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Los repartidores de periódicos que cada mañana llegan al kilómetro cuatro de la Carretera Norte de Managua se llevaron el viernes una sorpresa: La Prensa, el diario que acostumbran a vender todos los días, presentaba su portada en blanco. No había titulares para vocear y atraer a los lectores. El periódico, que durante 93 años ha sufrido el asedio de dictaduras y los desplantes de alguno que otro gobierno medianamente democrático, lanzaba de esta manera un llamado desesperado: si las autoridades de aduanas no liberan pronto el papel que mantienen decomisado desde septiembre de 2018, el longevo diario nicaragüense deberá dejar de imprimirse. Al final de la portada en blanco un grito de auxilio a los lectores: “¿Se ha imaginado vivir sin información?”

La dirección del periódico tomó la decisión de presentar su portada en blanco cuando se cumplen 20 semanas de que la Dirección General de Aduanas de Nicaragua mantiene secuestrados los materiales básicos para imprimir el diario todos los días, entre ellos 92 toneladas de papel, repuestos para su rotativa y planchas. “El régimen pone en peligro la circulación de la versión impresa del diario. La intención es clara, que en Nicaragua dejen de circular medios impresos independientes”, advertía La Prensa en su editorial de este viernes. La agonía de su edición impresa se agrava por la crisis económica que golpea a este país centroamericano, donde han cerrado empresas, mientras que las que se mantienen a flote hacen recortes de publicidad. El diario ya ha tomado medidas drásticas, como reducir el número de páginas para “prolongar la circulación, con la esperanza de que las autoridades de Daniel Ortega entren en razón”.

La arbitrariedad de las autoridades de aduanas también la sufre El Nuevo Diario, el segundo periódico en circulación de Nicaragua. Su redacción denunció esta semana que se les retuvo un cargamento de papel necesario para mantener su circulación. Entre las medidas que ha tomado la dirección del diario está la impresión de su cabecera solo cinco días a la semana, además de cerrar otro periódico propiedad de la empresa, Q’Hubo. Un informe de la Fundación Violeta Chamorro ––dedicada a promover la libertad de prensa en Nicaragua–– revelaba en diciembre que en el país se han cometido al menos 712 atropellos a la libertad de expresión, siendo el asesinato de un periodista ––el reportero Ángel Gahona, en abril––, el encarcelamiento de reporteros y el cierre de medios los casos más extremos.

Alfonso Malespín, periodista y experto en temas de Comunicación, explica que el asedio contra la prensa independiente comenzó en Nicaragua con la llegada al poder de Ortega en 2007, cuando se esposa Rosario Murillo publicó la llamada Estrategia de Comunicación del Gobierno, con la que rechazaba a los medios y afirmaba que produciría «información incontaminada» desde sus propias plataformas. «En el contexto de la rebelión que estalló en abril de 2018 se escaló a una fase en la que los medios de comunicación son parte de lo que ellos llaman el golpe de Estado fallido. En su mentalidad ellos son un Gobierno que está en guerra contra una oposición que busca derrocarlos con ayuda de Estados Unidos, por lo tanto tienen que minimizar la credibilidad que puedan tener estos medios de comunicación entre la sociedad nicaragüense», afirma Malespín.

El régimen de Ortega ha desatado una brutal represión contra el periodismo y los periodistas independientes en Nicaragua. En diciembre la Policía controlada por Ortega asaltó y confiscó la redacción de la revista de periodismo de investigación Confidencial, obligando a su redacción a mantener viva la web desde la clandestinidad. También fue asaltada y controlada la redacción del Canal 100 % Noticias, el de mayor audiencia en su género en el país, y fue encarcelado su director, Miguel Mora, y también su jefa de información, la periodista Lucía Pineda Ubau. Ella, además, tiene nacionalidad costarricense, lo que mantiene tensas las relaciones entre Managua y San José, cuyas autoridades exigen la liberación de la reportera. A esto se une el exilio de al menos 56 periodistas, que han huido del asedio y la persecución a Costa Rica, Estados Unidos, España o México.

“Todos ellos [periodistas perseguidos] llevan escrito en el alma y en el cuerpo el gran reportaje de estos meses que la dictadura quiere borrar institucionalizando el silencio y la mentira. Las historias de estos periodistas recogen los ideales de más de 300 ciudadanos asesinados, la de más de 500 presos políticos, de los centenares de ciudadanos que se han visto obligados al exilio o están siendo allanados y perseguidos”, dijo Cristiana Chamorro, directora de la fundación que lleva el nombre de su madre, durante una ceremonia de entrega del premio nacional de periodismo “Pedro Joaquín Chamorro”, denominado así en homenaje al director de La Prensa asesinado en 1978 por la dictadura de Somoza.

Leticia Gaitán está entre los periodistas exiliados. Ella dejó Nicaragua el 23 de diciembre, después del asalto a la redacción de 100 % Noticias, medio para el que trabajaba. Cuenta a EL PAÍS que patrullas de la Policía llegaron hasta la casa de su abuela, en su búsqueda, tras el encarcelamiento de Mora y Pineda Ubau, sus jefes. Gaitán era una de las reporteras más activas en la cobertura de las manifestaciones contra Ortega y la represión desatada por el exguerrillero sandinista. Documentó con el apoyo de su cámara los abusos de las autoridades, lo que le valió agresiones, descalificaciones y por último persecución. “Fue muy difícil dejar a mi familia en Nicaragua y enfrentar limitaciones como buscar dónde vivir, un trabajo y alimentación”, explica Gaitán desde San José. Ella y un grupo de periodistas nicaragüenses exiliados en Costa Rica han desarrollado una plataforma virtual para denunciar la corrupción y los desmanes del régimen de Ortega. La han llamado Nicaragua investiga. “Hacemos periodismo con las uñas, pero estamos conscientes que debemos seguir haciéndolo para la sociedad nicaragüense”, afirma Gaitán.

«Uno no puede renunciar al periodismo simplemente porque le tocó irse de su país», afirma por su parte Luis Galeano, director y presentador del programa Café con Voz, quien tuvo que dejar Nicaragua después que la justicia al mando de Ortega emitiera una orden de captura en su contra, acusándolo de «incitar al odio». «Uno nunca piensa que va a estar fuera de su país por hacer su trabajo, por informar a la población con la verdad y por enfrentar a la dictadura con nuestras armas, que son nuestras palabras, nuestros pensamientos y nuestra capacidad de transmitir ideas a la gente con base en hechos. Lo que está pasando en Nicaragua, en especial con nuestros colegas Miguel Mora y Lucía Pineda Ubau, nos obliga a mantenernos firmes y dignos en esta batalla. No hay que claudicar para que la libertad, la justicia y la democracia vuelvan a nuestro país», dice Galeano desde Miami, donde mantiene vivo su programa.

Es la misma posición que mantiene la redacción de La Prensa, agobiada por la negativa de las aduanas de entregarle el papel retenido. Su dirección afirma que aunque dejen de circular en papel, mantendrán vivo su periodismo a través de su portal de Internet y las redes sociales, donde el diario cuenta con decenas de miles de seguidores. Este periódico ya había sido asediado por la dictadura de Somoza, quien hasta ordenó bombardear su redacción, pero la fuerza indómita de su director Pedro Joaquín Chamorro lo mantuvo a flote en los peores momentos de la dictadura. Lo mismo ocurrió en la década del ochenta, cuando la directora era la expresidenta Violeta Chamorro. Ella se enfrentó con firmeza a la propaganda y censura del régimen sandinista de la época. Décadas después La Prensa vuelve a sufrir el odio de un poder que quiere eliminar su periodismo crítico. “Si el orteguismo tiene éxito en esta tarea represiva, los medios independientes no serán más que una pantalla negra, la estática de la radio y la página en blanco de los periódicos”, advirtió el diario el viernes en un conmovedor editorial publicado tras una portada en blanco. Que también era un grito de auxilio a sus lectores.




Fuente: El país

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