El Partido Laborista y el resto de grupos de la oposición británicos se han conjurado este viernes para frustrar la última jugada política de Boris Johnson. Pese a que todos desean que haya cuanto antes elecciones, nadie se fía de las intenciones del primer ministro. El Parlamento rechazará de nuevo el lunes la fecha del 15 de octubre. No se convocarán las urnas, han decidido, hasta que se cierre con la UE un acuerdo sobre el Brexit o se asegure una nueva prórroga de la fecha de salida.

Johnson comenzó la semana con un golpe de efecto destinado a atar las manos del Parlamento e impedir cualquier maniobra que evitara la salida del Reino Unido de la UE el próximo 31 de octubre, la fecha fijada oficialmente. La ha terminado humillado por Westminster, que ha frustrado con precisión legal —casi quirúrgica—cada una de sus maniobras. La Cámara de los Lores aprobó ayer sin enmiendas la ley que obliga a Johnson a lograr un acuerdo del Brexit o solicitar a Bruselas otros tres meses de prórroga. Y los grupos de la oposición acordaron una estrategia conjunta para no caer en la última trampa del primer ministro. Cuando el Gobierno vuelva a presentar el lunes ante la Cámara de los Comunes una moción para adelantar las elecciones generales al 15 de octubre, sufrirá una nueva derrota.

 Bajo la Ley de Mandato Parlamentario Fijo de 2011, Downing Street ya no tiene la prerrogativa para convocar a las urnas a su antojo. Necesita el respaldo de dos tercios de los diputados. Es decir, necesita los votos de la oposición. Johnson alcanzó el liderazgo del Partido Conservador y el puesto de primer ministro con la promesa de que el Reino Unido abandonaría la UE el 31 de octubre, con o sin acuerdo, “a vida o muerte”. Si se presentara a unas elecciones generales con una nueva prórroga y con el Reino Unido todavía dentro de las instituciones comunitarias, el varapalo de sus votantes, predicen las encuestas, sería significativo. Y el Partido del Brexit del ultranacionalista Nigel Farage podría ver dobladas sus expectativas. De un 9% a un 18%, según la encuesta publicada ayer por el instituto de análisis social ICM Unlimited. El primer ministro ha intentado desesperadamente en las últimas horas provocar al líder laborista Corbyn, quien lleva dos años reclamando un adelanto electoral, para que secundara su jugada.

“No recuerdo ningún momento de la historia en el que un partido de la oposición haya rechazado un adelanto electoral, pero es lo que han decidido”, ha dicho Johnson durante una visita a unas instalaciones ganaderas en Escocia, como parte de una campaña electoral en la que solo él parece haberse embarcado. “Creo que no confían en la ciudadanía, que se temen que no les vayan a votar. Por eso se niegan a ir a las urnas”, dijo el primer ministro.

El problema para Johnson y para el equipo que diseña su estrategia es que, en un clima político que algunos medios ya no dudan en definir como “guerracivilista”, ya no es posible la discreción y ningún secreto está a salvo. Y desde principios de esta semana ya se habían aireado las aspiraciones de los euroescépticos: ir a las urnas antes del Consejo Europeo del 17 de octubre, lograr una victoria parlamentaria que les permitiera revertir los obstáculos creados por la oposición y conducir al país, ya sin ningún impedimento, hacia un Brexit salvaje en la fecha prevista del 31 de octubre.

“Si respaldáramos ahora unas elecciones generales, da igual lo que prometiera Johnson. Está en sus manos sugerir la fecha a la reina. Y dado que ya nos ha demostrado lo mentiroso que es, y que ha prometido ‘su cadáver en una fosa’ antes que un nuevo retraso del Brexit, nuestra prioridad debe ser evitar a toda costa una salida sin acuerdo, y eso es lo que vamos a hacer”, ha explicado a la BBC Emiliy Thornberry, portavoz de Exteriores del laborismo y persona de confianza de Corbyn.

Johnson ha pasado en las últimas horas de la euforia a una cierta languidez gestual y a una aparente resignación. Si al principio de la semana proclamaba que nunca se rendiría ante la UE y que habría Brexit, con o sin acuerdo, el 31 de octubre, ayer rebajó el tono y aseguró que iba a intentar extraer de Bruselas un nuevo pacto “con sus poderes de persuasión”.

 También este viernes, el Tribunal Superior de Londres ha rechazado el recurso en contra de la suspensión parlamentaria solicitada por el primer ministro, Boris Johnson, aunque el dictamen no es definitivo y cabe recurso ante el Supremo, donde podría ser examinado el 17 de septiembre. Johnson solicitó a finales de agosto el fin de la sesión del Parlamento y un periodo de cese de actividades entre el 10 de septiembre y el 14 de octubre. Los diputados volverían al trabajo poco antes de la fecha en la que se haría efectivo el Brexit, fijada por el momento para el 31 de octubre.

La decisión del Tribunal Superior londinense se ha producido a raíz de un recurso presentado por la activista y empresaria Gina Miller, que ha recibido entre otros apoyos el del ex primer ministro John Major. La demandante atribuía a Johnson un «abuso ilegal de poder», según la radiotelevisión pública BBC. Esta es la segunda vez que un tribunal dictamina que la decisión de Johnson es legal, después de que lo hiciera este miércoles el Alto Tribunal de Edimburgo, la máxima instancia judicial-civil de Escocia.




Fuente: El Pais

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