La campaña de las municipales cruza el ecuador y el papel y las estrategias de cada uno de los aspirantes a la alcaldía de Barcelona han quedado ya muy definidos. El ágil debate de candidatos emitido ayer por RAC1, moderado por Jordi Basté, ha evidenciado que la condición de cofavorito asumida por Ernest Maragall ha hecho que el fuego de artillería del resto de alcaldables ya no se precipite únicamente contra la alcaldesa Ada Colau.

El número uno de la lista de ERC se ha convertido, por varias razones, en blanco de los ataques del resto de formaciones. En primer lugar, por esa condición adquirida en las encuestas. También por la creencia generalizada de que republicanos y comunes pactarán irremediablemente. Finalmente, como consecuencia del spin-off de esta campaña, el veto de Esquerra al primer secretario del PSC, Miquel Iceta, como senador y presidente de la Cámara Alta y sus efectos sobre la política local. Y todo ello sumado no disgusta a Colau, confiada en que la tormenta que se cierne sobre su principal rival juegue a su favor.





La primera intervención de Jaume Collboni en el debate ya iluminó el nuevo carril por el que discurre la campaña. El cabeza de lista del PSC puso en duda la condición de “buen demócrata” de Maragall por la doble negación de este a su expartido, como socialista y como catalán. El candidato de ERC le replicó con “la agresión explícita a los derechos de los ciudadanos de este país” que hace el PSOE “del bracito del PSC”. Más leña a un fuego que quizás sirva para calentar las expectativas de los unos y de los otros, aunque hay quien piensa que puede quemarlas.

Los candidatos que aspiran a derrocar a la alcaldesa emitieron una nueva enmienda a la totalidad de su gestión. A estas alturas, después de una semana de campaña oficial y muchos meses de campaña real, no hay nada que pueda sorprender a Ada Colau. Su misión es negar la imagen de ciudad en declive que pinta la oposición, y los reconocimientos internacionales que sigue recibiendo Barcelona le ayudan en esa labor. Además, el papel que ha ido asumiendo Ernest Maragall le ha proporcionado oxígeno y una base para sostener que la alternativa, con la que no esconde que aspira a pactar, tiene los pies de barro.





Elsa Artadi plantea la necesidad de que Barcelona vuelva a la senda trazada por el tándem Trias-Forn después de que “las promesas incumplidas y las mentiras” de Colau hayan generado “frustración” en la ciudadanía. El resultado de JxCat dependerá mucho de los votos que pueda rescatar de la fortaleza de ERC (y de los que no se le escapen hacia la candidatura soberanista de Jordi Graupera). Por ello, la número dos de JxCat ya no tiene reparo alguno en golpear al alcaldable de ERC. “Nos inquieta que quiera pactar con aquellos (los comunes) que querían hacer al señor Iceta presidente del Senado”, le espetó Artadi, a la que no pasó desapercibida una sentencia del número uno republicano (“su fracaso –dijo Maragall dirigiéndose a Colau y recordando sus promesas no realizadas– es nuestro proyecto”).

En la cerrada pugna por la alcaldía, Manuel Valls trata de hacerse un hueco en el grupo de cabeza presentándose como el cambio que necesita la ciudad para recuperar pulso y musculatura, como el único voto realmente útil para sanar los dos males que, a su juicio, aquejan a Barcelona. Por un lado, la “degradación”, ya que “es la ciudad española más insegura; la desigualdad, la exclusión y la pobreza se han cronificado; Barcelona se está cerrando en ella misma”. Por otra parte, la rendición del Ayuntamiento y de la ciudad a los independentistas.





Ernest Maragall, que insiste en que está dispuesto a gobernar en solitario –sus contrincantes no le creen–, aseguró que Barcelona “tiene los problemas de hace cuatro años, igual o peor”, que gasta mucho en políticas sociales pero no acaba con las desigualdades. Su solución pasa por un “proyecto colectivo” y diferenciado del “personalista” de la alcaldesa, a la que aconsejó que rebautice su partido con el nombre de “Colau en Comú”. Mientras, Jaume Collboni, que reivindica la tradición de los alcaldes socialistas, mantiene su fe en el futuro de Barcelona. “Lo tenemos todo: talento, creatividad, localización, trayectoria…”, pero faltan dos cosas muy importantes, un contexto político que ayude y un liderazgo que no ve en Ada Colau.

El popular Josep Bou lleva el traje del político no profesional que se ofrece a servir a Barcelona para que deje de ser “la ciudad con más delitos de España” y para “potenciar la empresa, la economía y el turismo”. En sus antípodas, Anna Saliente. La candidata de la CUP está contra el turismo y el Mobile y, aunque reconoce a los comunes “un esfuerzo (insuficiente) en la lucha contra las desigualdades”, reprocha a Colau que “Barcelona perdiera la oportunidad de acompañar la desobediencia del 1 de octubre”.








Fuente: LA Vanguardia

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