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La nueva guerra contra el cáncer se ganará sin épica | Ciencia


En 1971, dos años después de la llegada de EE UU a la Luna, Richard Nixon declaró la guerra al cáncer. Creía que, como en el programa Apolo o en el Proyecto Manhattan para construir la bomba atómica, los cerebros y el dinero de EE UU lograrían derrotar en pocos años a un enemigo descomunal. El impulso económico y político tuvo éxitos, pero pronto resultó evidente que la victoria total estaba muy lejos. El cáncer no era uno sino muchos y los tumores no eran algo ajeno a nosotros sino que formaban parte de nuestra propia naturaleza.

Este fin de semana, en Chicago, más de 30.000 especialistas en todas estas enfermedades se congregan en la reunión anual de la Sociedad Americana de Oncología Médica (ASCO) y la idea de que la medicina contra el cáncer debe ser personalizada es ya casi un cliché. Un cáncer de pulmón ya no es solo un cáncer de pulmón sino una multitud. “Tú tienes un cáncer, pero tienes tu cáncer, es algo individual”, decía ayer Mariano Provencio, jefe del servicio de Oncología Médica del Hospital Puerta de Hierro de Madrid y especialista en estos tumores. Provencio considera incluso que es negativo para los pacientes dar porcentajes de supervivencia global, porque cada caso es diferente. No obstante, esas cifras globales en cáncer de pulmón, que será uno de los puntos fuertes de ASCO, sugieren que el avance es notable. Alrededor de un 20% de los pacientes tienen supervivencias de tres, cuatro y más años, cuando hasta hace poco eran meses.

“Tú tienes un cáncer, pero tienes tu cáncer, es algo individual”, afirma el oncólogo Mariano Provencio

Como en otros tumores, en pulmón, la personalización lo cambia todo. Dependiendo del tipo de células que lo componen o de si tiene el gen ALK descolocado, el tipo de tratamiento que se debe aplicar cambia radicalmente. Una quimioterapia que podría ofrecer alguna ventaja en algunos tipos de cáncer pulmonar, puede acortar la vida a alguien con el ALK mutado. Sin embargo, esa mutación bien diagnosticada puede convertir al paciente en candidato a una de las nuevas terapias que prolongan la vida durante años.

Durante los próximos días, oncólogos, expertos y comerciales de la industria farmacéutica presentarán algunas de las principales novedades en el tratamiento de estas enfermedades. Al contrario de lo que se pudo pensar en el tiempo de Nixon, las mejoras no llegan de una píldora mágica útil para todos los tipos de cáncer y con capacidad total de sanación. La curación ahora, con una humildad que ha dado la experiencia, se define como seguir vivo cinco años después del diagnóstico.

La batalla hoy es mucho menos épica y más costosa. Varias de las victorias que se anunciarán pueden suponer ganancias de meses para pequeños grupos de pacientes y se conseguirán con cócteles de fármacos que pueden combinar quimioterapia, un tipo de tratamiento poco específico y con muchos efectos secundarios, con terapias más avanzadas como las que se dirigen a una mutación concreta o las inmunoterapias que ayudan al propio sistema inmune a detectar y destruir las células cancerosas.

“En EE UU, donde algunas personas acaban endeudadas para poder pagar los tratamientos, ya se habla de toxicidad financiera de los fármacos”

Muchos avances ni siquiera tienen que ver con la posibilidad de prolongar la vida sino con hacer menos penosa la vivencia de la enfermedad. Daniel Chan, director global de Desarrollo de Inmunoterapia del Cáncer de Roche, la compañía que ha pagado la asistencia de este periódico al congreso, apuntaba ayer a una de las penalidades que sufren los pacientes poco después de ser diagnosticados. “Imagina que te tienen que pinchar con una aguja en el pecho para sacar una muestra del tumor y que muchas veces hay que repetir la operación porque la muestra obtenida no es suficiente. Es algo por lo que ninguno querríamos pasar”, ejemplificaba. Las biopsias líquidas, que pueden detectar varios tipos de cáncer a partir de un análisis de sangre, serán uno de los métodos para mejorar el diagnóstico de los que se hablará en este encuentro.

En Chicago, las grandes farmacéuticas enseñan músculo en el país del mundo que más invierte en la lucha contra el cáncer y el principal mercado para los productos contra esta enfermedad. Aquí llegan primero las terapias más innovadoras, pero también se paga un precio más alto y no siempre con los mejores resultados. Todd Yezefski, investigador en el Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson de Seattle, presentó ayer un estudio en el que comparó los costes de un tratamiento habitual de cáncer de colon avanzado en el Estado de Washington y en la región de Columbia Británica, justo al norte, pero en el lado canadiense de la frontera. En estas dos regiones demográficamente similares, el tratamiento de este tipo de cáncer supuso 12.345 dólares mensuales por paciente en la parte estadounidense frente a los 6.195 en Canadá. Pese a esa diferencia económica, los pacientes de EE UU no vivían más que sus vecinos. Resultados como este son parte del debate que seguirá siendo protagonista en ASCO sobre los costes del cáncer y la demanda de que estén relacionados con los resultados reales para los pacientes.

Estas diferencias en el acceso a los tratamientos también se ven con más claridad en EE UU, donde algunas personas acaban endeudadas para poder pagarlos y ya se habla de toxicidad financiera de los fármacos. Otro de los estudios presentados ayer mostraba que el abiraterone, un tipo de tratamiento hormonal, era igual o más efectivo en pacientes negros que en blancos. “Los hombres negros tienen el doble de probabilidades de morir de cáncer de próstata que los blancos y en general se piensa que tienen peores resultados con estos tumores. Nuestro estudio sugiere que cuando blancos y negros reciben el mismo tratamiento hormonal ese no es el caso”, explicó Daniel George, autor principal del trabajo y profesor de medicina y cirugía en la Universidad Duke.

Cincuenta años después del lanzamiento de la guerra contra el cáncer, en los países ricos la supervivencia de los enfermos de cáncer supera ya el 50%. Puede no parecer mucho, pero quizá ese avance cierto pero a veces penoso haya resultado más duradero que los efímeros viajes a la Luna o las promesas de control de la energía del átomo.




Fuente: El país

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