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La oposición venezolana rechaza unas urnas puestas por Maduro


Bastaba hablar con los manifestantes de la oposición venezolana que se lanzaron ayer a la calle para comprobar los problemas de la postura europea –pactada la semana pasada por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez– respecto a la crisis venezolana. La Unión Europea dio ocho días (ya son cinco) al presidente Nicolás Maduro para convocar elecciones presidenciales antes de seguir los pasos de Washington y reconocer al líder de la oposición, Juan Guaidó, que se autoproclamó presidente el pasado 23 de enero.

El problema es que la oposición liderada por Guaidó no quiere que Maduro convoque elecciones. Consideran que el presidente es un usurpador, ya que no se garantizaba la transparencia de los comicios presidenciales en mayo del año pasado que fueron boicoteados por la parte más radical de la oposición, entre ellos Guaidó. “Con este Consejo Nacional Electoral (organismo de regulación electoral) no pueden ser elecciones con un resultado veraz, así que el pueblo no saldría a votar”, dijo Anthony Ribas, representante comercial de productos dentales que portaba un claxon de plástico y una pancarta que rezaba: “¡Fuera ya usurpador!”, en referencia a Maduro. “No tiene que ser Maduro quien convoque elecciones; tiene que ser Guaidó”, añadió.





Ribas participaba en una de las decenas de miniconcentraciones que Guaidó había convocado para respaldar su compromiso por amnistiar a cualquier militar que se levante contra el Gobierno de Maduro. “Tenemos un consejo electoral corrupto; así que, si no cambia, yo no apoyaría las elecciones”, coincidió otro manifestante, Jesús Lozana, contable de 25 años, que trabajaba en uno de los rascacielos destartalados de bancos y aseguradoras en el distrito financiero de Chacao. Los manifestantes prefieren la línea estadounidense (calcada de la oposición más radical, la de Guaidó) de que es necesario un cambio de régimen antes de convocar elecciones.

Una marcha relativamente modesta de la oposición se deslizó a mediodía desde el exuberante parque Miranda hasta la plaza Altamira, escena de batallas campales entre la oposición y la policía en muchas ocasiones a lo largo de las luchas contra los gobiernos chavistas. Mientras, Guaidó lideró una manifestación anti-Maduro de estudiantes de la Universidad Central de Venezuela. Los estudiantes de las viejas universidades apoyan a Guaidó, mientras que en las universidades bolivarianas, creadas por Chávez, Maduro cuenta con la mayoría del apoyo. Se espera una partipación más amplia en las manifestaciones que Guaidó ha convocado para el próximo ­sábado.


“A Guaidó no lo conoce nadie, y él y Maduro han violado la Constitución”, dice un hombre a punto de emigrar

Guaidó participó en las manifestaciones tras mantener una conversación con el presidente estadounidense, Donald Trump, que le felicitó por “su asunción histórica de la presidencia”. Según un resumen de la conversación emitido por la Casa Blanca, Trump “tomó nota de las grandes manifestaciones celebradas contra el exdictador Nicolás Maduro”. Las referencias a Maduro como un “ex” han sido habituales desde la decisión la semana pasada de EE.UU. y 39 países más de reconocer a Guaidó como presidente legítimo, aunque existe una confusión al respecto (diarios como The Wall Street Journal vuelven a referirse a Guaidó como “líder de la oposición”).





EE.UU. ha anunciado una serie de medidas esta semana en las que intenta respaldar financieramente al supuesto gobierno interino de Guaidó. Sin embargo, pocos en las calles de Venezuela dan por hecha la transferencia de poder a Guaidó. “A Guaidó no lo conoce nadie, y tanto Maduro como Guaidó han violado la Constitución”, dice José López, un informático de Caracas a punto de emigrar a España.

Consciente de que en última instancia el debate sobre quién es presidente de verdad se resuelve de facto en los cuarteles, Maduro ha hecho arengas en defensa de la patria ante una serie de ejercicios militares en diferentes estados de Venezuela en los últimos tres días. Los intentos de Guaidó y la Administración Trump de fomentar una rebelión militar parecen haber caído en saco roto.

Paradójicamente, los únicos venezolanos que considerarían legítimas unas elecciones convocadas directamente por Maduro son los 8,6 millones que votaron en los comicios presidencial de mayo del 2018 (una participación del 46%). Pero la mayoría de estos, los 5,8 millones que votaron a Maduro entonces, lógicamente quieren que Maduro cumpla su mandato.

No es de extrañar, pues, que Maduro repitiera ayer su rechazo a la convocatoria de elecciones exigida por los europeos. “No aceptamos un ultimátum de nadie; no aceptamos chantaje”, dijo. Eso sí, propuso adelantar las elecciones a la Asamblea Nacional, el poder legislativo controlado desde el 2016 por la oposición, de la cual Guaidó es presidente. Las elecciones a la Asamblea Nacional servirían “como válvula de escape a la tensión que el golpe de Estado imperialista le ha metido a Venezuela”, sostiene Maduro en una entrevista con el medio ruso Sputnik.





La Asamblea Nacional es la clave para entender las dos realidades paralelas que existen en Caracas, cada una con su propio presidente y su propia lectura de la Constitución. Para quienes se manifestaban en los barrios de la oposición ayer y se alimentan a través de las redes sociales y los medios de la oposición, la decisión del Tribunal Supremo de restringir los poderes de la Asamblea en el 2016 –debido a la presencia de diputados presuntamente corruptos– fue el fin de la democracia en Venezuela.

El Gobierno Maduro y los portavoces del chavismo sostienen que la mayoría opositora en la Asamblea desde el principio utilizó la Cámara como un vehículo golpista y ofrecen como prueba de esto el tipo de legislación que se aprobó, la ley de amnistía del 2016 que condonaba todos los actos violentos e intentos de golpe cometidos por la oposición a los gobiernos de Chávez y Maduro.

Lo innegable es que parte de la oposición jamás ha considerado los gobiernos chavistas como democráticos. El patrocinador de Guaidó del partido Voluntad Popular, Leopoldo López, apoyó abiertamente el golpe contra Chávez en el 2002. Los chavistas han ganado 24 de las 25 comicios y referendos convocados desde principios de siglo. “No tenemos elecciones limpias en Venezuela desde el 2006”, dijo un manifestante ayer.








Fuente: LA Vanguardia

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