustible, trigo y otras cosas, y nosotros lo aceptamos como algo normal entre países amigos a la luz de las actuales circunstancias que Sudán está atravesando”.





La secesión de Sudán del Sur dejó a Sudán sin dos tercios de sus recursos petroleros y la mala gestión económica, unida a la corrupción, han acabado por abocar al país a la catástrofe. Omar el Bashir ha echado la culpa a Estados Unidos (que el gran promotor de la independencia de Sudán del Sur), pero lo cierto es que Washington levantó su embargo comercial a Jartum en octubre del 2017, unos meses después de la muerte de Hasan el Turabi, lo que permitía decir que El Bashir se había librado de la fiscalización islamista y Sudán podría salir de la lista de países “promotores del terrorismo”.








Fuente: LA Vanguardia

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