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La presión policial obliga a los narcos a abandonar 24 pisos

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La presión de los Mossos d’Esquadrapropició que traficantes de drogas abandonaran durante los últimos tres meses hasta 24 puntos de venta de estupefacientes, principalmente en el barrio del Raval de Barcelona. Son datos proporcionados por el jefe y el subjefe de los Mossos de la comisaría de Ciutat Vella, el intendente Antoni Sànchez y el inspector Miquel Hernández, y el jefe de la unidad de investigación, Josep Lluís Miquel.

Algunos de estos puntos de venta, como el 11 de la calle Riereta, el 11 de Tigre y el 3 de Sant Pacià, fueron muy activos. Sus cierres son resultado de las nuevas estrategias de la policía de la Generalitat a contra la lacra de los narcopisos.





Ahora los agentes se apostan frente a los lugares más sospechosos a fin de ahuyentar a los clientes y también a los suministradores. La idea es que todo el mundo vea a los policías en las proximidades.

Son operativos complejos porque requieren de muchos agentes y se están llevando a cabo mediante el dispositivo Ubiq, que incrementó la presencia de los Mossos en las calles de Ciutat Vella.


“El fenómeno de los narcopisos es ahora residual”



De este modo los Mossos asfixian el negocio hasta que sus responsables deciden abandonarlo. La mayor parte de estos puntos de venta se encuentran en locales o pisos ocupados. Entonces el propietario puede por fin recuperar su inmueble, y luego tapiarlo, alquilarlo o darle cualquier otro uso. Así también se reduce la bolsa de locales y pisos vacíos susceptibles de ser ocupados por los narcos.

Es una línea de trabajo complementaria a las investigaciones de mayor calado. Así, también los últimos cuatro meses, los Mossos también liberaron otros 22 lugares con todos los visos de acabar convirtiéndose en narcopisos. Hablamos de puntos de consumo de drogas, de compra venta de artículos robados…

En realidad esta estrategia es la respuesta de los Mossos a las nuevas costumbres de los narcos, quienes también están cambiando su manera de actuar. En estos momentos el narcopiso de toda la vida está en vías de extinción. Ahora las drogas se venden de otra manera.

Si bien el año pasado en momentos puntuales pudieron contarse unos 60 narcopisos, hoy día apenas suman media docena. En el 2017 la policía cerró 46, en el 2018 102 y en lo que llevamos de año 15. Esta semana cayeron cuatro en una finca de la calle Reina Amàlia.





“El fenómeno de los narcopisos es ahora residual”, sostienen los mandos de los Mossos. Hasta que la gran operación policial de octubre, cuando Mossos y Guardia Urbana
desarticularon 24 puntos de venta y dieron un golpe que aún tiene grogui a la mafia dominicana, los traficantes acostumbraban a ocupar inmuebles y convertirlos en puntos de venta y consumo de drogas.

Siempre ponían al mando a un
machaca
. Así se conoce a los drogadictos que trabajan para los traficantes. Los machacas se encargaban de que los clientes se drogaran en el interior del piso, de que nadie saliera a la calle con estupefacientes en los bolsillos.

Y es que el principal método policial para recabar pruebas contra los puntos de venta consiste en decomisar en la calle lo que los clientes acaban de comprar. Pero este sistema de venta da pie a una rápida degradación de las fincas y del entorno, y a una gran alarma vecinal y atención mediática.





A la postre los narcos pensaron que la discreción les sería más productiva, que lo mejor era recuperar algunas viejas costumbres y conminar a sus clientes a marcharse corriendo. Algunos emplean vigilantes para asegurarse de ello. Su problema es que a sus clientes prefieren cambiar de acera cuando ven a la policía.

Estos cambios en el modo de operar de los traficantes también está provocando que muchos toxicómanos se administren sus dosis en la vía pública, circunstancia que también está provocando últimamente muchas quejas vecinales.

Así, aquellos que acudían a comprar en los narcopisos desarticulados esta semana en Reina Amàlia se inyectaban después en la plaza Folch i Torres, lo que generaba un gran desasosiego ciudadano. Allí se encuentran un casal,un instituto y un parque infantil.

Los vecinos de la calle Robador también llevan un par de semanas quejándose en las redes sociales de la aparición cada vez más frecuente de jeringuillas abandonadas en sus calles y plazas.








Fuente: LA Vanguardia

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