Léo Ferré empezó siendo un cantante de cabaret de la rive gauche parisina. Eso sí, no uno más, siempre se distinguió por la exigencia poética de sus textos. Empezó a cantar después de la Segunda Guerra Mundial y rápidamente estrellas como Trenet, Edith Piaf o Juliette Greco empezaron a grabar sus canciones, y ahí vino la consagración.

Como a tantos les ocurrió, hay un Ferré antes y otro después de mayo del 68, del que él acabó siendo un símbolo. Su estilo cambió, para mejor, para parecerse más a sí mismo y menos a ningún otro. Algunas canciones de ese periodo son sinfonías de palabras, poesía desatada, arrasadora… Ese es mi Ferré favorito: Préface, Il n’y a plus rien, Et basta!…

Ha dirigido y compuesto para orquesta, colaborado con grupos de rock, le ha puesto música a Verlaine y a Rimbaud, a Baudelaire y Apollinaire. Aunque Ferré no necesita “letristas”… Escribió una novela, Benoît Misère, que es un prodigio de prosa poética, envolvente, hipnótica.

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Fuente: El país

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