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La música como fue en su día

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Todos tenemos a ese grupo de amigos que nos piden continuamente que los iniciemos en la música clásica con el consiguiente dolor de cabeza que provoca hacerlo lo mejor posible para que deseen volver a pedírtelo. Siempre intentamos ser creativos, un espectáculo no muy largo (descartado Wagner y aledaños), no demasiado cultureta (no vaya a ser que se asusten) y que no les vaya a costar un ojo de la cara. El problema está resuelto en uno de los sitios con más historia de Madrid: el Café Comercial, que abriera en 1887. Los segundos lunes de cada mes, de octubre a junio, existe la oportunidad de quedar como un señor al recomendar un espectáculo que viene a devolver, con la consiguiente actualización, la música a sus orígenes. La serie se llama «The London Music N1ghts» (en honor a la ginebra que acompaña y patrocina los conciertos) y la programación no puede ser más cool y exquisita, pensada tanto en solistas como en obras para agradar a los ya buenos aficionados e interesar a lo más novatos. ¡Cuántas veces hemos asistido a conciertos de cámara en grandes auditorios en los que se perdía la esencia de la música y al espectador le llegaba un pálido reflejo por muy buenos que fuesen los intérpretes! En la sala grande del Auditorio Nacional nunca se podrá escuchar música de cámara como en la intimidad de la pequeña. Durante la Edad Media y el Renacimiento se ensayaba en las habitaciones denominadas cámaras y, poco a poco, se fue extendiendo su ejecución desde los salones de la aristocracia a las habitaciones de casas más modestas. Los cuartetos de Haydn, Mozart y muchos otros fueron pensados muy frecuentemente para diversión en casas particulares de los propios compositores e intérpretes. Estos, que en unos inicios podían ser casi principiantes, fueron necesitando ser expertos en cuanto Beethoven complicó la forma. Schubert era amante de las tabernas y en ella dio a conocer muchas de sus páginas. Nacieron las schubertiadas como reuniones en las que disfrutar su música y en ellas se podía comer y beber. Aún perduran hoy en lugares como las de Schwarzenberg, Hohenems o, en España, Vilabertran, pero han perdido parte de aquella informalidad inicial para aproximar su ambiente al de nuestros conciertos. El Cuarteto Quiroga, Lina Tur Bonet, Forma Antiqva, Josetxu Obregón, Raquel Andueza, Spanish Brass, Judith Jáuregui, Yago Mahúgo, Mario Prisuelos, La Spagna o Ana María Valderrama son algunos de los artistas que han pasado por el piso segundo del local. Se trata de un espacio de tamaño y acústica adecuada para poder escuchar la música con cierta intimidad. Los artistas se comunican con el público, les explican lo que van a tocar en un ambiente acogedor y simpático que recuerda como se escuchó un día la música y que supone una atractiva alternativa a la encorsetada fórmula de los conciertos tradicionales.




Fuente: La razon